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El populismo destruye las democracias

Poptun

Según el Diccionario de la Real Academia Española, populismo significa: Tendencia política que pretende atraerse a las clases populares. En la actualidad, los gobiernos populistas han aumentado drásticamente en todo el mundo, y están representando una amenaza a la democracia. 

Los líderes populistas se ganan su aceptación a través de la polarización, donde los buenos son los populistas y la oposición los enemigos. Son carismáticos y despliegan una personalidad fuerte e individualista y se identifican por poseer grupos de seguidores que, incluso, ejercen una defensa extrema e irracional de ellos o sus causas.

Entre los gobernantes de América que se les ha calificado de populistas están Donald Trump, Andrés Manuel López Obrador, Nicolás Maduro, Nayib Bukele, entre otros. Muchos de estos líderes se caracterizan por ser prepotentes, arrogantes, autoritarios, narcisistas, manipuladores, intolerantes, violentos, fanáticos, y demuestran muchas ansias de poder.

El ex presidente de EE.UU. Donald Trump, una figura polémica que mostró un populismo autoritario durante todo su mandato. Sus diversos discursos agudizaron una gran epidemia en ese país: la polarización política de la sociedad estadounidense entre liberales y conservadores. Generó un grupo de partidarios que lo defendían con fervor, mostraban una actitud inflexible ante quienes expresaban ideas opuestas a las propias.  Sus adeptos, le creían absolutamente todo, y nunca le refutaban sus contradicciones, por considerarlo el enviado de Dios o un líder de culto que nunca se equivoca

Bukele, otro presidente populista que posee rasgos del síndrome de ricopatía:  berrinchudo, caprichoso, egocentrista, agresivo e intolerable.  Bukele, conserva una gran cantidad de seguidores y goza de altos niveles de popularidad en su país.  Es adorado y visto como un mesías en su tierra, superando su gestión en materia de confianza ciudadana, a la iglesia católica y evangélica. Su imagen ha enamorado a los salvadoreños, a tal punto que venden camisetas y mascarillas con su rostro en el centro de San Salvador. 

En el caso de Trump, las redes sociales se convirtieron en la plataforma para fomentar el enfrentamiento y la polarización entre los estadounidenses.  Ahí practicaba la manipulación y su política basada en la mentira, en coacciones, amenazas gritos e insultos en contra de sus rivales políticos o cualquiera que fuera capaz de contradecirlo.

Por sus ansias de poder, arrastró a los republicanos a demostrar una actitud poco ética al confirmar a una jueza en la Suprema Corte de Justicia, en tiempo récord y unos días antes de las elecciones, convenciéndolos que eso los ayudaría a continuar en el poder. Sus mentiras conllevaron a sus partidarios a ejecutar un acto de terrorismo y el más grande atentado a la democracia de EE.UU en tiempos modernos: el asalto al capitolio, que pudo convertirse en un golpe de Estado.

En relación a Bukele, que igualmente simpatiza con el uso de las redes sociales. Estas constituyen su tribuna para cuestionar a sus adversarios, el sistema judicial y ganarse la simpatía de los salvadoreños. 

A Bukele, el poder lo sedujo, y su codicia sólo provocó una grave agresión a la democracia de El Salvador:  La Asamblea Nacional lidereada por el oficialismo y en su primer día de funciones, destituyó por mayoría, a todos los magistrados de la Sala Constitucional y al Fiscal General, por cuestionar sus medidas arbitrarias contra las personas privadas de libertad y detenciones ilegales efectuadas bajo la justificación de contrarrestar la pandemia. Esta acción lo afianza con el poder absoluto, que ahora sólo presagia una dictadura.

Con estos claros ejemplos, se acredita que las democracias del mundo tienen un enemigo común: el populismo. Con el populismo, ya no hay necesidad de golpes militares o de revoluciones para agenciarse del poder. El populismo es una ruta a la tiranía.  Estos gobiernos clausuran la tarea de cooptación del Estado, sometiendo al poder judicial para garantizarse jueces complacientes e instituciones del sector justicia serviciales a los intereses de quien gobierne para que no existan contrapesos.  

El populismo está afectando de sobremanera a distintos países del mundo, sin excepción alguna. 

El populismo está sometiendo a diversos países en dictaduras solapadas. Este tipo de populismo quiere el poder total: poder ejecutivo, legislativo, judicial y cualquier institución que sea un contrapeso. Sin embargo, con la cooptación del poder judicial logran el cometido, al no existir jueces independientes que protejan los derechos humanos de las personas frente al Estado y eso conlleva al deterioro progresivo de los derechos civiles, políticos, sociales, culturales y socioeconómicos de la gran mayoría. 

Las dictaduras a través del populismo, están cancelando toda posibilidad de una vida digna para el presente y futuro y la creación de una sociedad más justa e igualitaria. Son repugnantes porque se promueven con el mismo objetivo: depredar al Estado para beneficio propio.

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