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Universidades de garaje, títulos exprés y certificaciones apócrifas

Barataria

Platón escribió: “Si un hombre deja de lado la educación, camina cojo hasta el final de su vida”.   Lo cual puede aplicarse a un país que al dejar de lado la educación va a caminar cojo hasta el final de sus tiempos.  Siempre se ha hablado que la verdadera riqueza de un país radica en la educación.  Ambas frases resumen la importancia que tiene la educación en un pueblo y el desdén y falta de importancia que le pongamos tanto como pueblo, como de parte de los gobernantes, puede hacer la diferencia entre una generación y otra.  Los problemas educativos de nuestro país son verdaderamente alarmantes, tenemos una educación preprimaria, primaria y diversificada muy deficiente y los sindicatos de educación se han convertido en una suerte de mafias que se coordinan con el Gobierno de turno para saquear las arcas del Estado mediante negociaciones de pactos colectivos sin considerar elevar la calidad educativa, que de por sí es deplorable tanto en lo público como en lo privado en donde prevalecen colegios de patiocuya educación la imparten sin la mayor supervisión del Ministerio de Educación.  Ni hablar de los ministros de educación anteriores y de la actual ministra, ya que solamente siguen el rumbo de las cosas comprando gobernabilidad a través de aumentos y mejoras de pactos colectivos, siguiendo un círculo vicioso en donde no se apuesta por una reforma educativa real.

Hace muchos años, se consideraba el sistema educativo guatemalteco de una mediana calidad, incluso escuelas e institutos nacionales competían con prestigiosos colegios en calidad educativa, pero esto ya parece ser cosa del pasado, porque actualmente la crisis ha llegado a niveles de educación superior.

La insidiosa inclusión de las Universidades del país, en los procesos de postulación pareció una idea genial en el nuevo constitucionalismo guatemalteco, porque se creyó de una manera más que inocente que la academia, por ser el sector pensante de la población no caería en el juego político de pervertirse para hacer política.  Sin embargo, más de treinta años después vemos cómo la academia terminó prostituyéndose y pervirtiéndose en favor a determinados sectores políticos.  Hay universidades serias en Guatemala, pero también hay universidades de garaje, creadas con fines políticos y no con fines académicos y cuya participación en comisiones de postulación ha sido seriamente cuestionada.  No entendemos para qué existe el Consejo de Enseñanza Privada Superior -CEPS- , cuya función de acuerdo al artículo cuatro de la ley de su creación establece que es velar porque se mantenga el nivel académico en las universidades privadas sin menoscabo de su independencia, acordar la creación de nuevas universidades y aplicar sanciones, pero los cinco miembros que componen este consejo se encuentran de vacaciones ininterrumpidas porque brillan por su ausencia.  Las ultimas universidades autorizadas, apenas si tenían sede conocida muchas de ellas iniciaron sus operaciones como siempre con una Facultad de Derecho y Economía, porque les convenía participar en comisiones de postulación y lo triste es que algunas ni siquiera tenían mobiliario, nada por el estilo.  Algunas surgieron literalmente en garajes, en sedes de colegios de departamentos y es triste comprender que para que autoricen una universidad en Guatemala, dependiendo de quien sea, pueden hacerlo exprés como ha ocurrido con algunas de las más recientes sin tener ni siquiera sede conocida, ni plan de expansión ni nada por el estilo.  A mi juicio una universidad seria no puede impartir cursos de carreras profesionales los días sábados de 7 am a 5 pm, y quienes cursan licenciaturas o ingenierías prácticamente asisten a clases un total de 20 días de clase, para cursar un semestre y sin contar los días en que hay asuetos porque esos días no hay clases, además de actividades propias de la universidad porque esos días tampoco hay clases.  Todos entendemos la necesidad de muchos de cursar estudios universitarios, pero para impartir licenciaturas días sábados promoviendo la graduación de profesionales con serias deficiencias académicas y que en el ejercicio profesional se cometerán muchos errores.

Recientemente ha vuelto a surgir problemas en relación a títulos de postgrado obtenidos de manera discutible que involucra precisamente a funcionarios públicos, no es nada nuevo que algunos hayan obtenido títulos de doctorados o maestrías sin llenar los requisitos y completar los estudios académicos y tesis para ello, en el pasado se ha discutido como candidatos presidenciales, rectores de universidades públicas y otros han terminado con el titulo de doctor, con trabajos de tesis deficientes o plagiados.  Todo esto le hace un serio daño a la educación superior y pone a las universidades privadas y la universidad pública en una situación delicada.  No se puede permitir que las universidades hagan de la educación superior un negocio de complacencia, en donde se extiendan certificaciones apócrifas que indican que una persona ya obtuvo un doctorado cuando ni siquiera había completado la tesis doctoral, o que aparezcan magisters sin que hayan cumplido los requisitos para ello.  Seria el momento adecuado para cuestionarnos qué clase de educación superior queremos, porque muchos profesionales que se han graduado de universidades serias, compiten en el mundo real con una serie de profesionales que literalmente han comprado títulos, se han graduado por compadrazgos y en el mejor de los casos han cursado las carreras profesionales en menos de la mitad de carga académica que los otros y tienen deficiencias serias de formación que les hace que compitan deslealmente cobrando honorarios muy por debajo de los precios de mercado.

Las Universidades de garaje deben de ser revisadas, sancionadas y advertidas de que no pueden continuar con esta práctica que a la larga le hace un daño serio a la educación superior, hay universidades que tienen sedes en casi todos los municipios del país, pero que esas sedes son una caricatura de lo que es una universidad, y carecen literalmente de centros universitarios, impartiendo clases en sedes de colegios o casas particulares que no tienen el diseño adecuado de educación superior, todo ello sin contar con la calidad educativa de los docentes que imparten clases cuyos conocimientos limitados hacen imposible que transmitan una educación con contenido. Así las cosas, podemos visualizar el futuro que le queda a un país como el nuestro en que todo el sistema educativo, desde los niveles de primaria hasta el superior carecen de calidad educativa.  Las universidades que se han esforzado por mantener una calidad educativa ejemplar merecen un reconocimiento excepcional por su compromiso con la educación, pero las universidades que han fallado deben de reinventarse, de evitar ver toda la educación como un negocio sin compromiso, porque están graduando profesionales, personas que de alguna manera incidirán en la sociedad en muchos campos y, cuando se habla de títulos exprés sin llenar requisitos, se advierte un serio peligro del cual no pueden mantener silencio. Ojalá todos estos escándalos sirvan para que los miembros del Consejo de Enseñanza Privada Superior -CEPS- tomen en serio su papel o si no, que renuncien porque su pasividad, su silencio (no se han manifestado sobre el ultimo escandalo) le hace un grave daño a la educación.

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