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Los profesionales en la construcción de una mejor sociedad

Antropos

Hoy, intento hacer algunas reflexiones de cómo podríamos construir una mejor sociedad, partiendo del hecho, que los profesionales, cumplen una función caracterizada como una relación contractual entre el usuario o el cliente y el servicio técnico profesional que les da las competencias de sus propios conocimientos.  Significa qué en el seno de la sociedad, contribuyen a definir de forma relevante, tanto el sentido humano como los efectos sociales de los procesos y proyectos en los que participan.  Esto significa que las posibilidades de mejoramiento de nuestra sociedad emanan en gran medida de la gestión creativa y moralmente comprometida de sus profesionales, porque son los que administran el mayor poder que detenta la humanidad, cual es, el poder del conocimiento.

La dimensión ética de las profesiones es un conjunto de derechos y deberes que se vinculan entre sí, puesto que el derecho del profesional es siempre el deber de otra persona y su deber, el derecho ajeno. Significa que insistir sólo en los derechos olvidándose de los deberes, es pedirle al otro que preste sus servicios sin recibir algo por lo que se hace, sin que se le retribuya con los servicios que se requieren. Así, sólo existen derechos porque existen también deberes. Si no se cumple con los deberes, se lesionan los derechos del otro, y si el otro no cumple con los suyos, está atentando contra los derechos del profesional. Por ello, los profesionales existen para prestar un servicio, brindar utilidad a los seres humanos. Esta es su razón de ser primordial por la que se establecen deberes como el espíritu de servicio, la posesión del nivel de preparación adecuada, el esmero en la prestación de los servicios, la responsabilidad, el trato humano, y el secreto profesional

Pero a su vez, también existen derechos como percibir una retribución pertinente, obtener reconocimiento a su labor, contar con condiciones de trabajo adecuado, disponer de oportunidades para una mejor preparación, pertenecer a organizaciones independientes, recibir protección legal, ser respetado.

Estas reflexiones nos conducen, a examinar la dimensión ética, porque los profesionales son personas importantes que pueden con su rectitud y sentido de servicio, fortalecer moralmente a la sociedad. En ese sentido, señala el pensador Zygmunt Bauman, que, “cuando un ser humano sufre indignidad, pobreza o dolor, no podemos tener certeza de nuestra inocencia moral. No podemos declarar que no lo sabíamos, ni estar seguros de que no hay nada que cambiar en nuestra conducta para impedir o por lo menos aliviar la suerte del que sufre. Puede que individualmente seamos importantes, pero podríamos hacer algo unidos. Y esa unión está hecha de individuos por los individuos”.

Significa qué, como profesionales, estamos llamados hoy más que nunca, a ofrecer con nuestras ideas y práctica, un servicio a la sociedad que vive uno de los dramas más profundos en salud humana, como es el peso trágico de la pandemia. Se requiere como lo fue con el terremoto de 1976, del acopio de todas las fuerzas de manera mancomunada para salvar vidas. Ciertamente hay errores de orden gubernamental, pero no sólo se deben denunciar, sino trazar caminos alternativos con el nivel de conocimientos que tienen los graduados de las universidades. 

Es imperativo entonces que los valores milenarios de la humanidad se vuelvan a considerar en la construcción de una vida digna, lo cual entendemos, como la gran oportunidad de los profesionales para coadyuvar en revalorar la solidaridad y el servicio a los individuos y a la comunidad, como recurso central para el mejoramiento de la sociedad.

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