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Sin mascarilla

Pluma Invitada

Aquellos, como yo, que estamos en la ultima etapa de nuestras vidas, jamas imaginamos que viviríamos un episodio tan espantoso e inesperado como esta pandemia que vino a cambiarnos la vida y nos ha dado lecciones dignas de ser anotadas y reflexionar sobre ellas.

El uso de la ciencia y la tecnología llevadas a extremos imposibles de imaginar hace 50 años, trastocar células madre y las consecuentes clonaciones, la búsqueda incesante de bacterias para elaborar medicinas para enfermedades que no existen, crear vacunas para prevenir lo que no sabemos si va a ocurrir, es ya de suyo espeluznante, aunque se rodee de la búsqueda de un bien superior.  Pero llevar a la manipulación virus en laboratorios ‘’controlados’’ para ser utilizados en guerras biológicas, solo nos muestra el absoluto desprecio de la vida de todos los demás que pudieren considerarse mis enemigos.

Por supuesto que la ciencia, esa reservada para solo los países del primer mundo, las grandes potencias, que la historia nos ha demostrado no hay forma de que puedan vivir en paz.

Seria maravilloso que sus bombas inteligentes, drones o virus llevaran un chip con una lista exclusiva a los que puede aplicárseles el correctivo, no llega a tanto su especificidad y por lo tanto paramos siendo recipiendarios todos aquellos que no sabemos aun a ciencia cierta quien es nuestro enemigo y por supuesto estamos seguros que no tenemos amigos.

Existen fuertes evidencias de que el Covid 19 fue una creación artificial que se salió de control, así como serias acusaciones que se hizo por razones nada benignas o por lo menos que su motivación fuera el lucro.

Y Gracias, otra vez a la tecnología, que en pocas horas mueve miles de personas de Asia a Europa y de esta a America, sumado al silencio mortal de quienes sabían lo que pasaba y no alertaron, de la noche a la mañana el mundo se vio contaminado de tan rara enfermedad que ya ha infectado a unos 100 millones de personas y ha matado algo asi como 2.

Con el mundo ya jodido, sin discriminar si es primero o de cuarta, los que reparten el pastel ni lerdos ni perezosos se dieron a la tarea con la celeridad que las circunstancias demandan de encontrar la vacuna que matara al monstruo, incluidos los que lo crearon, y en tiempo récord, retardado un poco para que no apareciera en el mandato de Trump, la mágica pócima inyectable hizo su salvador arribo. Es cierto que se pasaron por el arco del triunfo los rigurosos protocolos para la certificación de cualquier medicamento nuevo, que llega a tardarse hasta 10 anos en estudios y pruebas, pero la cosa no estaba para delicadezas, y ademas no fuera a ser que como siempre hemos sido un rebaño la inmunidad se nos diera milagrosamente y la inmunidad de rebaño hiciera innecesario el uso de tan costosa vacuna.

Pero a pasar de todos los planes y estrategias para detener la pandemia, que solo evidenciaron que la OMS y la ONU, y su hijo tuerto el tal Covax, no sirven para nada, y ante el fracaso de las medidas adoptadas y que nunca fueron iguales en ningún país, los casos aumentaron exponencialmente.

Solución: vacunar masivamente, asi que sin el mas mínimo gesto de humanidad acapararon la gran mayoría de su producción para consumo de sus ciudadanos y un mínimo porcentaje fue vendido o donado a cuenta gotas.

Se quitaron la mascarilla, AMERICA para los AMERICANOS, Europa para los Europeos, asi que, sin importar la vida de los países pobres, su economías, su gente y su futuro negaron las vacunas, llegando al extremo de bloquear la importación de la Sputnik, con amenazas  e incluso evitando su certificación.

En un momento senil y/o romántico el presidente de los Unites lanzo al aire la idea de liberar las patentes de las vacunas para permitir que cualquier país con la capacidad instalada pudiera fabricarlas y aliviar la presión que pesaba sobre el mundo por la incapacidad de producir vacunas a la velocidad de la demanda.

Las grandes compañías farmacéuticas, Pfizer, Johnson, Moderna, Astra Zeneca pegaron el grito en el cielo, y con los mismos argumentos que han utilizado para prolongar las patentes a las que se les ha vencido el plazo de protección, que van desde desincentivar la investigación de nuevos productos, se desestimula la innovación, que no es un periodo suficiente para recuperar la inversión (gran parte del financiamiento fue estatal) etc. Etc., se negaron rotundamente, a través de sus lobistas mataron la iniciativa. No iban a permitir que sin saber el tiempo de inmunidad que cubren las vacunas, se perdiera el negocio de vacunar al mundo cada tres, seis, o nueve meses, no importan los muertos, ni la angustia ni nada, el lucro es primero.

Para ponerle la guinda al pastel, a ciencia y paciencia de sus respectivos países, las compañías de marras, dictaron una iniciativa de ley que deben aprobar los países que quieren adquirir vacunas, en la que se exime de cualquier responsabilidad por cualquier efecto adverso de la vacuna y traslada al país que la aplica de encargarse de indemnizar a los afectados, indemnizaciones tipo IGSS, paupérrimas.

Te doy pushitos hasta que vacune a mi población y la de mis iguales, y cuando te pueda mandar, como investigue muy poco y no se a ciencia cierta las reacciones adversas que pueda provocar la vacuna me eximes de cualquier responsabilidad por cualquier efecto negativo, que incluye la muerte, en cuyo caso se indemnizara con tres salarios mínimos.

Quienes puedan producirla debiera hacer suyas las patentes, Brasil ya lo hizo en el tema sida, y ver cómo nos salvamos usando lo que tenemos a nuestro alcance.

Los países del primer mundo se quitaron la mascarilla, los servicios de las deuda a organismos internacionales hay que pagarla aunque nuestras economías estén en rojo, nuestras obligaciones deben honrarse, las vacunas se pagan por adelantado, y sin disimulo nos demostraron que cómo las mascarillas somos desechables.

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