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Construyendo un nuevo mundo (Parte 3)

Debemos Saber La Verdad

Debemos mejorar las relaciones de los humanos para un nuevo mundo.

Al tratar de dilucidar la naturaleza del universo, comprendimos que teníamos que separar los hechos de la superstición, lo que implica que se debe obtener soporte científico para cada nuevo aporte. Todo debía tocarse y verse, así que todo lo que no pudiera demostrarse era rechazado. Se llegó a establecer que todo lo que ocurre en la naturaleza se hace de acuerdo con alguna ley natural y que todo acontecimiento tiene una causa física directa y comprensible. Se concluyó que el universo operaba siempre de manera predecible, porque -por mucho tiempo- fue lo único que pudo demostrarse (Isaac Newton). Las cosas que ocurrían en forma simultánea no tenían relación casual, sino que eran aleatorias. 

Después se produjeron dos grandes hallazgos, la mecánica cuántica y los enunciados de Einstein. Esta nueva perspectiva nos obligó a poner atención en los misterios del universo. Einstein nos mostró que lo que vemos como materia dura es –en su mayor parte- un espacio vacío en cuyo interior circula energía. Y la física cuántica ha demostrado que cuando se observan esas formas de energía a niveles microscópicos encontramos resultados asombrosos. Se ha demostrado que cuando se separan partículas elementales y se trata de observar como funciona, el acto de observación por sí mismo altera los resultados.

Parece ser que el ingrediente básico del universo es la energía maleable a la intención y expectativas humanas. Parece como si nuestras propias perspectivas y esperanzas provocasen que nuestra energía fluyese hacia el mundo y afectase otros sistemas de energía.

El ser humano descubrirá una nueva energía que forma todas las cosas incluyendo al propio ser humano. La percepción de esta energía se inicia con la sensibilidad de la belleza de la naturaleza. Las cosas bellas muestran más presencia, mayor nitidez de forma, exhiben más viveza de color, comparado con la opacidad de otros objetos menos atractivos.

El siguiente nivel de percepción, inmediatamente superior, es comprender como un campo de energía se cierne por encima de todo esto. Se debe prescindir del escepticismo y permitir cualquier vía posible para percibir los fenómenos más sutiles que existen, pero que en apariencia nos son obvios como los árboles, luz, etc. Para ver los campos de energía es propicio el amanecer hacia el oriente y la puesta del sol hacia el poniente.

La naturaleza –plantas, árboles, ríos, etc.– es un sistema de energía total. La integridad de los ecosistemas en torno a cada planta es un sistema vivo, por lo que todo organismo integrado dentro de él es único y la salud de cada una de las partes transmite su impacto al conjunto.  Entre más atención humana reciben, más potentes son estos sistemas o entre más virgen son los bosques o la naturaleza, más equilibrados son para obtener energía.

Esta energía es lo que la ciencia ha estado buscando, como elemento común, implícito, en toda la materia. Debe encontrarse una manera de medirla, para que la ciencia la acepte. También será aceptada hasta que muchos seres humanos sean capaces de verla por sí mismos.

El percibir los campos de energía comprobamos que la sensación de las cosas es más sólida, nos parecen más reales que antes de que comprendamos esta energía.

Los recientes descubrimientos de la física moderna explican que el universo es mucho más dinámico. Además, este universo funciona según normas mecánicas, en su primera acepción, pero también responde –sutilmente- a la energía mental que proyectamos hacia el. Si podemos hacer que las plantas crezcan mas rápido, tal vez pudiéramos hacer que ciertos acontecimientos ocurran más deprisa o mas despacio, dependiendo de cómo pensamos.

Los humanos tenemos que llegar a comprender el universo como esa gran reserva de energía dinámica y única, la cual nos puede nutrir y responder a nuestras expectativas. Sin embargo, tenemos que darnos cuenta de que hemos sido desconectados de la mayor fuente de esa energía y al aislarnos de ella, nos hemos sentido más débiles, inseguros y deficientes. Ante esta pérdida de energía, los humanos ansiamos recuperar y aumentar nuestra energía personal, y lo hemos hecho de la manera menos apropiada, robándosela psicológicamente a otros. Por lo que es importante deshacernos de esta rivalidad inconsciente la cual subyace en todos los conflictos humanos.

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