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Esperando a Guatemala

Sueños…

Podrá Guatemala avanzar, lo estamos esperando. Este es un país mágico en una región llena de diversidad y belleza. Los problemas acumulados y las protestas histórica nos llevaro una vez más al portalito y para echarnos unas chivolas, acompañadas de tostadas de guacamol, frijoles o salsa, que son una fortaleza para las tristezas y el desánimo.

El martes pasado, para que no digan que no trabajamos, me junte con el Tecolote y Jaibas, amigos de la eternidad, y nos pusimos a conversar del momento actual de Guatemala y la solución a sus problemas. Lo que nos deja anonadados, es que los problemas son los mismos desde hace 500 años.

Primero, nos recordamos de todos los caminos de Guatemala, llenos de cipreses, pinos, cedros y otros árboles que adornaban las laderas de las carreteras hacia oriente, occidente, norte o sur del país. Entre los bosques aparecían tacuacines, venados, iguanas, monos aulladores y miles de pájaros que adornaban la nación. Comentamos como hemos sido de eficientes al extinguir toda esta belleza. Ni modo es el progreso sin futuro de la humanidad.

Como anochecía nos pusimos tristes con la plática. Estabamos sentados en aquella barra llena de soledad embriagante. Jaibas, que como todo este trío relamía las 60 vueltas al Sol, se esforzaba, por levantarse, fatigosamente para ir al baño. Se detenía y volvía a intentarlo, los otros nos reíamos de que nuestra experiencia era igual.

-Estoy como el país no puedo levantarme, dice Jaibas.

-Pues sí, no han nada que hacer, repite Tecolote.

Cada año, en ciertas fechas repetimos el mismo ritual. Nos concentramos frente a un edificio sin vida, a gritarle consignas e insultos que muestran nuestro descontento con la situación de pobreza, desigualdad y atraso de la nación. Para pasar luego a unos tragos y exponer quinientas soluciones probables.

Jaibas: ¡No hay nada que hacer!

Tecolote: Empiezo a creerlo, durante mucho tiempo me he resistido a pensarlo, diciéndome, Rafael, sé razonable, aún no lo has intentado todo. Y volvía a la lucha. ¡Vaya, y vos ahí otra vez!

Jaibas: ¡Qué dijiste, este no vuelve!

Tecolote: Me alegra volver a verte. Creí que te habías ido para siempre.

Jaibas: Eso esperaba yo también, pero la sangre llama.

Tecolote: ¿Qué podemos hacer para celebrar este encuentro? Levántate, deja que te abrace. 

Jaibas: Tranquilo, todavía hay muchas dudas y oscuridad en el pasado de la lucha revolucionaria.

Jaibas: pero, se puede saber dónde estabas, dónde pasaste la ofensiva de exterminio.

Tecolote:en túnel lleno de recuerdos y fantasías.

Jaibas: en un túnel, ¿Dónde?

Tecolote: por ahí en el sur.

Jaibas: ¿Y no te han pegado?, porque yo desaparecí. Como le dicen a los que fueron secuestrados.

Tecolote: solo pase mucho temor cada madrugada, cuando oía pasar un carro en la larga calle plateada frente a mi puerta, allá por el Gallito.

Jaibas: ¿Los de siempre?

Tecolote: ¿Los de siempre? No sé. En aquella época ya uno no confiaba en nadie, no sabía quién estaba con vos o en contra, quién era real o quién fingido.

Unos sorbos de chelas, unas tostaditas con frijol, un cevichito…

Jaibas: En cada recuerdo, desde la lejanía, me pregunto… qué hubiera sido de ti… sin mí… Sin

duda, a estas horas, serías un montoncito de huesos.

Jaibas sigue meditando, es demasiado para una persona sola. Aquellos miedos, aquellas dudas, aquella desconfianza generalizada. No podías hacer un recuento real de la realidad. Te comían a críticas, te señalaban como traidor, como tránsfuga. Mejor calladito…

Tecolote: siempre lo repito, para que desanimarse ahora, ya todo pasó. Solo queda el recuento de las pérdidas y valorar las posibles salidas del futuro. Están los que tenían una confianza absoluta y se perdieron, los que gritando radicalmente en el extranjero se acomodaron y los que fueron hacia el final como tendencia.

Jaibas: vos sos muy pesimista. No se pueden ganar las guerras sin ganar batallas. Ahora no queremos el final del Estado y la construcción de una sociedad equitativa por donde transite el hombre nuevo. Lo que queremos es que el presidente de turno, inepto y corrupto, junto con su inalienable fiscal general, dejen sus cargos.

Tecolote: soy pesimista, pero me gusta analizar los hechos. No se pueden ganar guerras sin dar batallas, pero las batallas se pueden ganar o perder. En los 70 y 80 se lanzó a gente sin preparación a batallas perdidas. El resultado fue la derrota completa y la perdida de grandes jóvenes intelectuales, trabajadores y entusiastas.

Jaibas: vos sos de los paniaguados que temen dar la cara y enfrentar las dificultades. Con las objeciones de siempre. Que hablar hoy de dar la batalla decisiva significaría estimular las acciones aisladas y provocadoras, que favorecerían precisamente a los oligarcas; o que derrocar a Yama, el poder iría a parar de la misma forma, no a otro mejor, sino peor para el país.

Mirá, mejor dejemolo aquí por el momento. Sigamos esperando a Guatemala.

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