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Estado democrático con ciudadanía plena

Antropos

Guatemala es un país lleno de múltiples interrogantes y proyectos fallidos en torno al logro de un Estado de Derecho Democrático con ciudadanía plena. Existe un vacío de poder que se manifiesta en la ausencia de legitimidad como requisito de la estabilidad y perduración del régimen político. A su vez, se manifiestan temas no resueltos de carácter estructural en salud, educación, seguridad ciudadana, empleo, vivienda, infraestructura, seguridad alimentaria, desaliento juvenil, deterioro ambiental, pérdida adquisitiva del costo de vida, desarrollo económico y relaciones internacionales respetuosas. 

A todo esto, se agrega la dificultad en torno a la recaudación fiscal que ha generado por largos años, evasión. No existe cultura tributaria, porque no existe claridad respecto al uso adecuado de los impuestos recaudados en beneficio de la sociedad, ni un sentido real de lo que es ser ciudadano. Se agrega además, la corrupción que deslegitima a políticos y a la política, porque gobierno tras gobierno han hecho fiesta del erario en beneficio de personas particulares. Han antepuesto estos gobernantes, su bienestar personal, ante realidades tan dramáticas como es la pobreza, la pobreza extrema y la desnutrición infantil. Valores centrales como la generosidad, el respeto, la templanza y la sabiduría, son ausencias permanentes.

Recordemos que “los valores aportan modelos de perfección, señala el filósofo Carlos Molina, que nos permiten determinar logros, posibilidades y carencias…pero a su vez son el sustento de nuestros proyectos y aspiraciones”. Y esto es la ausencia en la práctica política de los que han ostentado los puestos de poder en el Estado guatemalteco.

Entendemos que aspectos centrales de la administración del Estado pasan por una adecuada recaudación fiscal. Los impuestos que se recaudan, en el buen sentido de la palabra, se orientan idealmente al funcionamiento del Estado y a la ejecución de obras como infraestructura, salud, seguridad, educación con calidad, cultura, recreación, entre otros. 

Sin embargo, es un hecho que la evasión fiscal, la corrupción y la ausencia de calidad de gasto público, están presentes en nuestro país. Hasta hoy, no existe un acuerdo civilizado para que esta triada no siga ahorcando la vida de las y los ciudadanos. La ausencia de recursos dificulta la satisfacción de los derechos de las personas y genera múltiples focos de conflictividad social. Es en este sentido, dice Carlos Molina que “la justicia constituye el requisito primero de una coexistencia pacífica y consentida…si hay justicia cada cual verá sus intereses apropiadamente tratados, y obtendrá lo que le corresponde de acuerdo con sus actos, aporte y situación”. 

Por ello, como premisa para un arranque del país por una ruta de dignidad humana, adquiere importancia la lucha contra la corrupción. Hasta hoy, vemos asomos de este emprendimiento por la transparencia, en algunas instituciones públicas, organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación, prensa comunitaria, organizaciones campesinas y de pueblos originarios, movimiento estudiantil, intelectuales y articulistas de periódicos, así como de organismos internacionales. 

En esta línea de ideas, adquiere razón de ser una adecuada recaudación fiscal, sólo sí va en paralelo a una lucha frontal contra la corrupción y claridad en el gasto público, lo cual se convierte en la condición necesaria para invertir en la solución de los problemas sustantivos de la sociedad que permita crear bienestar a todos los guatemaltecos sin exclusión. Es una manera sana y sabia, de superar la conflictividad social, que a su vez generaría seguridad ciudadana y certeza jurídica.

En fin, cero corrupcion, recaudación fiscal adecuada, calidad del gasto e inversión social con visión de país incluyente constituyen la base de un Estado Democrático con ciudadanía plena.

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