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El racismo

Tanmi Tnam

Tuve la oportunidad de leer el libro “Racista yo” de Miguel Ángel Sandoval, en donde él expone de manera magistral el racismo que hay en nuestro país en distintos espacios. Señala con claridad el caso de los diputados racistas que no avanzaron en la discusión del artículo 203 de la Constitución Política acerca de la posibilidad de tomar en cuenta la administración de justicia por parte de las autoridades comunitarias mayas haciendo uso de sus propias normas de convivencia. Estas normas circulan en las familias y son las autoridades comunitarias las responsables de su aplicación. En la realidad, son las autoridades comunitarias quienes administran justicia en muchas de las comunidades locales durante las veinticuatro horas, todos los días y en el idioma de la comunidad. Sin embargo, el Estado Racista no reconoce su uso. El autor de Racista yo con mucha razón dice “si algo existe en nuestro país es profunda desigualdad, racismo y sobre todo, exclusión social, política, económica y cultural de los pueblos indígenas”.  El país reflexionó suficiente durante el diálogo por la paz, pero los poderes del Estado poco han concretado en cuanto a medidas que deben eliminar la discriminación en toda la administración pública y en los poderes del Estado. Es necesario recordar que, la reforma de la Constitución Política para tomar en cuenta a la población indígena, partidos políticos, líderes religiosos y politiqueros alzaron la voz que no era necesario tomar en cuenta a los pueblos indígenas porque argumentaban la división del país.

Miguel Ángel Sandoval se refiere en su libro acerca de las ventanillas indígenas que se han creado para atender a algunos derechos de los pueblos indígenas. Reconoce él que estas ventanillas tampoco han funcionado para atender las necesidades específicas para las cuales fueron creadas. Es de mencionar problemas de presupuesto, mínima cobertura y falta de personal competente debido a la asignación de los puestos por compadrazgos políticos. Al ser instituciones oficiales tienen dificultades para demandar las acciones que deben atender las necesidades educativas, económicas y de racismo que abunda en el país. 

El racismo en Guatemala, está presente en las instituciones del Estado, en las distintas iglesias, en los puestos de salud, en las escuelas de todos los niveles y en las universidades. Basta con tomar cualquier libro de lectura de la escuela primaria, del nivel medio o de la educación superior para darnos cuenta del trato que reciben los pueblos originarios por parte de la educación escolar. Es increíble que por el hecho de hablar idioma español muchos guatemaltecos consideran que pertenecen al pueblo que es considerado superior a quienes hablan idiomas indígenas. Abundan expresiones de humillación, desprecio y de odio en distintos espacios y todo transcurre sin reparar en soluciones que hagan de nuestro país un lugar de confraternidad, hermandad y justicia. 

La población discriminada está acostumbrada a recibir el trato racista todos los días y en cualquier lugar, por ejemplo, en las iglesias, donde la práctica de la espiritualidad maya es calificada de acto de brujería y obra del demonio. De las circunstancias en que viven los pueblos originarios no hay preocupación por la eliminación de los hechos de racismo y muy bien lo dice Sandoval al afirmar que “no se conoce nada de las condiciones en que viven los antiguos dueños de este país y actuales marginados, sometidos a un Apartheid de hecho”. El Estado de Guatemala debe asumir el compromiso de eliminar el racismo en todas las instituciones oficiales y privadas.

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