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La crisis de los partidos políticos (Segunda parte)

Nueva Sociedad

Analizar críticamente algunos de los conceptos que existen sobre los partidos políticos es el objetivo de este escrito para evaluar el papel de los partidos en las democracias avanzadas donde la centralidad de la ciudadanía está tomando protagonismo; y, valorar sus situaciones de crisis y de cambios experimentados por los partidos democráticos.

La crisis de los partidos políticos se expresó primero como una debilidad estructural, histórico-organizativa- manifestada en la disminución del apoyo permanente de una extensa masa de miembros y votantes en periodos normales y en las dificultades. Como contexto, los partidos han sufrido estancamiento con inflación económica que han evidenciado los límites del crecimiento y de las políticas distributivas de bienestar que eran el instrumento clave y la fuente principal de la legitimación de la partidocracia. Según Hans Jurgen P. 2.007 “Los partidos no pudieron cumplir lo que se esperaba de ellos”. (88). Esta problemática se vio aumentada con el cambio tecnológico y la globalización económica, pues los partidos se quedaron sin las bases del nacionalismo económico y político que sostenía su propuesta programática, y con la deslegitimación que estaba pasando el Estado de Bienestar con los cambios económicos a nivel internacional ante el reacomodo económico global.

Los países sufrieron problemas que en muchos casos afectaron negativamente a las economías y al gobierno nacional. Con la globalización y el neoliberalismo, la desregulación económica, la desestabilización, descentralización y privatización provocó reacciones negativas en los votantes y en los propios partidos políticos a estos cambios, ya que con las nuevas condiciones económicas los partidos no podían dar respuestas a sus propuestas de Estado de Bienestar ya que los ingresos nacionales habían decaído significativamente en casi todos los países de desarrollo democrático.

Los resultados de las crisis han sido diversos.  Los programas y las ideologías han perdido peso. La volatilidad electoral ha aumentado. La diferenciación interna de los partidos entre izquierda y derecha se ha mantenido. Se relaciona con los votantes de manera más inestable y temporal por medio de campañas y propagandas más comerciales. O utilizando el carisma de su líder. Sin olvidar que el potencial movilizador y el grado de representatividad se han reducido. A pesar de esto, los movimientos sociales no han podido revolucionar los sistemas de partidos, los cuales no han sufrido cambios importantes. Los movimientos sociales se convirtieron en un desafío para los partidos políticos, provocando efectos positivos al ampliar el espacio social de lucha de las organizaciones sociales y políticas por medio de una mayor participación ciudadana y de nuevos planteamientos como son los de los partidos verdes, con su énfasis ambiental y la lucha contra el cambio climático. Todo esto hace que los partidos revisen y amplíen sus prioridades y sus canales y organizaciones tradicionales de participación dando alternativas nuevas de participación un poco más inestables pero focalizadas en los votantes.

Los partidos políticos comenzaron a perder votos desde la segunda mitad de los años setenta del siglo pasado, perdieron afiliados y militantes, así como relaciones con organizaciones como los sindicatos, grupos religiosos y asociaciones profesionales. Perdieron parte de su influencia en temas claves para el desarrollo político y para la democracia pues la idea de igualdad cada día era más difícil de lograr, ante los embates globales de privatización y el debilitamiento de las políticas de bienestar. Los movimientos sociales se vieron obligados a cambiar. Y los partidos, para remediar sus déficits, se han visto obligados a reformar y reestructurar sus procesos organizativos y decisorios con procedimientos diferentes.

Segundo, la democracia está basada o tiene que ver con las elecciones y una ubicación territorial del proceso representativo que satisfaga las demandas de los votantes, de ahí que los partidos por medio de sus candidatos tienen que hacer posible la representatividad democrática. A pesar de sus crisis no han podido ser reemplazados en el juego electoral que demandan reformas de reorganización y responsabilidad, sobre lo que quiere la percepción popular de ellos.  Deben cumplir con las demandas de superar sus crisis internas construyendo una nueva  unidad interna, y al exterior, con hacer y mostrar cambios de renovación y modernización. Los partidos no son agencias del Estado ni de ninguna organización, aunque si deben estar relacionados para mediar con ellas. En un escenario más descentralizado y con redes más fragmentadas hay más actores necesitados de la mediación de los partidos y sus élites. “Los partidos tienen que mediar entre los nuevos movimientos sociales, las organizaciones ciudadanas, los grupos de interés público…” (93) ya que la clase política no puede seguir disfrutando de un acceso sin restricciones de los frutos de la partidocracia como forma de compensación de lo que han perdido, sino estar preparados para enfrentar las nuevas y complejas tareas que le demanda la democracia ciudadana.  Han tenido un importante papel en las democracias al servir como modernizadores de los sistemas políticos y sociales. Su consolidación y la del sistema de partidos “fuertes” ha sido beneficiosos para la democracia moderna.

Tercera: hacia un mayor equilibrio. Las tareas fundamentales o clásicas de los partidos políticos es ganar elecciones y administrar lo público, así como participar en la definición de políticas públicas. “Articulación, agregación y representación de intereses, movilización y socialización política de los ciudadanos, y reclutamiento de las élites y la formación de gobiernos”. (95) Las funciones de movilización y representación se han debilitado en relación con las del papel mediador, los nuevos esfuerzos respecto al control, la reestructuración y reforma de las instituciones políticas, incluye a los partidos y a su papel como eje de integración e identificación. La crisis no ha provocado un desmoronamiento de los partidos, sino un mayor equilibrio.

El resultado de la crisis creciente de los partidos de consenso y de la partidocracia se describe como el paso de una política más organizada a una menos organizada, y organizada de distinta manera. Los elementos de discontinuidad están en las tendencias hacia la desorganización, desregulación y descentralización, la fragmentación y la privatización. Con la política denominada post- moderna incluyen una menor organización del partido, campañas más personalizadas, una mayor movilización adecuada a cada caso. Un menor anclaje electoral, mayores niveles de volatilidad electoral y un menor interés por la identificación y la representación. Pero nada apunta a que se esté produciendo una crisis aguda de deslegitimación que tienda a su desaparición. Hasta ahora la crisis de los partidos no ha derivado en una crisis del sistema democrático, aunque a los ciudadanos no le gustan los partidos, saben que los necesitan para acceder al poder y a los recursos públicos y sobre todo para hacer democracia por medio de su realización ciudadana con los derechos de libertad e igualdad.

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