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Construyendo un nuevo mundo (Parte 7)

Debemos Saber La Verdad

Los humanos debemos proyectar energía positiva a otros humanos, pero no debemos volvernos adictos a los demás para no ser frenados en nuestra propia evolución espiritual.

A los seres humanos menores -niñez- no les debemos drenar o quitar su energía, para no crearles “farsas de control”. Al contrario, debemos darles toda la energía que los humanos jóvenes necesitan cualquiera que sea la situación, y los adultos debemos asumir esa responsabilidad. Los jóvenes deben conocer el mundo a través de los humanos adultos, para evitar que los hagan agrupados en bandas o través de otros jóvenes con mala información.  Es necesario que exista, un control del número de hijos que cada humano tiene, sobre todo para poder atender a cada uno con responsabilidad y darles toda la energía que necesitan.

Los humanos debemos aprender a ampliar nuestras familias mas allá de los lazos de sangre, proporcionando atención a todo ser humano que se cruza en nuestro camino. La energía de los jóvenes no tiene que proceder únicamente de los padres, pero la atención se les debe dar a cada uno de manera individual. Además, debemos pronunciar y enunciar siempre la verdad, utilizar un lenguaje coherente para que, sobre todo, los jóvenes capten energía positiva. Al realizar lo anterior se les da a los jóvenes suficiente energía y se crea un vínculo para que continúen su senda para que cuando sean humanos adultos les sea más fácil obtener su propia energía de la naturaleza y el universo.

Uno de los niveles críticos de la energía es el final del éxtasis y de la euforia del amor en pareja. Luego de todo este flujo positivo pasa, en ocasiones, repentinamente a convertirse en un conflicto por el flujo de energía entre los seres humanos implicados.  Al inicio, cuando nace el amor, los humanos en forma individual están dando energía al otro ser, a veces, inconscientemente y ambos humanos se sienten exaltados y vigorosos, es lo que llamamos enamorarse. Cuando confían en esta sensación, la energía proviene del otro humano y se desconectan de la energía del universo y empiezan a recurrir, en forma ampliada, casi en exclusividad, a la energía del otro humano. Sin embargo, llega un momento en el cual no hay suficiente energía y, por lo tanto, se la dejan de transmitir y vuelven a creer en sus “farsas de control” y en un intento de extraer energía del otro sin reciprocidad, se llega a un forcejeo del poder y del dominio sobre el otro, situación que lleva al desorden y la violencia.

La susceptibilidad de los humanos a este tipo de adicción puede ser descrita psicológicamente. Como lo hemos manifestado, todo empieza en el seno familiar de cada uno, como consecuencia de la competencia por la energía que hay entre los miembros de las familias y que, en la mayoría de los casos, ningún miembro es capaz de completar un proceso psicológico significativo. Los humanos no hemos sabido integrar nuestro opuesto sexual en la infancia, por ejemplo, la niña se siente atraída al padre y el niño a la madre. Uno de los principales motivos para caer en una adicción con una persona del sexo opuesto es que no hemos accedido a la energía del sexo complementario, al contrario, solo nosotros hemos aportado esa energía para la adicción. Los humanos debemos de ser cautelosos, ya que el proceso de integración al opuesto sexual requiere tiempo.  En ese sentido, si nos conectamos prematuramente en una fuente humana para obtener nuestra propia energía -masculina o femenina- cerramos el origen de la energía universal. Algunos padres han competido con sus hijos por la energía y eso ha afectado a todos los miembros de la familia.

La energía mística que podemos aprovechar los humanos como fuente interna es a la vez masculina y femenina. Los padres deben mantenerse al margen de la competencia por la energía, al contrario, deben abastecer a los hijos de energía positiva. Si son abiertos y les enuncian la verdad a los hijos, éstos verán a los padres como seres humanos dotados de sus propias virtudes y defectos. Una vez dada esta transferencia, tiene lugar la auténtica emulación, los hijos entran en una transición que los lleva a recibir la energía de los padres del sexo opuesto como parte de la energía total que existe en el universo.

Hasta la actualidad, no hemos resuelto, en su totalidad, la energía del sexo opuesto, todavía estamos en la etapa que buscamos energía del sexo opuesto fuera de nuestra identidad, creemos efímeramente que una persona se convierte en el ideal y es mágica por eso pensamos que la podemos poseer sexualmente. Cuando empezamos a evolucionar espiritualmente recibimos energía de nuestro sexo opuesto, la cual procede de la energía del universo, pero debemos poner atención ya que la energía directa del otro ser humano nos puede desconectar de la fuente genuina el universo.

Al completar el círculo con otro ser humano nos produce una sensación de euforia, sentimos la plenitud causada por la conexión sublime con el universo, es como unirse a otro ser humano que busca en su entorno y su otra mitad.

Los componentes fundamentales de este círculo son dos humanos, los cuales para construirlo han aportado uno la energía femenina y el otro la masculina. Este nuevo ser humano tiene dos cabezas, dos egos y, por ende, ambos desean gobernarlo así, como en la infancia, los dos jóvenes quieren mandar el uno sobre el otro.  Esta sensación sublime del amor puede acabar en pugna por el poder y, por lo tanto, en violencia.  Luego, lo que sucede es que cada ser humano debe prescindir del otro, para que le sea posible conducir su propia entidad humana hacia donde desea, nadie desea estar subordinado a otro ser humano.

Una vez, como humanos, hemos logrado completar el círculo nosotros solos y estabilizar nuestra comunicación con el universo, tenderemos una relación concluyente al conectarnos sentimentalmente con otro humano, en consecuencia, crearemos un ser humano superior, sin desviarnos del camino de nuestra evolución individual.

Todo lo anterior nos ayuda a tener relaciones con el sexo opuesto, como las que debemos tener con los padres en una infancia ideal, en las relaciones con el sexo opuesto se deben revelar completamente los seres humanos a sí mismos, que expresen cómo y por qué se relacionan de la manera como se manifiestan con el sexo opuesto. Como corolario, si uno comprende quienes son en esencia los humanos del sexo opuesto, escapará de la proyección de sus propias fantasías sobre la relación y con ello se liberará, para conectarse al universo de una forma espiritual.

Cada ser humano que se proyecta espiritualmente debe superar las relaciones que lo aíslan de la fuente de energía: la naturaleza como contexto integrado al universo.

Los seres humanos -espiritualmente evolucionados- deben experimentar, en soledad, una sensación de euforia y bienestar, misma que se siente al iniciar una relación de mutua filiación con el sexo opuesto, la cual, luego de las coincidencias y revelaciones, trasciende hasta encontrar la relación sentimental de reciprocidad espiritual con el sexo opuesto.

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