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¿Qué hacer para un verdadero Proyecto de Nación?

Debemos Saber La Verdad

Para lograr el proyecto de nación se deben rescatar las instituciones del Estado, basados en la razón, en la lógica, en los argumentos y en el intercambio de ideas, teniendo honradez y responsabilidad absoluta en las actuaciones y debe hacerse con justicia para beneficio de todos.

Al analizar la situación actual de partidos políticos, hago algunas sugerencias preliminares para fortalecer el proyecto de nación.

Desde el inicio del actual período constitucional a la fecha, la actividad política se ha desarrollado en un ambiente de descalificación del sistema de partidos políticos y de las instituciones del Estado.

En esta tarea han contribuido desde muchas personas del pueblo, grupos, algunos comunicadores sociales, hasta los propios políticos, los partidos políticos, pasando por grupos organizados de la sociedad civil y los factores del poder ilegítimo, interesados los últimos, en la involución del proceso de democratización.

De lo anterior hemos derivado en un proceso de des-institucionalización del incipiente sistema democrático que se ha logrado desarrollar. Coadyuvando en este hecho la falta de experiencia o desconocimiento que la población tiene en todos los niveles de la cuestión política y pública.

De este escenario se han valido quienes con visión cortoplacista de poder y defendiendo intereses particulares, implementaron proyectos que no llenaban las expectativas de las grandes mayorías y mucho menos un proyecto de nación, con características de desarrollo integral e incluyente.

Los Acuerdos de Paz que se hicieron quedaron solamente como un punto de referencia para la comunidad internacional y para los libros de la historia.

Lejos de lograr sistemas de diálogo político abierto y transparente, los partidos políticos han caído en el pragmatismo electoral y de coyuntura, salvo muy escasas excepciones. Muchos de la sociedad civil movidos por este vacío dejado por los partidos políticos, se han dedicado a ocupar posiciones que no les corresponden.

En los últimos años hemos vivido una nueva devaluación del sistema de partidos políticos, apiñados entorno a “líderes” y carentes de proyecto alguno. Mucho menos con lo que todos alardean: “una visión de largo plazo”.

Están a la orden del día la superficialidad de algunas opciones políticas y la inconsistencia aparente derivada de objetivos ocultos de otras opciones. Con objetivos igualmente de momento como: “hay que evitar que gane tal partido” es lo que pasa en los procesos electorales, asi dejan en una posición de debilidad aún mayor al sistema.

La toma de partidos políticos por grupos de poder interno y posiblemente externos, se viene a desvirtuar de forma evidente el proceso electoral, sin darse cuenta la sociedad que ésta secuencia de acontecimientos nos acerca peligrosamente a una ruptura del orden instituido.

De forma no controlada la situación a pasado de una pretendida polarización entre fuerzas “opuestas o antagónicas”. El bipartidismo añorado por quienes se esfuerzan en adaptar fórmulas foráneas para Guatemala, pasa a una fragmentación adicional del espectro político.

Esta realidad es idónea para el surgimiento de nuevas opciones que utilizando la demagogia y el populismo, logran posicionarse frente al elector como la “verdades y soluciones” a las penurias del pueblo guatemalteco.

Sin embargo, esta realidad es también favorable para un replanteamiento de cómo se debe hacer política en la nación.

Ante la insuficiente oferta electoral, la inexistencia de programas, el enfrentamiento político del que nos han hecho objeto los partidos políticos que hasta ahora se han presentado a las contiendas electorales, plagados de personajes arrivistas y oportunistas, se nos abre una oportunidad histórica de dimensiones incalculables para cambiar el futuro de país, con la participación de los más amplios sectores de la población.

Existe la oportunidad para hacer un país que tenga estabilidad política, social y económica, con un gobierno sólido, honrado, transparente para que tenga la fortaleza necesaria para controlar el crimen organizado, la corrupción, la impunidad y con la capacidad de construir un proyecto de nación con visión a largo plazo.

En el proyecto de nación es necesaria la convergencia de grupos que representen el espectro político-ideológico del país que desean la verdadera democracia. También deben estar unificados en torno al proyecto de nación que de firmeza y validez a las instituciones del Estado y satisfaga las necesidades inmediatas de los ciudadanos, como una acción básica que esté por encima de las ideologías e intereses propios. 

Es fundamental la defensa de la República y la Nación ante la intromisión de populistas nacionales y extranjeros que utilizan nuestra debilidad institucional para satisfacer intereses particulares. 

Se debe impulsar el proyecto de nación con visión de largo plazo, que conlleva la participación de trabajadores, empresarios, gremios, sociedad civil, universidades y partidos políticos, en la definición de los objetivos.

Para lograr lo planteado es necesario constituir una plataforma electoral con objetivos a largo plazo, en la que participen todos los grupos. Presentando una alternativa real y con credibilidad, diferente a los planteamientos individuales, personalistas y populistas de corto plazo que han presentado las últimas opciones electorales.

Se debe integrar una agenda de gobierno consensuada ampliamente que recoja los objetivos de todos los grupos que representamos Guatemala. 

Los partidos políticos deben elegir candidatos presidencial, vicepresidencial, diputados, alcaldes y equipos de trabajo con perfiles adecuados al proyecto de nación.

Alcanzar el poder político para consolidar el proyecto de nación, con el fortalecimiento de la toma de decisiones a partir de las comunidades.

Se debe lograr integrar una bancada plural y representativa en el Congreso que sea diferente a las tradicionales aplanadoras, para promover proyectos de ley sobre la base del consenso y necesidades de la población.

Obtener la mayoría de las preferencias electorales en la elección presidencial, constituyendo así un poder ejecutivo que impulse la agenda de gobierno del proyecto de nación.

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