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Algunos están de fiesta

Tanmi Tnam

Parte de la población del país está atenta a las actividades de conmemoración del Bicentenario de la Independencia argumentado las ventajas políticas y económicas que viven en la actualidad. En tanto la mayoría de la población guatemalteca es ajena a tal acontecimiento porque percibe y vive en condiciones inadecuadas.

Un brevísimo vistazo a las actividades de la conmemoración del Centenario, el Informe Final denominado “Carlos Herrera y el Centenario de la Independencia. Política, economía y sociedad en Guatemala. 1920-1921” elaborado por la Universidad de San Carlos de Guatemala, menciona entre otras actividades ejecutadas para la conmemoración del Centenario de la Independencia la celebración de Juegos Centroamericanos, el Congreso Panamericano de Estudiantes, exposiciones de arte, exposición de ganadería, construcción de la plaza de toros, carreras de caballos, corridas de toros, pinturas, murales, conciertos, homenajes, discursos de autoridades, bailes, circos, eventos en el interior del país, entre otras. Instituciones de poder como el Congreso de la República, el Poder Ejecutivo y algunas municipalidades, conmemoraron el Centenario de la independencia sin tomar en cuenta a la mayoría de la población ni la participación de los pueblos originarios que en aquel tiempo vivían en pleno desconocimiento por el mismo Estado de Guatemala.

Desde la invasión hasta esta fecha, la población indígena ha sido ignorada, marginada y como consecuencia no tiene participación y representación en la organización y funcionamiento del Estado de Guatemala. Esta población ha sobrevivido con sus propios medios de vida según permite el minifundio, en uso sus prácticas de salud, la solución de la mayoría de conflictos y la seguridad bajo la conducción de sus instancias locales. 

Ahora, según noticias a través de los medios de comunicación, el gobierno actual viene realizando actividades para conmemorar el Bicentenario de la independencia y por lo mismo se ha dedicado a construir parques, casas de la cultura, acuñación de monedas conmemorativas, desfiles de antorchas y eventos artísticos. La situación es clara, mientras algunos van de parranda en parranda con dinero público, otros están preocupados cómo sobrevivir por las condiciones provocadas por el mismo Estado que celebra su Bicentenario. No hay iniciativa alguna para el reconocimiento de los marginados que constituyen mayoría de la población guatemalteca. La población del área rural, especialmente la indígena, está sufriendo las consecuencias de la pandemia debido a la falta de promoción de la vacunación, las distancias que hay que caminar para llegar a las sedes de vacunación, la falta de uso de los idiomas propios de los pueblos originarios y el temor debido a la postura de otros actores que operan en el nivel local sembrando dudas acerca de la vacuna porque todo lo dejan en manos de Dios.

Transcurridos doscientos años, el pensamiento, las políticas públicas, los valores y prácticas de los gobernantes continúan con principios heredados de la época colonial. Las condiciones de vida de la población excluida en nada reflejan hechos que abonen para el desarrollo, la justicia y la paz. Siguen los mismos actores, los que controlan la riqueza, la iglesia católica que apoya con fe la corrupción y la impunidad y no abre la boca para disminuir o eliminar la pobreza, la miseria y la opresión.

Ya es tiempo que los sectores y pueblos de Guatemala a través de un proceso dialogado, participativo y representativo organicen su Estado incluyente para vivir la justicia, la democracia y la plenitud de vida.

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