Press "Enter" to skip to content

¿Hacia dónde vamos?

Punto de Vista

Vamos hacia el Bicentenario, dicen…

¿Quiénes estarán? ¿Qué temas vamos a conversar? ¿Estaremos todos vacunados? ¿El COVID nos habrá dado tregua? ¿La desnutrición infantil será cosa del pasado? ¿La educación será una realidad para todos los niños? ¿Los emprendedores no tendrán el problema del “fíjese que…”? ¿Las mujeres podremos caminar tranquilas por las calles? Por solo plantear unas pocas interrogantes. 

En resumen, ¿nos habremos puesto de acuerdo sobre el país que queremos? Sería como nuestro día “D”.

El Bicentenario debería traer dos cosas: futuro y esperanza. Me disculpo de antemano por mi pesimismo, pero la sensación de cosas maravillosas, las perspectivas de éxito para todos, el porvenir que le llaman, no lo vislumbro. 

El futuro implica cambiar realidades y para cambiar la realidad en la que estamos, se necesita concientizar a toda la sociedad con genuinos objetivos comunes y eso requiere de un gran esfuerzo individual y colectivo de creatividad, innovación, flexibilidad, de habilidades sociales y emocionales. Hoy no estoy segura del porvenir. 

Tenemos un modelo económico que es incapaz de generar suficientes empleos, pero sobre todo distribuir equitativamente los recursos económicos. No todos tienen las mismas oportunidades y ninguna sociedad prospera con estas brechas de desigualdad. 

El Bicentenario se muestra ante nosotros como un día de felicidad, los problemas desaparecen o al menos los olvidamos momentáneamente como esa suciedad debajo de una alfombra, sabemos que está ahí, pero mientras no se vea, no molesta, aguanta. Ese día habrá fuegos artificiales, cantos, cortes de cintas, proclamas, bailes, reuniones, comidas, traje y corbata, buen “wiski” para el “after”Todo será perfecto. Y al día siguiente, cual resaca, la vieja normalidad.

Sin poder gobernarnos a nosotros mismos, estamos a la deriva, con la ilusión de que alguien de afuera solucione por arte de magia problemas muy viejos. No creemos en el bien común, seamos sensatos, no creemos en el beneficio colectivo. Estamos como escribí varias columnas atrás, en un modo salvaje y para sobrevivir debemos dominar al otro, vale todo: mentimos, abusamos, cambiamos el sentido de las palabras, fíjese que, falseamos, pagamos…

Nos hemos convertido en una sociedad enredada, caótica. Realmente no pensamos y actuamos como ciudadanos libres, somos incapaces de desarrollar empatía. El otro me es extraño, no es equivalente.

El Bicentenario debería ser un momento de silencio, un momento de gran reflexión individual y colectivo para adquirir coraje. Sí, coraje, ese valor y decisión para enfrentar las dificultades. Esa capacidad de vencer el miedo y dejar trincheras vetustas. 

¿Hacia dónde vamos? ¿Qué país estamos construyendo? Son preguntas que aún debemos responder, que 200 años se pasan volando.

Area de Opinión
Libre expresión de pensamiento.

Lea más de la autora:

%d bloggers like this: