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De la sabiduría a la estupidez: Conversando con Rousseau

Mirilla Indiscreta

Estamos viviendo un cambio radical e incierto en la forma de concebir la existencia y especialmente la sobrevivencia y tolerancia de la especie humana en el planeta, tema recurrente, en cuya dinámica y conclusiones, todos creemos ser poseedores de una porción de la verdad.

Cuando me refiero a “todos”, no deja de ser una apreciación atrevida, que no es inclusiva ni absoluta y por el contrario, esos “todos”, somos la mayoría, pero de los comunes… “todos” como víctimas y receptores del “modelo” de convivencia del que estamos ausentes en su diseño y aceptación colectiva o democrática.

La dinámica social, a partir del momento, que ampliamos el concepto de la unidad familiar primitiva y endogámica (reproducción entre parientes) y posteriormente nos ampliamos a la tribu, a la Gen y salimos de la protección de las cavernas para poblar el mundo, en milenario tránsito desde cazadores y recolectores, a pueblos establecidos, que reclamaban a la tierra el producto de la siembra para sobrevivir, sin caminar tanto, afanosamente, persiguiendo animales y recolectando frutos.

Saberse capaces de ser fundadores y poseedores establecidos, inició el infinito camino de la desigualdad entre iguales.

Una de las obras del filósofo Juan Jacobo Rousseau (1712-1778) “Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres” publicado en 1755 discurre sobre esa temática, presente como fenómeno objetivo de la realidad, en la mente privilegiada de aquellos pensadores de oficio.

Ya se repetía como ilustrativa referencia del origen de la propiedad privada, la ironía implícita que parodiaba que había surgido, cuando en la vastedad del territorio planetario, alguien había proclamado que un pedazo de tierra era suyo… y los demás… se lo creyeron. 

Siete años después del magistral ensayo sobre el origen de la desigualdad escribe una de sus obras más conocidas: El Contrato Social, en donde pergeña con enorme sabiduría una propuesta de organización, para hacer posible la convivencia humana que permitiera e ilustrara al individuo y la sociedad sobre como armonizarse en un todo institucional y civilizado.

El hombre ha nacido libre –escribe- y, sin embargo, por todas partes se encuentra encadenado. Tal cual cree el amo de los demás, cuando en verdad, no deja de ser tan esclavo como ellos

“Mientras un pueblo se ve obligado a obedecer, y obedece, – continúa – hace bien; más en el momento en que puede sacudir el yugo, y lo sacude, hace todavía mejor; porque recobrando su libertad por el mismo derecho que se le arrebató, o está fundado el recobrarla, o no lo está el habérsela quitado. Pero el orden social es un derecho sagrado y sirve de base a todos los demás. Sin embargo, este derecho no viene de la naturaleza; por consiguiente, está pues, fundado sobre convenciones”

Refiriéndose a la familia afirma: “La más antigua de todas las sociedades, y la única y natural, aun cuando los hijos no permanecen unidos al padre… sino el tiempo en que necesitan de él para conservarse…La familia es pues, si se quiere, el primer modelo de las sociedades políticas; el jefe es la imagen del padre, el pueblo es la imagen de los hijos, y habiendo nacido todos iguales y libres no enajenan su libertad sino por su utilidad. Toda la diferencia consiste en que en la familia el amor del padre por sus hijos le remunera de los cuidados que les presta, y en el Estado, el placer de mando sustituye a este amor, que el jefe no siente por sus hijos

Me pasaría el resto de este trabajo citando a Juan Jacobo Rousseau y las profundidades de su pensamiento y la erudición de su acervo intelectual fundado en la herencia de todos los filósofos que le antecedieron y que fueron la fuente de su formación.

Y, no resisto citarlo de nuevo, para que conmigo tengan la oportunidad, de que naveguemos con él, en el mismo barco, aunque sea por unos minutos.

Y así reflexionaba: “Grocio (otro filósofo) niega que todo poder humano, sea establecido en favor de los que son gobernados y cita como ejemplo la esclavitud… Es pues dudoso para Grocio si el género humano pertenece a una centena de hombres, o si esta centena de hombres pertenece al género humano…Este también es el sentir de Hobbes (otro filósofo). Ved de este modo a la especie humana dividida en rebaños, cada uno de los cuales con un jefe que lo guarda para devorarlo…Del mismo modo que un guardián es de naturaleza superior a la de su rebaño, así los pastores de hombres son también de una naturaleza superior a la de sus pueblos, así razonaba, según Filón, el emperador Calígula, y sacaba con razón, como consecuencia de tal analogía que los reyes eran dioses o lo pueblos eran bestias

Trescientos años después de Rousseau continuamos con más incertidumbre pero muchísimo menos decisión de pensar.

Individuo, Sociedad, Estado, siguen persiguiendo al individuo y a la sociedad.

Sabios, los dueños de la tecnología, poderosos los cien dueños del capital.

Confirmada como rebaño, la humanidad espera que la cuiden, hasta que llegue el tiempo de que se la coman.

Los buitres, amaestrados y serviles, compartirán el festín y limpiarán el campo

A las aves de rapiña las cuida y reproduce el jefe del rebaño.

Sabiendo leer y escribir nos asusta la lectura y aburre el conocimiento.

Somos un rebaño que produce lana para colchas ajenas.

Otro día escribiré sobre las estupideces de todos los días, sobre los dueños del rebaño y prometo no olvidarme tampoco de los buitres. 

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