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Absurda propuesta de Reforma Electoral

Evolución

Actualmente se discute en el Congreso una iniciativa de reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos presentada por el Tribunal Supremo Electoral. Dentro de la propuesta se incluye reformar el sistema de elección de diputados distritales, para lo cual se plantea un sistema de “lista desbloqueada”. En resumen, se propone que los diputados distritales sean electos bajo las siguientes reglas.  Se mantiene el sistema de representación proporcional de minorías con la variante de agregar la posibilidad del “voto preferente”.  Bajo este modelo el votante tendrá que escoger siempre un solo partido, es decir que no puede votar por candidatos de más de un partido. El votante podrá votar por el partido, marcando el listado o el símbolo del partido, con lo cual acepta implícitamente el orden del listado fijado por el partido (como es en la actualidad). La otra posibilidad es que el votante, siempre dentro de un solo listado de un mismo partido, marque el orden de sus preferencias en cuanto a los candidatos postulados por el partido que haya escogido. La iniciativa contempla que en distritos de entre una a tres diputaciones, el elector pueda expresar una preferencia; que en distritos de entre cuatro a siete diputaciones pueda expresar hasta dos preferencias; y en distritos que tengan de ocho a diecinueve diputaciones pueda expresar hasta tres preferencias. La forma de expresar el orden de las preferencias para cada candidato, insisto, dentro de un solo listado de un mismo partido, es colocando el número 1, 2 o 3 a la par del nombre del candidato. Para adjudicar las diputaciones a cada partido político se contabilizarían todos los votos recibidos por partido, es decir los votos en los que se marcó el listado completo o en que se identificó alguna o algunas preferencias para dicho partido. Con base en ese número, se harán las adjudicaciones de cuántos diputados corresponden a cada partido bajo el mismo sistema de cálculo que se utiliza en la actualidad, es decir el método D´Hondt o de representación proporcional de minorías.  Posteriormente, para adjudicar los cargos dentro de cada partido, se asignará un valor de una unidad a cada primera preferencia, media unidad a cada segunda preferencia y un tercio de unidad a cada tercera preferencia. Se sumarán las unidades las unidades que correspondan por preferencias y el orden de las adjudicaciones se hará en función de los candidatos que sumen más unidades. La propuesta contiene un error garrafal en el sentido que no contempla el valor de las unidades que deberán recibir los candidatos, según el orden del listado, en aquellos casos en que el votante no haya expresado preferencias, sino que simplemente haya votado por el partido o listado.

En pocas palabras, lo único que se está “desbloqueando” es el orden establecido a lo interno de cada partido y, aparte de ello, nada más se está cambiando. A simple vista se puede ver también que, de aprobarse la reforma tal cual ha sido planteada, se provocará un caos y confusión estrepitosos en la forma de computar los votos y asignar los cargos, pero sobre todo en los votantes, muchos de quienes si bien ya se encuentran suficientemente desconcertados con el sistema actual de elegir a sus “representantes”, esta nueva modalidad de distribución de cargos bien podrá resultarles ininteligible. Y lo peor, agravar esta disociación entre el elector y su sistema “democrático” solo servirá para alimentar el oportunismo de los partidos políticos y sus dueños, y exacerbar la partidocracia imperante.

El principio más importante que se debe tener claro, que se tiene que entender, y que es básico para garantizar un mayor grado de verdadera representatividad en un sistema democrático es que el elector tiene que tener la capacidad de ejercer injerencia, control y fiscalización sobre su representante; y esto solo se puede lograr en la medida en que el votante pueda premiar o castigar directamente a su representante con su voto. Y en ese sentido, el único sistema que realmente empodera al votante frente a su representante es el sistema de elección uninominal, es decir cuando los votantes eligen a un único candidato dentro de una circunscripción distrital relativamente pequeña, cercana al elector y manejable. Y no hay otra forma de conseguir ese efecto dentro de un sistema político. Por eso es que por tantos años y en tantas ocasiones he publicado y expuesto sobre la propuesta que he venido formulando por tanto tiempo, que esencialmente consiste en subdividir los distritos electorales en subdistritos y que en cada uno se elija nominalmente, es decir por nombre y apellido, a un representante de dicho subdistrito. Por ejemplo, si hay cien diputados distritales y una población de 16 millones de habitantes, cada subdistrito se debe circunscribir a concentraciones de alrededor de ciento sesenta mil habitantes. No voy a repetir en esa ocasión las virtudes de ese sistema, pero lo invito, amable lector, a revisar cualquiera de los tantos artículos que he publicado sobre el tema. Hacer lo opuesto, como pretende el Tribunal Supremo Electoral con esta propuesta caótica, confusa y francamente absurda, vendría a ser un gravísimo error que solo vendría a agudizar la precaria, por no decir inexistente, representatividad democrática.

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