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Construyendo un nuevo mundo (Parte I)

Debemos Saber La Verdad

Debemos mejorar las relaciones de los humanos para un nuevo mundo.

Para mejorar nuestras relaciones debemos buscar el renacimiento de la conciencia. Para lo mismo tenemos que lograr la transformación del ser humano en la sociedad, en consecuencia, debemos redefinir las relaciones con los demás seres humanos. Proceso lento -de naturaleza espiritual- el que necesitamos realizar para descubrir lo que significa nuestra existencia. 

Comprendemos la existencia como la vida del ser humano en este mundo.

Los seres humanos, a través de la historia, hemos tenido el sentimiento de haber recibido revelaciones o coincidencias inexplicables, algunas en forma secuencial y, con ello, hemos buscado cambiar la situación actual hacia una cultura más espiritual. Con algunos de estos sentimientos temporales, hemos realizado experiencias inspiradoras, actuaciones intensas en nuestras vidas, pero al final nos dejan insatisfechos e inquietos, ya que la vida no ha cambiado, como tampoco las relaciones entre los seres humanos.

Hoy, al inicio del segundo milenio, más seres humanos estamos teniendo una conciencia plena de lo que buscamos, incluimos experiencias satisfactorias. Consideramos estas prácticas como las coincidencias que se dan en nuestras vidas, las mismas no son casualidades y a pesar de la complejidad de su contenido, sabemos que son reales. Al mismo tiempo, apreciamos este estado de conciencia para descubrir lo que esta sucediendo con la vida.

En la medida en que los humanos alcancen el nivel de conciencia necesaria, más fácil será alcanzar la transformación de la relación entre los humanos y la cultura de la sociedad.

Esta posición no esta en contra de los principios religiosos, de cualquier índole, entre ellos el cristianismo, lo que se busca es fortalecer las verdades espirituales y la energía interna de los humanos.

Para entender lo que esta sucediendo hay que ver la historia en forma adecuada: 

Nos debemos ubicar en cada periodo histórico, comprender lo hechos y la evolución del pensamiento, pero sobre todo debemos observar lo que la gente pensaba y sentía. Al comprender la realidad de los humanos que vivieron antes que nosotros, nos daremos cuenta porque miramos al mundo en la forma en que lo hacemos y con que debemos contribuir para que las generaciones futuras tengan una mejor interrelación espiritual.

Con los conocimientos acumulados en ciencia y en tecnología, ahora, al principio del segundo milenio, podemos analizar en su conjunto la historia de la humanidad. Nos debemos trasladar a los siglos anteriores y así comprender la realidad de aquellos humanos para identificar algunos de los principios de nuestra época.

Debemos comprender que, en la edad media, una parte de la realidad la definieron los poderosos clérigos de la iglesia cristiana. Aquellos hombres tuvieron gran influencia en la mente del pueblo y del mundo, entres sus axiomas destaca que describieron el mundo real como el contexto espiritual de los feligreses; en su realidad colocaron a Dios como el centro de la vida, pero lo supeditaron a la práctica espiritual que definieron ellos mismos. En el momento de mayor control espiritual, todos los estratos sociales acataron las disposiciones de la iglesia. Entre los postulados de la élite eclesiástica destaca que: Dios creo a la humanidad en el centro del universo con el propósito de ganar o perder la salvación según las normas y prácticas religiosas de los clérigos.  El individuo común no estaba calificado para determinar su condición a este respecto, ya que son los sacerdotes los que interpretan las “Escrituras” y decretan el camino para conseguir la salvación. Todos los acontecimientos fueron calificados como “la voluntad de Dios”. Ahora, comprendemos que no existían conceptos como el de las fuerzas geológicas, los cambios climáticos, y otros. Por lo que se creía que el mundo funcionaba exclusivamente por medios espirituales.

En los siglos XIV y XV, esta visión del mundo –la de los clérigos- empieza a perder vigencia como consecuencia de las acciones inadecuadas y la conducta irregular de los mismos, destaca, por ejemplo, violar los votos de castidad o permitir -por omisión- la conducta irresponsable de los representantes poderosos, los señores feudales, cuando éstos incumplían las leyes divinas. Sin embargo, a un grupo de fieles, la pérdida en la credibilidad de los clérigos les causa alarma, ya que, en aquel momento, se creía que éstos eran la única conexión entre el individuo y Dios. Se consideraba que eran los únicos capaces de interpretar las Escrituras correctamente, eran los intermediarios de la salvación a la que se aspira. Toda esta conducta irregular de la élite eclesiástica crea las condiciones para que se de una rebelión abierta en contra los devaneos de los sacerdotes y se forman nuevas iglesias basadas en la idea de que cada individuo puede acceder a las Escrituras e interpretarlas. Por la pérdida de credibilidad de los clérigos, el rompimiento de los paradigmas religiosos hace que los individuos de la cultura del mundo occidental queden en una posición incierta. Se ocasiona un trastorno grande y se cuestiona la antigua visión del mundo. 

Además, a finales del siglo XV, los astrónomos demostraron que el sol y las estrellas no giran alrededor de la tierra y que nuestro planeta es uno pequeño que gira en torno a una estrella, la cual hemos llamado sol, de una galaxia.  Por lo que la humanidad hubo de replantearse el lugar privilegiado en el centro del universo de Dios.

Con esta quiebra de dogmas religiosos, la sociedad de la época medieval necesitó nuevas definiciones y en especial la naturaleza de Dios y la relación del ser humano con Dios.

Con estas trasformaciones en el pensamiento, más los aportes de la ciencia –el método científico de observación- comienza la edad moderna, en la que se imprime un espíritu democrático y cierta desconfianza hacia las autoridades eclesiásticas. Por ende, las definiciones del universo basadas en la fe o en la especulación ya no son automáticamente aceptadas por todos los individuos. Además, se pierde la confianza en la autoridad, por lo que la sociedad no se arriesga a someterse a un nuevo grupo que lo controle con un pensamiento dogmático. Se pierde la certeza del mundo regido por Dios.

Continuará…

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