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Corrupción, migración y gobernanza

Antropos

La corrupción forma parte del estilo de vida de grupos o algunos individuos de las sociedades y se ha constituido en el modus operandi en buena parte de los Estados contemporáneos.

Tanto las organizaciones sociales, organismos internacionales, COMO intelectuales, medios de comunicación, voces de las diferentes iglesias, organizaciones de los pueblos indígenas, organizaciones de mujeres, algunas opiniones del sector privado y empresarial, articulistas y de otras instancias de la comunidad guatemalteca, han explicado, señalado y denunciado los actos de corrupción de los diferentes gobernantes del país.

Obviamente no sólo han hecho denuncias acerca de este fenómeno que vulgariza y corroe el accionar gubernamental, sino también han alzado sus protestas ante los altos índices de injusticia social, pobreza extrema, desnutrición infantil, contaminación del medio ambiente, recesión económica, desempleo y subempleo, educación a la baja, sistema de salud colapsado y ahora con una nula vacunación contra el COVID que atenta contra la vida humana, además de una migración galopante hacia el norte, falta de vivienda y poco apoyo a la agricultura familiar y campesina.

Todo este conjunto de cosas, hoy se dimensiona a nivel internacional, porque la Señora Vicepresidenta de los Estados Unidos Kamala Harris le ha dicho al presidente de Guatemala en una sesión virtual, que “las causas de la migración son la pobreza, la falta de oportunidades, el clima extremo y la falta de adaptación al cambio climático, la corrupción y la falta de buena gobernanza, así como la violencia contra las mujeres, los pueblos indígenas, las personas LGTB y los afrodescendientes”.

El presidente de Guatemala respondió con generalidades. No dio ningún asomo al tratamiento de los temas de fondo que se le plantearon. Lamentable porque la ciudadanía esperaba un diálogo, aunque corto, pero preciso como fue el discurso de Kamala Harris.

Algunos identifican la corrupción como una enfermedad social. Nadie niega esta realidad, pero tampoco esto nos puede inducir a pensar que debamos aceptarla o dejar de luchar contra ella. De ahí que sea necesario desarrollar dispositivos morales, políticos e institucionales para detenerla o minimizar sus alcances de su embestida, como quedó patentizada en la intervención de la vicepresidenta de USA el día 26 de abril de 2021.

La corrupción forma parte del estilo de vida de grupos o algunos individuos de las sociedades y se ha constituido en el modus operandi en buena parte de los Estados contemporáneos. Es un fenómeno social que encierra una especie de perversidad que atenta con la práctica democrática de los ciudadanos que confían en las decisiones que sus gobernantes toman. El ideal de esta confianza descansa en la aspiración que las decisiones gubernamentales estén guiadas por la honestidad y el bienestar general.

En el caso de Guatemala, no sólo hemos sido ubicados a nivel internacional en una escala muy delicada en lo que a prácticas de corrupción pública se refiere, sino que, como ciudadanos somos también testigos, que este mal endémico junto con la mala gobernanza, es señalado como problema del gobierno de nuestro país. Porque entendemos que la corrupción es un modo de influencia política que socaba el respeto hacia las reglas que regulan el ejercicio de la democracia. O sea, el incumplimiento de un deber posicional a cambio de la obtención de un beneficio. Recordemos que Dante en la Divina Comedia, reservó en su infierno un lugar para los que comercian con los cargos públicos y para jueces que venden sus decisiones.

Lo cual se traduce según Kilitgaard en la siguiente ecuación: corrupción-monopolio de la decisión pública más discrecionalidad de la decisión pública menos responsabilidad: en el sentido de obligación de rendición de cuentas, por la decisión pública.

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