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Reconociendo los pilares de la democracia

Tanmi Tnam

Líderes, académicos, gente inquieta en el campo de la política y diversas instituciones, hablan de democracia en Guatemala donde hay tres pueblos plenamente identificados que todavía no tienen alguna forma de participación en la toma de decisiones para la conducción adecuada del poder cuyos efectos deben ser en beneficio de toda la población. Las instituciones de derecho público que les corresponde trabajar por la democracia en nuestro país, cuentan con liderazgo que generalmente entiende la oportunidad de trabajar por los pueblos como la oportunidad para tener al Estado únicamente a su servicio.

En Guatemala, por el hecho de que en su territorio viven cuatro pueblos reconocidos por parte de varios actores, significa entonces que la democracia no se puede organizar solamente sobre un sector o sobre uno de los pueblos existentes. Después de tanto impacto negativo de la invasión, de la colonia y de la época republicana, es saludable dar paso a las reflexiones, al diálogo, a los debates para asumir el proceso conjunto entre pueblos para la organización de la democracia sobre los pueblos de Guatemala.

Los pueblos del mundo, han reflexionado sobre la mejor organización que tome en cuenta a todos al momento de construir la democracia en contextos multiétnicos. En el mundo actual, encontramos países donde está reconocido por ejemplo la autonomía de los pueblos, la regionalización o la representación en los poderes del Estado. El caso de Bolivia que cuenta con el Estado Plurinacional y Chile recientemente ha decidido tomar en cuenta la representación de pueblos originarios y de las mujeres para la redacción de la nueva constitución. En la actualidad, es necesario que los pueblos decidan sobre cuál es la mejor forma de organización que conviene a todos.

En el caso de Guatemala, la democracia solamente es posible con la participación y representación de los pueblos originarios en las estructuras del poder porque son verdaderos pilares que garantizan el ejercicio de la democracia, la justicia, la paz y el desarrollo.  En Guatemala, no es posible hablar y esperar el bienestar de todos cuando el Estado está al servicio de sectores que representan a un pueblo cuyo liderazgo, en muchos casos, es gente que practica la corrupción, el enriquecimiento personal, la injusticia y la práctica política que se sostiene sobre el individualismo, el egoísmo, el racismo, la persecución, el genocidio y el aprovechamiento del subdesarrollo para mantenerse en el poder. El Estado monocultural, con sus políticas de asimilación y de ladinización junto a prácticas de exclusión y de injusticia ha generado muerte lenta de culturas e idiomas, extrema pobreza y hambre que han hecho mucho daño a la vida de los pueblos originarios. Es necesario buscar las alternativas que hagan posible el reconocimiento de la dignidad de las personas y de los pueblos que sirvan de cimiento para proyectos políticos con base a los derechos individuales y colectivos. 

Corresponde a las hijas e hijos de cada uno de los pueblos de Guatemala desde su particular forma de vida aportar esfuerzo, conceptos democráticos, valores incluyentes, mentalidad que apueste por el respeto y reconocimiento de la diversidad en busca de la unidad, la confraternidad y la armonía que todos deseamos. El fortalecimiento de la identidad de cada pueblo es fundamento para todo proyecto político democrático porque los pueblos son pilares para la construcción de la democracia y el bien común y por lo mismo es tiempo de desterrar el racismo, la discriminación, el odio y la extrema pobreza.

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