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Rastreadoras de Vida

Conexión México

Plantadas con el alma en las manos, en estas mujeres no hay edad, sólo hay una esperanza. Encontrar con vida a sus hijos, maridos, hermanos y familiares desaparecidos en diferentes circunstancias.

Con pico, pala y uñas desgarradas, estas guerreras recorren Sonora excavando la tierra con el coraje de hacer visible la justicia ausente en la que hoy se hayan miles de desaparecidos en México. 

Con el dolor a cuestas tras la desaparición de sus dos hijos, Ceci Flores Armenta decidió en 2019 emprender la propia búsqueda de ambos.

Fue así como inició un doloroso recorrido por los lugares menos imaginados. A ella se fueron sumando mujeres, unidas por el deseo de encontrar a sus hijos vivos o muertos.

A dos años de haber emprendido esta riesgosa labor, Ceci consolidó el Colectivo Madres buscadoras de Sonora que hoy cobija a muchísimas otras mujeres unidas por el dolor y la esperanza.

Hace tiempo, que en el norte del país, las mujeres han tomado la batuta de hacer lo que las autoridades ignoran: Buscar a los desaparecidos. 

En los últimos 15 años, se calcula que en México han desaparecido más de 90 mil personas, una gran parte de ellos, como consecuencia de las confrontaciones internas entre los cárteles de la droga y las vendettas con autoridades gubernamentales, sin dejar de mencionar las redes de trata de personas.

En Tijuana, Sonora, Sinaloa, Tamaulipas y recientemente Michoacán, se ha levantado la voz de decenas de madres buscadoras que con lo más elemental y con los recursos que tengan a la mano, emprenden el peligroso peregrinar con los datos que van recolectando en las redes sociales, con conocidos y hasta con extraños.

Estas mujeres han estado mucho tiempo en un anonimato ingrato que a la sociedad nos debe mover y empujar a visibilizar.

La vida de cada una de estas mujeres está en constante riesgo por lo que implica salir, caminar desde el amanecer y hasta el anochecer, viajar, excavar, preguntar, investigar.

La dimensión de la labor de las buscadoras de Sonora y de muchos otros lugares las convierte en guerreras de la vida y el destino.

En este peregrinar han encontrado decenas de fosas con restos humanos. Han recuperado restos de personas que han sido identificadas.

Con sus propios recursos han buscado asesorarse de especialistas en medicina forense para tener las herramientas elementales de cómo buscar y dónde buscar.

El tema de las desapariciones en México ocupa un bajo reflector de parte del gobierno en turno, quien ignora las voces de estos colectivos que hoy son una realidad.

Todas estas heroínas de las búsquedas han ido recobrando visibilidad gracias a hechos desafortunados como la muerte de algunas de ellas, quienes se han quedado en el camino y han sido ejecutadas antes de poder recobrar a sus hijos. 

Son tiempos difíciles para las mujeres en un México donde la ausencia de justicia y la impunidad facilitan las desapariciones, ejecuciones y los feminicidios.

Son tiempos donde llamamos a esta sororidad desde cualquier espacio y medio para arroparnos entre mujeres. 

Cierro este texto resaltando la fuerza de Ceci Flores Armenta como Madre Rastreadora de Sonora y citando a otras tres grandes mujeres que murieron en la búsqueda de sus seres queridos, pero hoy han dejado una gran huella: 

Aranza Ramos ejecutada hace unas semanas en Sonora, Miriam Rodríguez Martínez, ejecutada en Tamaulipas y Marisela Escobedo, ejecutada en Chihuahua, así como decenas de mujeres que desde el anonimato siguen buscando a sus hijos.

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