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¡Dejennos vivir en paz!

Mirilla Indiscreta

¿Es la paz una ansiada consecuencia de la guerra o solamente la tregua vital para reparar daños y continuar la guerra?

¿Es la guerra el extremo natural en que degenera una discordia, o la discordia es subsanable porque atañe a niveles más íntimos de confrontación, y la guerra implica entre sus actores a estructuras superiores de organización social como serían los Estados?

Platón los concibe como conceptos distintos y al tocar el tema de la discordia y la guerra escribe: “… son también dos cosas diferentes, que se relacionan con diferentes objetos. Me refiero, por una parte, al ámbito doméstico y allegado, y por el otro al de lo ajeno y extranjero”.

En una interpretación cimarrona y bananera del pensamiento del filósofo griego, los desencuentros entre guatemaltecos, serían una discordia entre allegados, que debiera resolverse entre nosotros mismos… palabra mayor sería trasladarla a los Estados porque no tendría otra solución más que la Guerra-

…De esta manera discurría en soliloquio don Edmundo, ofuscado consigo mismo, tratando de encontrarle justificación a la ilegítima opresión imperial frente a Estados pequeños, pero respetables, en el seno de una comunidad internacional que rechaza el colonialismo en todos los textos convenidos, aceptados y plasmados en el Derecho Internacional. 

Tiene la boca cargada de razón don Edmundo, pensé para mis adentros, sin el menor afán de interrumpirle.

Y recordé una anécdota acreditada a don José Figueres Ferrer, más conocido como “don Pepe”, Presidente de Costa Rica durante tres períodos 1948-49, 1953-58 y 1970-74, líder de la revolución de 1948, que dio origen a la transformación social y política de esa nación.

Cuenta la leyenda que en alguna ocasión era patente la incomprensión de los Estados Unidos frente a la orientación transformadora de su gobierno.

Incendiados por el fervor nacionalista y revolucionario, sus consejeros más inmediatos presionaban al mandatario para que le declarara la guerra a la nación del norte.

Frente a tamaño atrevimiento, con su característica y pausada voz les contestó: “apoyo la propuesta, si me responden a mi siguiente preocupación… ¿Y que hacemos con los Estados Unidos, si ganamos la guerra”?… como un bombero exitoso, apagó el fuego en ciernes de sus exaltados colaboradores.

Declarado Emérito de la Patria en el año 1990, lo recuerdo como mi mentor y Director en la Escuela Interamericana de Educación Democrática en la hermana nación.

Compartiendo cátedra con los también expresidentes costarricenses Daniel Oduber, Luis Alberto Monge y Rodrigo Carazo, en mis primeros pinitos de formación política.

Junto a Rómulo Betancourt y Carlos Andrés Pérez expresidentes de Venezuela y Rodrigo Borja, compañero y posteriormente presidente del Ecuador.

También, Juan Bosch, expresidente de un corto y frustrado período presidencial, abortado a pocos meses de su investidura, por la invasión militar extranjera a República Dominicana, en 1962, que invocó para su consumación el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) con la ingrata complicidad de algunos gobiernos de América Latina, que justificaron su adhesión, poniendo uno o dos soldados, para acompañar al poderosos ejército invasor, encabezado por los Estados Unidos.

Y de imperecedero recuerdo don Luis Muñoz Marín, reconocido prócer de su país y fundador del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, fórmula que lideró para fortalecer una autonomía progresiva de la tutela de los Estados Unidos que garantizó el desarrollo de la isla y consolidó un proceso democrático, con autonomía progresiva, pero sin independencia formal de la Unión Americana.

Gobernador libremente electo por los puertorriqueños, sin la subordinación al Gobernador designado por Washington, lo fue por cuatro períodos consecutivos, reconocidos por las transformaciones profundas en beneficio de la población y la convivencia pacífica con la nación más poderosa de la tierra.

Como ven, me había fugado por unos instantes de la atención de Don Edmundo, internándome brevemente, en mi propia digresión histórica.

Don Edmundo, continuaba indignado por el trato injerencista y abusivo que revela abiertamente y sin la mínima diplomacia para con nuestro país y Centroamérica, la nueva y muy cuestionada administración del poderoso país del norte.

Parecieran retornar a la política del garrote del Presidente Teodore Roosevelt (Teddy) vigésimo sexto Presidente de los Estados Unidos, cuya política se destacó por hacer sentir a las potencias colonialistas del mundo, en la primera década del siglo veinte, que poco tenían que reclamar en el continente americano. 

Principalmente frente a la alianza Anglo-italiana- Germana que, ejerciendo su poder en el continente americano, y tomando como excusa, el cobro de la deuda externa, bloquearon precautoriamente, cual, si fuera un embargo territorial, las costas de Venezuela en 1902.

La política exterior de don Teddy, conocida como la del “Gran Garrote”, lo hizo intervenir en dicho conflicto como mediador, marcando los futuros rumbos de la presencia imperial, de su poderoso país, en la región latinoamericana.

“América para los americanos” constituía el lema de esa política, con la única y profunda diferencia y discriminación, que para ellos los americanos eran solamente ellos.

Nosotros, cundidos de vende patrias como piojos, ocupas, (dirían los españoles, cuando se refieren a usurpadores de casas ajenas) de inmensos y ricos territorios bajo su tutela y dominio real, se nos ha considerado, desde esos tiempos, como habitantes sin identidad del inventario de su imperio. 

-¿Se recuerda hace ocho días lo que escuché en el aquelarre de los entreguistas y vende patrias? – me retorno de repente don Edmundo a la realidad de nuestra encuentro.

Doña Thelma calcula que en poco tiempo ya no estarán, ni el doctor del Palacio, ni los Magistrados de la Corte Celestial de Inconstitucionalidades, hoy en interesante ejercicio de reivindicación, y que vendrá sin procesos ni deudas con la justicia, a formalizar su papel de interventora interina y “gobernanta” de este territorio disfrazado de país- anticipó.

-El torpe, impolítico y prepotente espaldarazo de doña Kamala, en la Casa Blanca, nos restregó en la cara… que de soberanía… tu madre- se vulgarizó indignado.

Mientras aquí, Sabiendo que las elecciones las deciden los algoritmos cibernéticos tramposos y fraudulentos- continuó su perorata –insisten, algunos ingenuos y otros con la esperanza de ser los designados, en creer en procesos electorales, que como los nuestros, ya tienen  elegido al ganador desde ahora.

-Entonces no hay esperanza don Edmundo- me atreví a matizar, buscando provocar una gota de optimismo, en la visión de mi inseparable alter-ego.

-Claro que sí- me respondió indignado – sí marcamos con rigor nuestra independencia, hacemos valer con contundencia que somos soberanos, acudiendo a la región y sus instituciones establecidas, ignorando y proclamando la inexistencia de un triángulo norte, impulsado para dividirnos y someternos sin resistencia, a la voluntad de los ya desbarajustados gobernantes coyunturales de un imperio, sumido en la crisis de la decadencia y en riesgo cierto, de desintegrarse en Estados Soberanos que ya se atreven a retar a Washington- especuló con firmeza

-¿Pero ya miró como desprestigian y amenazan a Bukele?- quise aminorar su entusiasmo por adoptar posturas patrióticas.

Muestra inequívoca que está haciendo las cosas a la altura de su posición como Presidente pro-tempore de Centro América y los países que conforman el Sistema de Integración Centroamericana SICA: Panamá, Belice y República Dominicana – me respondió con convicción.

-Y sí les declaramos la guerra, como le sugerían los colaboradores de la época a don Pepe Figueres – apunté con ironía y un tono de burla para aplacar su desbordado entusiasmo.

Lejos estaba de adivinar el sarcasmo de su brillante respuesta.

-Pues no es mala idea- me comenzó a desconcertar, y concluyó con rebosante sabiduría de la buena.

A LO MEJOR LA GANAMOS, DON ROCA , Y LOGRAMOS SALVAR AÚN, A ESA HERMANA, RESPETADA Y QUERIDA GRAN NACIÓN AMERICANA.

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