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Un flagelo que nos agobia

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El escenario individual y colectivo de todas las personas que viven en nuestra sociedad, que a diario contemplan en los medios de comunicación nacionales e internacionales la violencia y los conflictos que se extienden por el mundo como una plaga amenazante, de modo individual, entre individuos, y de modo general, entre naciones en guerra abierta o casi fría, que nos conduce, nos genera una dialéctica de agresividad y violencia social generalizada que resuelve todos los enfrentamientos con armas punzantes, de fuego, piedras  y en el menor de los casos irnos a las manos, independientemente del grado de las agresiones y de los motivos de las mismas. 

Las personas agredidas, y quienes contemplan o viven en contextos de violencia o agresión manifiestas o latentes sienten una profunda pérdida de seguridad e integridad vital, ¿acaso miedo o terror en todas partes o a todas partes donde voy? 

¿Qué decir de la violencia familiar, con las imposiciones, los pleitos, los maltratos y descalificaciones o insultos verbales hacia los hijos o hacia la mujer? ¿Causas? El malestar, el desempleo, la drogadicción, el alcoholismo. ¿Acaso la violencia se considera la fórmula mágica para en el menor tiempo posible, lograr “una vida más sana, más alegre, con más posibilidades económicas y sociales”?

Ha sido comprobado que la violencia contamina la conciencia moral y social de todos los que la producen, la padecen y la contemplan paciente y sufridamente, más en el caso de una persona que en alguna ocasión haya sido agredida y que de ahora en adelante su violencia quedará “hundida, soterrada e inhibidora”, “a flor de piel” ante cualquier hecho que este lejos de una nueva agresión, simplemente ha quedado “marcada” de por vida.

¿Y en el caso del agresor? Posiblemente en el fondo se justifique, que tiene que hacerlo para “vivir”, no obstante carga con la “mea culpa” de sentirse marginado y aborrecido tanto en la dinámica familiar, por el odio que genera, como en los contextos sociales y laborales.

Que decir de las numerosas escenas violentas y acciones agresivas, que se manifiestan en el entorno televisivo a diario o medios escritos o redes sociales, y que parecen “lo más común de la vida” cuando subliminalmente son asimiladas por las personas. 

¿Lo ideal? Un escenario social caracterizado por la paz, la convivencia, la felicidad en las relaciones entre todos los seres humanos. Sin armas ni guerras, donde el odio, el rencor y la venganza han desaparecido de todos los corazones.  

El hecho que convivamos con personas que no tuvieron la opción de asistir a una escuela, educarse partiendo del núcleo familiar y posteriormente reforzado en las escuelas, no los excluye, es necesario ser tolerante. No debemos olvidar de los contrates como son el día y la noche, el sol y la luna, lo negro y lo blanco. Todo es bello, todo es armonioso, todo ayuda a contribuir a la belleza universal. 

Supongamos que con tu ayuda y la de todos podamos construir un barco país que sea más acogedor y más bello, más humano y amigable, más feliz y satisfactorio, superando todas las carencias y necesidades humanas. ¿Te embarcarías en él? 

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