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Kamala viene a Centroamérica cargada de problemas

Sueños…

En los primeros días de junio, en medio de los aguaceros, llegará Kamala Harris a Centroamérica. Como una emperatriz o una virgen bajada del cielo la vicepresidenta nos trae la solución final a varios Estados fallidos.

Los diferentes grupos de presión, llamados de izquierda o derecha, de arriba o de abajo, todos esperan la llegada de Harris, con la esperanza de que traíga el proyecto final para iniciar la construcción de Estados de unidad nacional e independientes, aunque sea con 200 años de retraso. Unos esperan que venga a poner orden e inicie el fortalecimiento de estrategias nacionales de desarrollo capitalistas modernas; otros esperan que Harris simplemente traiga la receta de siempre, transferir recursos a las burocracias estatales y terratenientes, para invertir en ejércitos que mantengan a raya a la población.

Ella, por el contrario, viene con la mente puesta en poner barreras a la inmigración, que tiende a colapsar los Estados del sur de USA, así como seguir fortaleciendo el tráfico de drogas y el lavado de dinero, que son fuentes de riqueza y destrucción de los lazos sociales. La tarea de Harris es cuesta arriba. Ya que la migración soñada de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y otros hacia Estados Unidos está profundamente enraizada en la falta de oportunidades de trabajo, salarios de hambre, explotación semifeudal en grandes fincas de productos agrícolas de exportación; así como elevados niveles de violencia e inseguridad ciudadana; la presión del narco enclaustrado en organisos del Estado y un aumento del cambio climático, sin olvidar los mensajes de los emigrados que indican que por mala que sea la vida en los yunais, es preferible al atraso mesoamericano.

El poder semifeudal de los grupos tradicionales, no permiten la diversificación de la producción. Con una población mayoritariamente semianalfabeta, con derechos humanos desconocidos, racismo y discriminación arraigados en la cultura popular es complicado abordar los retos de la nueva economía. 

Pero la llegada de Harris trae optimismo. Sí su proyecto se enfoca en presionar por cambios en la mala distribución del ingreso, sí genera una orientación de reforma agraria que distribuya la tierra en pequeñas y medianas propiedades que generen competencia y empleo; sí obliga a que los ejércitos sean disueltos y ese dinero se utilice para educación, salud para la mayoría; sí se genera un presupuesto nacional con el 10% para educación primaria y secundaria; sí se genera un sistema de salud universal; sí se combate la corrupción y el lavado, así como las estructuras armadas que facilitan el tráfico de personas y drogas, podrías suponer el inicio de un cambio favorable al desarrollo.

Se requiere de una reforma del Estado profunda. Que fortalezca la institucionalidad, la educación, la formación profesional y técnica desde la primaria y la secundaria. Así como el aumento de los salarios mínimos para la población que reduzcan las brechas sociales. La estructura administrativa del gobierno tiene que ser eficiente, competitiva y con salarios que no superen los 3 o 4 salarios mínimos, para generar condiciones de igualdad en toda la población, generando solidaridad nacional.

Kamala puede beneficiar a la región gracias a su reconocido poder imperial. La migración no tiene que ser su principal preocupación. Sino la construcción de sociedades solidarias, equitativas y progresistas. Tiene que cesar la inversión en armamentos, para bajar drásticamente el tráfico de drogas tiene que perseguirse la fuente principal del mismo, que es el sistema financiero en territorio gringo.

En centroamérica tiene que apostar por fortalecer estrategias nacionales de desarrollo: sistemas económicos basados en pequeñas y medianas empresas; gobiernos eficientes y con una corrupción mínima, democracias pluralistas y abiertas; sistemas de educación primaria y secundaria de calidad; salud para la mayoría; y, sobre todo, protección del medio ambiente y las pocas especies que no han sido extintas en la región.

El drama de centroamerica lo define la propia vicepresidenta así: “Creo que sólo se van cuando sienten que deben hacerlo, y pienso en las personas cuyas casas han sido arrasadas por los huracanes, personas que son padres que tienen hijos que han sido amenazados por los cárteles de la droga, personas que tienen hijas que han sido objetivo de los tratantes de personas, personas que no tienen suficiente para comer, personas que no tienen trabajo, personas que han perdido la esperanza”.  Detrás de estas definiciones están los grupos de poder que desde la propiedad extensiva de la tierra, hasta las burocracias estatales viven de la enajenación de las mayorías. Podrá enfrentar esos poderes y promover las reformas necesarias. Ojalá que la historia nos de una nueva oportunidad.

Kamala Harris genera expectativas positivas, los problemas están presentes y hay que resolverlos, la gran pregunta es: ¿Existirán actores sociales centroamericanos capaces de tomar un liderazgo progresista que puedan conducir los cambios?

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