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La Marsellesa

Editado Para La Historia

Los himnos son canciones o marchas que están hechos para enaltecer y levantar los ánimos. Cada país del mundo tiene su himno, que es uno de los símbolos patrios, al lado del escudo y la bandera. Entre todos los himnos del mundo, decididamente el más conocido es la Marsellesa, himno de Francia.

Hay que reconocer que es un himno hermoso, muy viril, con una letra quizás un poco pasada de moda para nuestros tiempos más pacíficos, pero decididamente un muy hermoso himno. Hoy les quiero contar su historia. Resulta que el himno de la República fue escrito por un monárquico, un joven oficial que creía en la monarquía. Tampoco debería llamarse la Marsellesa, más bien debería llamarse la Estrasburguesa. Pero mejor me explico.

Aún reinaba Luis XVI, los revolucionarios habían impuesto una constitución, como ya era el caso desde hacía bastante tiempo en Inglaterra; es decir, el rey reina, pero no gobierna, firma las leyes, pero no las hace. A pesar de todo, había muchos revolucionarios a los que ni siquiera este arreglo les convenía. De plano querían una república y erigida sobre la sangre de los monarcas. Los medios para lograrlo fueron en ocasiones muy crueles, podemos recordar en particular el periodo de la revolución francesa que pasó a la historia con el nombre de El Terror.

Por un sí o por un no cualquiera podía pasar a la guillotina. Una denuncia anónima bastaba para encontrarse con la cabeza en la cesta de mimbre separada del cuerpo. Ante la animosidad que existía en el imperio austríaco a la revolución francesa, el rey francés se vio en la obligación de declarar la guerra al país de dónde venía su esposa María Antonieta, el imperio austriaco. Implicado en la contienda también estaba el Reino de Prusia, aliado del imperio austriaco. Con eso tenían monarquistas y republicanos la oportunidad de compartir el mismo ideal: la defensa de la Patria.

Allá, en el este de Francia, en la ciudad de Estrasburgo, el alcalde de la ciudad, el barón Philippe Frédéric de Dietrich (que terminó en la guillotina él también), lanzó un concurso para crear una canción que les permitiera a los ejércitos del Rin, como se llamaban los ejércitos acantonados en esta zona del país, ir al campo de batalla para defender las fronteras de Francia. Esa noche y como se usaba en la época en que no había ni televisión ni electricidad, hubo una tertulia en casa del alcalde y habló a los invitados del concurso que había lanzado esa mañana.

Entre los invitados había un joven oficial de ingeniería militar con fama de Don Juan acantonado en la ciudad. Este joven en el pasado ya había compuesto algúno que otro canto militar. Su nombre era Claude Joseph Rouget, conocido como de Lisle. Al terminar la velada a medianoche, caminando hacia su casa en el 81 de la Grande Rue de Estrasburgo, pudo leer uno de los múltiples carteles en los que se llamaba al reclutamiento. Uno de los carteles decía “Allons enfants de la Patrie…”, “Adelante hijos de la Patria…”.

Esta proclama fue la que utilizó Rouget de Lisle como primera estrofa para un himno que compuso en solo 5 horas durante la madrugada del 25 al 26 de abril de 1792 y al que le dio por nombre “Canto de guerra para el ejército del Rin”. Algunos musicólogos dirán más adelante que el tema principal de la melodía sale de algunos compases del primer movimiento del concierto número 25 para piano y orquesta de Mozart. Otros encontrarán versos similares en los poemas de algún clásico griego. El hecho es que, a la mañana siguiente, cuando presenta al público estrasburgués su obra, la exaltación fue enorme.

Y no era de extrañar: este himno tiene todo lo necesario para acrecentar los amores patrios. En esos días, desde la ciudad de Montpellier, donde había terminado estudios en la facultad de medicina, había llegado a Estrasburgo un joven llamado François Mireur. Partió con la partitura del nuevo Canto de guerra a su ciudad natal, de allí salió a Marsella desde donde un grupo de soldados viajaría a pie durante 20 días para llegar a París con el fin de conmemorar el aniversario de la toma de la Bastilla. Solo que ya el nombre había cambiado, ahora el himno se llamaba “Canto de guerra para los ejércitos de las fronteras”.

Al llegar a París los marselleses que entonaron este enaltecedor himno rápidamente fue adoptado por los capitalinos. Esa fue la canción de moda del verano 1792 en París. Se cantaba por doquier: en las plazas, en el entreacto de las piezas de teatro y los parinos comenzaron a llamarla “La Marsellesa”. La Marsellesa ha sufrido altas y bajas durante su historia. Ha sido acomodada a todas las salsas, muchos se han apropiado de ella y fue empleada hasta en revoluciones de izquierda como la bolchevique de 1918.

Durante su historia, podemos decir que a la llegada de Napoleón la prohibió y creó su propio himno. Con la restauración Luis XVIII también fue prohibido este canto demasiado revolucionario para los oídos del nuevo monarca. Lo mismo sucedió con los reyes Carlos X y Luis Felipe de Orleans, los reyes que le seguirían. Durante el segundo imperio Napoleón III también prohibió la Marsellesa.

Sin embargo, durante los levantamientos en arma del pueblo de París, como en el de 1830 durante las jornadas que la historia francesa nombra “las tres gloriosas”, fue el himno que cantaba los amotinados. Fue en ese momento que el gran compositor Héctor Berlioz creó una hermosa orquestación muy interpretada hasta el día de hoy. Huelga decir que también fue el himno durante la Comuna de París. 

Con el advenimiento de la tercera República en 1871 nuevamente resurge este canto y es, a partir de este momento, que fue adoptado como himno de la burguesa República francesa. El tema de la Marsellesa ha sido utilizado por otros compositores como Debussy. Seguramente recordarán la muy famosa película de Casablanca, cuando los oficiales alemanes cantan un himno alemán en el Rick’s Café y todos los franceses y extranjeros allí presentes cantando la Marsellesa apagan las voces de los alemanes.

Obviamente, en esa escena Ingrid Bergman solo tenía ojos para Humphrey Bogart. Chaikovski tomó el tema de la Marsellesa para simbolizar a las tropas napoleónicas en su Abertura Solemne 1812. Incluso los Beatles la tomaron para comenzar su canción “All we need is love”. Cuando escuchemos la próxima vez este hermoso himno republicano recordemos que fue escrito por un monarquista y que debió haber llevado como nombre La Estrasburguesa.

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