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Kamala: De ambos lados del muro

Evolución

Luego de la reciente visita de la Vicepresidente de Estados Unidos, Kamala Harris, a Guatemala, poco se puede decir en términos de resultados tangibles y acuerdos concretos. Ese mismo día la oficina de comunicación de la casa blanca emitió un comunicado identificado como “hoja de hechos”, relativo a la cooperación de Estados Unidos a Guatemala. Resalto el título porque implica que toma como tales, es decir, hechos, las acciones a tomar anunciadas en el documento, las cuales se dividen en cuatro áreas. Primero, el Departamento de Justicia creará una fuerza de tarea para investigar y perseguir casos de corrupción que tengan nexos en Estados Unidos. También proveerá capacitación y entrenamiento al Ministerio Público de Guatemala, singularizando a la FECI, para fortalecer la lucha contra la corrupción en nuestro país. Desde nuestra perspectiva, no debería haber mayores obstáculos para la formalización de un acuerdo de este alcance. Segundo, el Departamento de Justicia creará una fuerza de tarea para que sus agencias de seguridad identifiquen, desmantelen y eviten las operaciones de tráfico de migrantes y trata de personas hacia Estados Unidos, para lo cual compartirá información y realizará esfuerzos conjuntos con gobiernos de la región. A este respecto, estará por verse qué acciones conjuntas y acuerdos concretos se materializan. Tercero, el gobierno de Estados Unidos, por medio de su Agencia para el Desarrollo Internacional, proveerá hasta $40 millones a lo largo de tres años la Iniciativa de Empoderamiento a Mujeres Jóvenes, con el objetivo de crear oportunidades, primordialmente para mujeres indígenas. Cuarto, también por medio de su Agencia para el Desarrollo Internacional, destinarán $48 millones en cooperación para emprendedores e innovadores, en financiamiento para Destino Desarrollos para la construcción de 1,800 casas en Quetzaltenango, Cobán y Fraijanes, para apoyo a Agro Atlantic para un proyecto bananero, y para garantizar financiamientos, por medio de un banco local, para micro, pequeñas y medianas empresas en áreas del país con altos índices de emigración. En resumen, acciones relativamente menores en comparación a lo que diversos sectores en nuestro país esperaban o pedían, o si se compara con los objetivos y ofrecimientos trazados en el programa de Alianza para la Prosperidad.

Del otro lado del muro, la visita de Harris a Guatemala y México se entiende en un contexto diferente. Tanto Republicanos como Demócratas le critican el cambio diametralmente opuesto en su mensaje. En 2017 Harris publicó un tweet que decía “Dilo fuerte, dilo claro, todos son bienvenidos aquí”, en oposición a las restricciones migratorias impuestas a determinados países y a la construcción del muro fronterizo con México; mientras que en el discurso que recién pronunció en Guatemala su mensaje fue “No vengan, no vengan. Estados Unidos continuará haciendo cumplir sus leyes y asegurando sus fronteras … desalentaremos la migración ilegal y considero que si llegan a nuestra frontera, serán retornados.” Los Republicanos le reprochan el doble discurso a conveniencia política, a la vez que señalan a la administración Biden-Harris como los responsables del influjo migratorio desbordado y de la crisis en la frontera por haber dado señales que las políticas de control y seguridad fronteriza serían relajadas, algo que el propio Presidente Giammattei también argumentó en una entrevista concedida al programa 60 minutos de la cadena CBS. Por su parte, los Demócratas, particularmente las miembros del squadque representan la facción más extremista y recalcitrante del partido de izquierda, le recriminan haberse pronunciado de forma más enfática en contra de la migración ilegal. El Partido Demócrata se ha valido de mantener una percepción de ser más abierto a la migración para capitalizar una buena parte del voto hispano, el cual ha sido útil para su éxito en términos electorales. De hecho, Estados Unidos tiene un sistema electoral bastante informal y poco riguroso si lo comparamos con otros países desarrollados, e incluso el nuestro. Su constitución establece que cada estado valida sus procesos electorales y en muchos de ellos, basados en un sistema de honor, no se exigen mayores formalismos para votar y, en algunos casos, ni si quiera prueba de ciudadanía. Por ello es que en varios estados hoy se libran batallas campales sobre líneas partidarias para establecer mecanismos básicos de registro y sufragio anticipado o por correspondencia, como en Georgia, por ejemplo, dada la reciente controversia. Tal es la polarización sobre el tema que incluso la cultura de cancelación impuesta con ínfulas de superioridad moral desde Hollywood o en las prominentes ligas deportivas han saboteado proyectos y eventos en el estado como protesta. Por otro lado, los demócratas son conscientes que los votantes neutrales o independientes, que inclinan la balanza en las elecciones, ven con consternación la crisis actual y que tampoco verán con buenos ojos políticas de fronteras abiertas. 

Y ese es el dilema que enfrentan los demócratas, cómo no decepcionar a sus propias bases y al mismo tiempo cómo no alienar a quienes son clave para su continuidad en el poder. Por eso es que tienen que dar la apariencia de estar haciendo algo, aunque no hagan mayor cosa. Harris, designada por Biden específicamente para este tema, no ha siquiera puesto un pie en la frontera para tener una apreciación de primera mano de la situación. Más bien hizo una visita relámpago a Guatemala y México, que en buena medida será inconsecuente en términos prácticos, porque los réditos que persiguen son políticos. Mientras, las soluciones a las causas raíz de la migración seguirán sin atenderse. Las declaraciones de intenciones, dotaciones de fondos a funcionarios corruptos o donaciones a oenegés que, en el mejor de los casos, en algo contribuyen, de nada o poco servirán. Mientras los guatemaltecos que se aventuran a migrar no tengan en Guatemala la oportunidad de generar los ingresos que sí pueden alcanzar en aquel país, lo seguirán haciendo. Y la única solución para ello es contar con certeza jurídica, infraestructura básica y condiciones de seguridad suficientes para atraer inversiones de capital masivas que impliquen oportunidades de empleo productivos y, por lo tanto, bien remunerados. Y no hay otra.

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