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El cambio climático: ¿es un fraude?

Sueños…

La ciencia acumula información abundante y triste sobre la extinción de las especies. Solamente la WWF, importante organización de lucha por la vida en el planeta, señala que “Mientras el mundo se tambalea por la alteración global más profunda de su vida, el Informe Planeta Vivo de este año proporciona una evidencia inequívoca de que la naturaleza se está desmoronando y que nuestro planeta está mostrando claras señales de advertencia. La destrucción de la naturaleza por parte de la humanidad está teniendo impactos catastróficos, no solo en las poblaciones de fauna y flora salvajes, sino también en la salud humana y en todos los aspectos de nuestras vidas.”[i]

Apelan a que se necesita con urgencia un cambio cultural y sistémico, la transición hacia un paradigma humano que valore la naturaleza y comprenda que los derechos humanos debieran ser equivalentes para los animales y plantas. Si no se protege la biodiversidad la herencia del humano será un planeta destruido y con humanos vagando en la oscuridad y la pestilencia.

Las noticias son horripilantes, la humanidad se encuentra al borde de una crisis climática para la que no está preparada. Los líderes mundiales se encuentran ante dos problemas contradictorios, la pandemia mundial del coronavirus y los efectos devastadores en el aumento del desempleo, la pobreza y el hambre acrecentados por la crisis económica que está latente desde 2008. Estos líderes, que de por sí no son muy acertados, tienen que elegir, constantemente, entre aislar a las personas y cerrar las actividades comerciales, provocando mayor desempleo y hambre; o, liberar la economía y permitir el aumento de los contagios y las muertes.

En opinión de Levitt y Dubner, dos de los más disruptivos analistas, señalan que hemos lanzado hacia el espacio infinitos chorros de carbono, residuos tóxicos, gases de invernadero que, sin embargo, señalan con sorna, nos permiten calentarnos, enfriarnos, refrescarnos, alimentarnos, transportarnos y divertirnos masivamente[ii]. Estos autores apelan a la esencia del capitalismo, nuestro eficiente y competitivo sistema económico, el problema, insinúan, es un problema de costo beneficio. Pongámosle precio a la deforestación, la matanza de animales y la destrucción de los océanos y el problema está resuelto.

Sin embargo, la situación no es sencilla. WWF señala las principales causas del problema, solamente en los últimos 50 años, el planeta se ha visto terriblemente transformado por un auge explosivo del comercio global, el irracional auge del consumo humano, el espantoso crecimiento de la población humana, y la inconmensurable expansión urbanística e infraestructura vial que inunda a un mundo agonizante de cemento. Según la ciencia, esto provoca la destrucción y degradación acelerada de la naturaleza, la idea humanista de que el humano es un ser especial y único hijo valioso de la creación esta llevando al mundo y la vida al abismo, los recursos naturales son sobreexplotados, las especies quedan sin hábitats naturales y desaparecen sus fuentes de alimento, tranquilidad y reproducción, y el humano los caza sin misericordia.

Aunque polémicos, Levitt y Dubner, nos dicen que el tema no es tan grave, y que los humanos respondemos ante la incertidumbre con emociones. Lo que nos lleva siempre a concluir que cualquier riesgo se convertirá en nuestras peores predicciones. Para ellos, luchar contra el cambio climático se puede convertir en una nueva religión. No será, se preguntan, que es falso que el ser humano llegó al paraíso hace unos 2 millones de años, y que hemos pecado contaminándolo y que ahora debemos detener la producción y el consumo, o prepararnos para que nuestros bisnietos y choznos perezcan en un apocalipsis ardiente.

Incluso recuerdan al gran James Lovelock, quien ha mediados del siglo pasado nos decía, hemos hemos hecho un mal uso de la energía, la medicina, las vacunas, la tecnología y hemos superpoblado la Tierra, y ahora (Gaia, 1979), es demasiado tarde para el desarrollo sostenible; lo que necesitamos es una retirada sostenible.

Con buen humor Levitt y Dubner apuntan retirada sostenible suena como penitencia, tenemos que consumir menos, conducir menos, “y aunque suene de mala educación decirlo en voz alta, aprender a vivir con una despoblación (humana, cpj) de la Tierra”.

Despoblación humana, pues la despoblación de bosques, de especies terrestres marinas y terrestres, continúa aceleradamente, como lo muestran los datos de WWF: El Índice Planeta Vivo global 2020 muestra la disminución de un espantoso 68% en las poblaciones de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces entre 1970 y 2016. La mayoría de los indicadores usados muestran la disminución neta de estos animales y plantas en las últimas cinco décadas.

Algo que podemos anotar, es que las observaciones nos indican que los dos paradigmas paradójicos del desarrollo sostenible y el Laisse faire, laisse passer, del mercado son dos caras de la misma moneda. Ambos quieren continuar el paradigma de explotar los recursos naturales en beneficio de una única especie, el humano.

Desgraciadamente, estas dos aproximaciones aparentemente distintas —la una expresión de la inocencia internacional y la otra de las despiadadas fuerzas del mercado—, conducen al mismo resultado: la probabilidad de un cambio climático global desastroso. El error que ambas comparten es creer que el desarrollo basado en el monopólico bienestar humano todavía es posible y que la Tierra soportará esta angelical presión.


[i] https://wwfint.awsassets.panda.org/downloads/ipv_2020_resumen_1.pdf

[ii] Steven Levitt & Stephen Dubner, Superfreakonomics.

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