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Socializar ¿desde pequeño?

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El niño nace como un ser indefenso necesitado de atención y cuidado de los adultos para satisfacer sus necesidades biológicas, protegerlo de los peligros contra su vida y su salud, proporcionarle afecto, etc. Se puede decir, por lo tanto, que el niño nace inmerso en un grupo social que puede satisfacer sus necesidades básicas. Por otra parte, el grupo necesita del nuevo individuo para poder perpetuarse, para poder mantener sus valores, creencias, costumbres, etc. Esta transmisión de conocimientos acumulados en el grupo se hace a través de los agentes sociales.

¿Quiénes entran dentro de la clasificación de agentes sociales? Madre, padre, hermanos, familiares, compañeros, maestros; instituciones, como la escuela; medios de comunicación, como la televisión, las redes sociales (las cuales deben “pulirse” significativamente, desde edades tempranas) 

La socialización es un proceso interactivo entre el niño y los agentes sociales. En esta interacción el niño va a adquirir los valores, normas, costumbres, roles, conductas, etc. que le trasmite la sociedad en la que vive. ¿Qué agentes sociales podemos considerar prioritarios? Los personales e institucionales.

Las figuras del apego van a ser en la primera infancia, el principal vehículo de socialización del niño. En la interacción van a ir modelando las conductas infantiles haciendo que poco a poco se vayan ajustado a las expectativas de conducta socialmente aceptadas, a la vez propician la imitación de conductas al proporcionar modelos reales o simbólicos que transmiten de forma muy eficaz acortando considerablemente su proceso de adquisición.

Entre las normas sociales que los niños adquieren antes de dos años, están la colaboración al vestirse y desvestirse, el control de esfínteres, el manejo rudimentario de los cubiertos, los hábitos de comida, la comunicación por turnos, pedir cosas, escuchar, intercambiar objetos, etc., pero todavía no comprende el sentido de la norma social y esto hace que surja el conflicto entre lo que desea hacer y lo que le prohíben. 

Desde el nacimiento, el bebé va a ser objeto de múltiples acciones sociales que constituirán la base de sus primeras relaciones, relaciones que anticipan lo que será su futura vida social. Durante los primeros meses, depende exclusivamente del adulto para sobrevivir, tiene respuestas emocionales poco específicas: sensaciones de placer o displacer dependientes del estado de relajación o tensión que experimente. 

Al mismo tiempo, el grupo social donde nace el niño necesita también de la incorporación de éste para mantenerse y sobrevivir y, por ello, además de satisfacer sus necesidades, le transmite la cultura acumulada a lo largo de todo el curso del desarrollo de la especie. Esta transmisión cultural implica valores, normas, costumbres, asignación de roles, enseñanza del lenguaje, destrezas contenidos escolares, así como todo aquello que cada grupo social ha ido acumulando a lo largo de la historia. 

La forma en la que actúan estos agentes sociales, depende de numerosos factores contextuales, como la clase social, la ciudad, la zona geográfica, en que el niño nace y vive, y de determinados factores personales como el sexo, las aptitudes físicas y psicológicas, etc. Por tanto, el proceso de socialización es una interacción entre el niño y su entorno.

Esta interacción y su resultado, dependerá de las características del propio niño y de la forma de actuar de los agentes sociales.

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