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La revolución de los anónimos

En Campaña

Dicen que el momento más oscuro de la noche es justo antes del amanecer, claro que en ese lapso de angustia uno nunca sabe si el instante que viene traerá un nuevo nacimiento del sol o si aún se prolongará e incluso aumentará la oscuridad de la jornada. Ante eso las palabras que el expresidente uruguayo recitó poco después de que el Frente Amplio perdiera la elección nacional en 2019: no te rindas.

“No hay que rendirse jamás. Es necesario luchar para darle al pueblo el derecho de votar con conciencia”. Estas palabras, cuyo autor perfectamente pudo ser Tabaré Vázquez, que podrían haber sido proferidas en las recientes elecciones peruanas, bolivianas o mexicanas, que se adaptan al momento actual que viven Paraguay, Chile, Colombia, Honduras, Nicaragua y Haití, las dijo el exmandatario brasileño Lula Da Silva al diario argentino Página 12, en una entrevista publicada el pasado 4 de julio. 

Ese concepto de lucha se adapta perfectamente también a la recolección de firmas que realizó parte del pueblo uruguayo, en plena pandemia, para llevar a referéndum la Ley de Urgente Consideración que promovió el gobierno conservador de Luis Lacalle Pou. Más de la cuarta parte del padrón electoral plasmó su rúbrica contra la normativa, y a pedido de esos casi 800 mil anónimos ahora deberá ser debatida y dirimida en una consulta popular.

“El retroceso que nosotros vivimos en América del Sur empieza a ser recuperado con la victoria de Alberto Fernández en Argentina, con el regreso de Luis Arce al gobierno de Bolivia, con la victoria de Pedro Castillo, en Perú.  Y poco a poco vamos tratando de mostrarle a la sociedad que la democracia tiene que ser ejercida en toda su plenitud y que solo tiene sentido si en ella están incluidas las personas más pobres, las más necesitadas”, le dijo Lula al diario argentino.

Más allá de diferencias ideológicas que puedan mantenerse con el líder brasileño no está en discusión que América Latina ha sufrido un gran retroceso en este último tiempo y que en la mayoría de los países es coincidente con la propagación de la pandemia y con el advenimiento de gobiernos conservadores que gestionaron este período de crisis priorizando la economía y los beneficios para los más poderosos, muchos de los cuales siguen enriqueciéndose aún en este contexto dramático. 

Esas políticas llevaron a que miles de anónimos expresaran su rechazo de una u otra forma: empezaron a proliferar protestas en varios países de la región, siendo quizás las más notorias las que sucedieron en Colombia, debido a la desproporcionada y sangrienta represión de la administración de Iván Duque.

Pero también surgió otro tipo de manifestación, a través de otras herramientas democráticas. En Chile, por ejemplo, se eligió una Convención Constituyente, encargada de redactar una nueva Constitución que suceda a la aprobada durante el gobierno de facto del dictador Augusto Pinochet, y para sorpresa de muchos y beneplácito de otros, un gran porcentaje de los electos resultaron ser ciudadanos provenientes de la matriz social, sin militancia político – partidaria.

También es importante reseñar lo importante que resultó en este contexto regional la recolección de firmas que llevaron adelante en Uruguay los trabajadores y las organizaciones sociales para derogar la Ley de Urgente Consideración del gobierno. Una iniciativa que –contra todos los pronósticos– se alcanzó más por impulso de la militancia que por el liderazgo de actores políticos.

Los militantes anónimos y muchos de los eternos postergados se están convirtiendo en protagonistas destacados de la historia regional. Saben que cuando se organizan detrás de causas que consideran justas son capaces de vencer los obstáculos más empinados y obtienen objetivos políticos que parecían inalcanzables. Cumplen el mandato de Tabaré y siguen el consejo de Lula: No se rinden. 

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