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La crisis nicaragüense y el silencio de la comunidad internacional

Barataria

En la década de los ochenta, después de años de dictaduras democráticas e inestabilidad política , los países centroamericanos a excepción de Costa Rica, iniciaron su camino a la democracia y dejando atrás años de represión, las nuevas generaciones naturalmente no pasaron estos años de represión y comprendo perfectamente que no lo entiendan, porque haber nacido en medio de algunas libertades no se compara con las épocas de que seguramente vivieron muchos centroamericanos.  El establecimiento de algunas garantías constitucionales y de una era democrática en la que se tuvo después de muchos años, elecciones libres para elegir los gobernantes era algo impensable en los años sesenta y setenta.

Sin embargo, las débiles democracias dieron lugar a un espejismo de libertad, justicia y derecho tristemente para los países centroamericanos la democracia se resume en acudir a votar cada cuatro años para elegir autoridades y legisladores y luego de ello no hay más.  Los gobernantes hacen lo que les viene en gana, cooptan instituciones, saquean las arcas nacionales mal utilizando los dineros públicos y luego de ello se pierden de vista.  La aspiración de muchos para llegar a ser funcionario público no es para servir al país, sino para enriquecerse con base a la corrupción y con ello se pierden grandes oportunidades de desarrollo.  Ni siquiera la pandemia logró ponerle un alto a la corrupción.  En medio de una crisis sanitaria sin precedente la voracidad ha sido palpable y aún la adquisición de suministros medidos, pruebas para determinar la enfermedad y la compra de vacunas no ha sido la excepción y los pobladores vivimos esperanzados a un mundo mejor.

Las aspiraciones de nuestros pueblos están truncadas, los jóvenes se debaten en el dilema de buscar nuevos horizontes fuera de nuestros países emigrando hacia otras naciones que ofrecen mejores oportunidades o quedarse a esperar un mejor mañana que no se sabe si vendrá.  Y siempre habrá la esperanza que el siguiente gobernante no será como el anterior, porque en realidad hemos visto tantos gobernantes que el siguiente es peor que el anterior, más corrupto y ha veces más descarado.

Los eventos electorales de estas incipientes democracias se han venido deteriorando por medio de muchas argucias descaradas, disfrazadas de legalidad, de “apego a derecho” y otras más.  Así fue como logró la reelección el actual presidente de Honduras, quien además esta señalado de los vínculos con el narcotráfico, o como nuestro actual presidente a quien hubo que descalificarles literalmente a todos los candidatos que tenían posibilidad de rivalizar una elección y de súbito subió del quinto lugar al segundo lugar para disputar la elección con la candidata perdedora como siempre.  Y en Nicaragua ahora se repite la historia de vergüenza de quien se aprovechó de una revolución legítima para eternizarse en el poder y no le han bastado haber manipulado desvergonzadamente las elecciones 2006, en contubernio con Arnoldo Alemán y que le llevó a controlar la Corte Suprema de Justicia y el Consejo Supremo Electoral, en beneficio de ambos, y a cambiar la Ley Electoral provocando una rebaja en el porcentual de votos para el candidato ganador.  Luego se dieron una serie de ajustes legales que le permitieron ganar la presidencia con un 38% de los votos válidos y de allí en adelante, se continuó con reformas legales que le permitió reelegirse una y otra vez en las elecciones de 2011 y 2016 cuyo mandato finaliza precisamente este año.  Y a la mejor usanza de los Somoza a quienes en algún momento de su vida combatió y criticó, ha hecho de su familia una especie de monarquía, con su esposa como vicepresidenta y la represión a la orden del día.

El hecho de que se avecinan los comicios presidenciales para el 7 de noviembre próximo, el señor Ortega ha iniciado su nueva estrategia vestida de “legalidad”, bajo una ley creada en diciembre de 2020 al cual hizo retornar a los serviles legisladores que tiene la Asamblea Nacional de sus vacaciones de Navidad para aprobarla en una sesión urgente y extraordinaria.  Esta ley, en realidad es una normativa con la que busca quedarse sin oposición para encaminarse a otra reelección ya que considera traidores a la patria a quienes se atrevan a cuestionar el sistema y con ello podrán ser perseguidos y capturados sin mayor procedimiento.

Si resulta preocupante lo que esta haciendo el gobierno nicaraguense, resulta peor como la comunidad internacional se queda callada ante tanta barbarie.   El señor Ortega se apresta a una elección sin oposición que segurametne ganara porque tiene a su lado las instituciones más importantes del país y con ello continuará por otro periodo más y la comunidad internacional ni siquiera exige la liberación de aquellos opositores que podrían discutirle las elecciones.

La utilización del sistema judicial para perseguir políticamente a los opositores, en connivencia con lo que puede hacer la autoridad electoral complaciente es un hecho en Nicaragua, pero también debería de crearnos una preocupación enorme, especialmente porque en nuestro país Guatemala nos estamos encaminando, en términos generales a lo mismo.  Tenemos un gobierno que tiene cooptadas las instituciones, el Tribunal Supremo Electoral es un servil del presidente y la Corte de Constitucionalidad es un hecho a qué grupo de poder pertenece, con estas dos instituciones controladas, se tiene fácil que el panorama electoral va a ser muy discutido.  Ya con la famosa aplicación del artículo 113 de nuestra Constitución, es fácil pensar que aquellos a quienes les han procesado por diversas razones y les han ligado a proceso penal, seguramente no podrán participar en la contienda electoral y con ello se va a producir lo mismo que ocurrió en las elecciones pasadas en las que nuestro presidente terminó disputando la segunda ronda electoral después de haberse quitado del camino a la señora Aldana, la señora Ríos, El señor Escobar y el señor Radford, entonces quien ahora es gobernante pasó literalmente del quinto lugar en el que ni soñaba con gobernar al segundo y con ello disputar la presidencia que finalmente ganó.  El panorama nicaragüense nos demuestra que al manipular las instituciones, es fácil llegar al poder, porque no nos permiten elegir entre los que queremos y los que participan, sino entre los que ellos nos dejan y que regularmente nos imponen lo cual sin duda es un robo a lo ultimo que nos ha quedado, nuestra incipiente democracia; porque lo que son recursos públicos, fondos para la pandemia y vacunas y se lo llevaron.

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