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ÉXITO OLÍMPICO: IT´S THE ECONOMY, STUPID

Evolución

Los Estados Unidos de América es seguramente el país más exitoso en el olimpismo moderno. Como muestra, es el país que más medallas ha ganado en los últimos seis juegos olímpicos, desde Atlanta en 1996 hasta Río de Janeiro en 2016 y probablemente también lo será en las actuales olimpiadas de Tokyo. ¿Sabe usted cuánto recibe el Comité Olímpico de los Estados Unidos en fondos del gobierno de ese país? La repuesta podrá sorprenderle. Ni un solo centavo. A excepción de algunos programas específicos para atletas paralímpicos militares, el apoyo financiero para el comité, equipos y atletas olímpicos estadounidenses proviene de filantropía, donaciones de individuos y corporaciones, patrocinios y la venta de derechos de transmisión de eventos deportivos. Desde luego que Estados Unidos tiene un formidable sistema de formación de atletas a nivel escolar, desde la educación primaria hasta la universitaria, los cuales se mantienen en buena medida con fondos públicos, como también gracias a donaciones privadas de benefactores, ventas de derechos y otros; todos, recursos que provienen de un sólido sistema de generación de riqueza. Otro factor relevante es el alto grado de descentralización, tanto en términos de recaudación, administración de recursos y toma de decisiones, lo que se da principalmente a nivel local y estatal. En comparación, el relativo éxito de otras potencias como China o la antigua Unión Soviética implica un costo en vidas y libertades humanas inconmensurable.

La Constitución de Guatemala establece que es “deber” del Estado el fomento y la promoción de la educación física y el deporte, y que para el efecto se destina al menos el tres por ciento del presupuesto general de ingresos ordinarios del estado. Ese porcentaje equivale a alrededor de Mil novecientos millones de Quetzales anuales. El Comité Olímpico Guatemalteco tiene un presupuesto de alrededor de cien millones de Quetzales anuales. En principio, si de dinero se trata, no nos deberíamos quedar cortos y nuestros atletas deberían tener más que suficientes recursos y apoyo para triunfar. Sin embargo, la realidad es que nuestros atletas reciben muy poco apoyo, y quienes logran destacar lo hacen por mérito propio y a pesar de la burocracia estatal inmiscuida en el deporte, inoperante como cualquiera. Todos vimos, por ejemplo, las imágenes de Kevin Cordón entrenándose en un salón parroquial. Por eso es que todos los guatemaltecos le estamos más que agradecidos por su gallardía, dedicación y esfuerzo, porque a pesar de todas las desavenencias logró llegar hasta donde ningún latinoamericano lo había hecho. Y eso es, de por sí, un enorme triunfo para celebrar. Y lo mismo podemos decir de Luis Carlos Martínez como nadador centroamericano. Y cualquiera dirá que es por la maldita corrupción. Si bien ese mal endémico nos aqueja, ese no es el verdadero problema, porque la corrupción es intrínseca al Estado. El problema es el Estado metiéndose donde no se tiene que meter.

La frase “Es la economía, tonto” fue acuñada por James Carville, asesor de Bill Clinton para su campaña de 1992, valiéndose de la situación económica que atravesaba el país, a pesar de la popularidad de la que había gozado el entonces presidente George Bush (padre) durante la guerra del golfo. Por cierto que el relativo buen estado de la economía le valió la reelección a Clinton a pesar de sus travesuras y de haber mentido en sus declaraciones al respecto. La frase llegó a convertirse en una expresión común y coloquial en la política estadounidense. Hoy la hago mía en el sentido de evidenciar que para que cualquier actividad humana florezca, incluido el deporte, lo que se necesita es una economía próspera y robusta. Lo mismo se puede decir como precondición para satisfacer necesidades básicas como la salud y la educación, así como la apetencia más ambiciosa y extraordinaria que podamos imaginar. Hace algunas semanas escribía sobre cómo un sistema de libertad económica ha hecho realidad el turismo espacial. El problema en Guatemala es que hemos invertido la fórmula. Le hemos encomendado al “Estado”, que no es otra cosa que políticos corruptos, que sacrifique el crecimiento económico para encargarse de la salud, educación, vivienda, artes, etc. y, sí, también del deporte, para lo cual le hemos dotado del poder para extraer, consumirse y despilfarrar una buena parte de los recursos que tanto nos cuesta producir. Mientras que, si quitáramos al “Estado” (que no es otra cosa que políticos corruptos) del camino, y de esas y tantas otras actividades en las que, gracias a ideologías que solo conducen al subdesarrollo, lo hemos metido, nuestra economía florecería y generaríamos más que suficientes recursos para apoyar innumerables causas valiosas. Siguiendo con el ejemplo de Estados Unidos, no solo es el país más rico del mundo, también es el país más caritativo y filantrópico. Pero, sobre todo y más importante aún, en una economía libre y sin cargas innecesarias, las personas tendrían los medios propios para satisfacer ampliamente sus necesidades y perseguir sus sueños, sean cuales fueren, incluido el de llegar a ser campeón olímpico. 

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