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Programas de género en Pakistán y fútbol mediocre en Guatemala

Evolución

No es la mediocridad de nuestro fútbol lo que debería preocuparnos. Lo que sí debería preocuparnos es no sólo cuánto nos cuesta, sino también cuánto perdemos, por mantener ésta y tantas otras actividades fútiles e innecesarias.

Una vez más la selección nacional de fútbol no ha defraudado en decepcionar a los seguidores de ese popular deporte, destruyéndoles, consecutivamente, la ilusiones de clasificar al menos a la octagonal final de la eliminatoria mundialista y a la fase de grupos de la Copa Oro. Digo clasificar, porque nadie en sus cabales piensa que nuestro fútbol, en su actual nivel inferior al de islas caribeñas que ni si quiera tienen ligas profesionales, sea capaz de clasificar a una Copa del Mundo o trascender en la Copa Oro.

Pero, en realidad, no es la mediocridad de nuestro fútbol lo que debería preocuparnos. Lo que sí debería preocuparnos es no sólo cuánto nos cuesta, sino también cuánto perdemos, por mantener ésta y tantas otras actividades fútiles e innecesarias sacrificando recursos que de mucho servirían para crear empleo y riqueza, trasladándolos al “estado” por la vía forzosa de los impuestos para que se encargue de darnos fútbol o cualquier otra apetencia u ocurrencia. Traté de investigar sobre cuánto nos cuesta esta peculiar afición y la información más inmediata que encontré en la página de la Federación Nacional de Fútbol es que cuenta con un presupuesto anual de alrededor de Cuarenta millones de Quetzales. Imagínese ese dinero en manos privadas siendo utilizado productivamente estimulando el desarrollo y crecimiento económico. Ahora multiplíquelo por cuanto programa absurdo, innecesario e injustificado le hemos encomendado al “estado” como parte de las “necesidades” que ilusoriamente aspiramos a que nos provea. El producto sería decenas de miles de millones de quetzales perfectamente desperdiciados.

Hace mucho tiempo que se perdió la dimensión de lo que el “estado” debe, y no debe, hacer. Hace mucho tiempo que dejamos de entender cuáles son sus funciones legítimas y justificables y le otorgamos la potestad de expoliar el fruto de nuestro trabajo y esfuerzo para financiar exigencias de grupos y sectores específicos, así como de políticos corruptos, a nuestras expensas. Hace mucho tiempo que el socialismo, sobre la base de haber romantizado el concepto, se enraizó en nuestra sociedad. Socialismo en su versión más subrepticia, el que la mayoría de gente ingenuamente alaba, y no necesariamente en su extremo totalitario como el que padecen Cuba y Venezuela, y hacia el cual muchos perfectos idiotas latinoamericanos quieren encaminarse. Socialismo que, en términos reales, no significa otra cosa que dispersar (socializar) entre la población el costo de satisfacer los deseos de un grupo o interés reducido, para que nadie se dé cuenta realmente, o repare, sobre lo que a la larga le cuesta el “estado” y cómo le afecta a cada quien en lo personal.

Hace unos meses publiqué un artículo en el cual exponía que el gobierno de Estados Unidos implementó un programa de Un mil cuatrocientos millones de dólares denominado “Iniciativa de Reafirmación a Asia”, dentro del cual se destinaban Diez millones de dólares para “Programas de Género” en la “República” (ni de chiste) Islámica de Pakistán. Sigo sin entender en qué beneficiará ello a los taxpayers estadounidenses que pagan la cuenta. Me imagino que la explicación será la misma que la del beneficio que obtenemos los guatemaltecos de financiar nuestra mediocre selección de fútbol. Y téngase claro que no me refiero a que el “estado” le dé un “mejor” uso a esos recursos; me refiero a que el Estado nunca los tenga. Reitero lo dicho en ese artículo: Sólo hay dos formas de entender que el socialismo no funciona, una, usando el cerebro; dos, cuando ya es demasiado tarde.

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One Comment

  1. #SOSCUBA - ElSiglo #SOSCUBA - ElSiglo 15 julio, 2021

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