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En la búsqueda de ese “algo” que me falta

Desde La Ventana De Mi Alma

En este tiempo de vuelta a la vida, cuando empezamos a marcar nuevos rumbos en este plano existencial, siento que ya no hay tiempo para cerrar las manos, ni los ojos, ni mucho menos el corazón, ya no hay tiempo para callar lo que sentimos en el caos de la existencia, ni lo que nos ofrece tan generosamente una nueva oportunidad en esta vida.

El alma quiere gritar lo que la inquieta, y se expande, y aunque tal vez en un momento sintió envejecer, hoy vuelve y se renueva y su ciclo es interminable e infinito.

Y este cuerpo que es la vasija que contiene su Luz, brilla, desde dentro con toda la fuerza que es capaz de dar y compartir, y nace el anhelo reprimido, más allá y más profundo de todo lo vivido- mirarte a los ojos, para que ellos me devuelvan no solo una mirada- sino un caudal de sensaciones indescriptibles y misteriosas, el poder de comulgar en un mismo templo, en un mismo ser, donde la dualidad se transforme en una.

Que corto parece el camino recorrido, porque hemos tenido alas en el alma, y sin darnos cuenta hemos marcado huellas, en el plano de nuestra existencia, con pasiones, penas, alegrías, miedos, confusiones, ilusiones que hemos experimentado, desde nuestra mente meramente humana.

Y solo podremos describirla cuando calamos hondo, en nuestra psiquis y hacemos un recuento de todo ello, y descubrimos que también podemos nutrirnos de intangibles.  El alma es entonces todo aquello.

Y en esta búsqueda tan necesaria, imperiosa, algo dentro mío me demanda, como una voz que me llama en el tiempo, más allá de la distancia, que dice mi nombre y tu nombre, porque no quiere perderme, porque desde un hilo invisible, dulcemente me ata.

Esa búsqueda incesante siempre está latente, aunque no lo parezca, estamos quietos, como un felino en la penumbra, dormitando bajo la luna, intentando descifrar el origen de nuestros destinos, y tratando de encontrar aquello que nos separa de lo que debimos haber sido, y con toques suaves recibimos lo que somos.

Y por esa búsqueda entramos en esos espacios desconocidos, senderos, laberintos, montañas, pantanos y desiertos, el Getsemaní que recorre el alma; y sin saberlo nos extraviamos en aquella búsqueda de lo que ahora somos y de lo que no sabemos seremos.

Pienso que si encuentro ese “algo” sería bueno, aunque creo que parece que nuestro fin no es encontrar, sino buscar constantemente, porque la búsqueda resulta tan extasiante, y no queremos que termine, porque es como que, si se terminaría también la vida, el sentido de vivirla.

Necesito siempre estar en esta búsqueda, en este afán de encontrar poco a poco, lo que me vaya llenando el alma, que tenga donde afirmarme en mi postura existencial, con lo que he escogido para este viaje, a lo largo de esta vida.

Es posible que un día, al borde del destino, en el umbral de esta existencia, y ya agotada, mis pies pidan descansar, cuando el refugio me espere al final del horizonte; entonces, me daré la vuelta para buscar en el camino andado, todas las razones para cerciorarme de que la vida, ha sido buena y valió la pena vivirla, que aunque fui muriendo lento y dulce, la realidad es como un misterio del alma, y la muerte también es parte de esa búsqueda incesante, que me abrirá aquella puerta, para mostrarme ese “algo ” que me hacia falta.

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