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Al Embajador William Popp

Kidon

Guatemala, atravesó por un enfrentamiento armado interno debido a que terroristas castristas intentaron tomar el poder por medio de las armas, con el objeto de instaurar un régimen comunista, basado no solo en la repartición igualitaria de la miseria, sino que en limitar las garantías individuales de los ciudadanos. Por fortuna, el Ejército en uso de las facultades constitucionales reprimió esa amenaza reduciéndola a su mínima expresión.

A pesar del triunfo, los costos de treinta y seis años de guerra son altos, pues a la fecha el Estado continúa pagando las facturas por los actos delictivos cometidos por los facinerosos, dinero que bien podría utilizarse en salud, educación y seguridad para garantizar el bien común y consecuentemente el desarrollo nacional sin necesidad de migrar. 

Súmele además embajador, los cuantiosos e inconstitucionales resarcimientos que a la fecha se han pagado a las familias de los delincuentes subversivos, así como las millonarias comisiones que han recibido los oenegeros por montar los espectáculos judiciales y la difamación que esos apátridas pretenden vender fuera del país con un falso genocidio, donde las verdaderas víctimas son los que tuvieron que soportar el asesinato de empresarios, militares y campesinos, la quema de fincas y fabricas, la destrucción de puentes, torres de energía eléctrica y demás infraestructura que obviamente llevó un costo su reparación.

Es más, lamentar el cobarde asesinato del embajador de los Estados Unidos de América John Gordon Mein, en 1966 y dos años después la del alemán Karl Von Spreti, por parte de los terroristas, demostrando así su odio irracional a esas naciones y que hoy ante la mirada atónita de los buenos guatemaltecos, vemos como la embajada y el departamento de Estado, traicionan sus valores y a sus muertos, al promocionar, adular y premiar a los mayores responsables de generar pobreza en el país y por ende de maquilar inmigrantes. 

Recuerde, Guatemala no necesita de sus migajas para salir adelante, ya lo hicimos cuando esa nación luego de pelear una lucha ideológica en su beneficio nos dio cobardemente la espalda; y lo hacemos de nuevo, poniendo los muertos por una guerra de tráfico de drogas, la cual afecta directamente a ese país, y que sería más fácil de librar si realmente hubiera una cooperación internacional mutua.

Así, en vez de fomentar a los enemigos de la libertad, conformados por falsos defensores de derechos humanos, activistas de la supuesta sociedad civil y demás vividores, respetaran nuestra soberanía y se enfocaran en consolidar alianzas estratégicas empresariales, militares, de seguridad y justicia obviamente con jueces y fiscales independientes, no con los que acostumbran a tomarse las fotos, las cosas podrían ser mejor para ambas naciones.

A estas alturas del partido, se necesitan soluciones inmediatas, no amenazas de quitar visas o la inclusión en listas que no traerán ninguna consecuencia legal en Guatemala, más que generar división y confrontación entre hermanos. Llegó el momento de actuar por un beneficio común.

Piénselo embajador, aún está a tiempo de lograr una alianza que podría ser productiva para ambos países y que de concretarse traería inversión y riqueza nacional, pues, en caso contrario, es decir que esa embajada continúe la línea de acción implementada por los dos últimos embajadores usted será responsable de violentar la seguridad nacional de su país.

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