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Liderazgo y virtudes humanas

Antropos

Desde las antiguas civilizaciones, existió preocupación en torno a valorar la calidad de sus dirigentes sociales relacionado con el cultivo de las virtudes humanas. Está la presencia de los sabios Chinos como Confusio y Lao Tsé.  Mahoma en el mundo árabe. Filósofos Griegos como Sócrates. San Agustín, Buda, Karl Marx, Gandhi, Túpac Amaru, Bolívar, Benito Juárez, José Martí, José Vasconcelos, José Carlos Mariategui, Paulo Freire, Darcy Ribeiro, en América Latina. Benjamín Franklin, George Washington, “Padres Fundadores” de los Estados Unidos. Algunos personajes de Centro América como Atnasio Tsul, José Cecilio del Valle, José Simeón Cañas, Mariano Gálvez, Justo Rufino Barrios, Lorenzo Montúfar, Marco Aurelio Soto, Mauro Fernández, Cesar Augusto Sandino, Farabundo Martí, José Figueres, Monseñor Sanabria, Manuel Mora, Rafael Ángel Calderón, Juan José Arévalo, Manuel Colom, Otto Rene Castillo, Oliverio Castañeda de León. Centralmente, la figura de Jesús, inspirador del cristianismo en la cultura mundial.

Siendo la sociedad, un tejido integrado por la familia, barrio, aldea, ciudad, escuela, organizaciones empresariales, dependencias públicas, comunidades religiosas, entre otras, su fortaleza depende de la solidez del liderazgo. Desde los padres de familia, maestros, alcaldes, curas o pastores, diputados, presidentes, deben tener entre otras cualidades, autoridad moral para orientar y conducir a cada conglomerado social. Esta es una fuerza ética que no se puede debilitar, contrariamente surgiría un vacío de articulación social.

A menudo escuchamos, por ejemplo, ideas en torno al liderazgo y su influencia, de cómo en el inconsciente colectivo existe la idea que el líder surge por generación espontánea, y por ello se supone que solo se debe formar a los elegidos, y descuidar la formación de las bases sociales. Es parte de una tradición el hecho que al líder se le concibe en términos de obediencia, mando y sumisión. O sea, una relación dialéctica amo-esclavo, líder-seguidor, dueño-empleado, el que ordena y el que obedece, el que piensa y el que ejecuta. 

Sin embargo, ahora hemos entrado desde la práctica democrática en la profundización de la conciencia ciudadana, a la comprensión del liderazgo como una búsqueda de consenso, de diálogo, de sentido trascedente, de compartir y del cumplimiento de una misión dignificante. De ahí, que cualidades como valores humanos, transparencia, honestidad, formación, competencias, creatividad, inteligencia, son las habilidades de liderazgo, sobre la base de una sociedad más educada en la que convivimos en la era de la información.

Siendo el liderazgo una función social requerida por todo grupo humano, entendemos que es la capacidad de influir para el logro de beneficios de los conglomerados sociales a través de compromisos éticos a fin de dar cumplimiento a los propósitos colectivos. Habrá que descartar la búsqueda del poder por el poder mismo, así como prácticas antidemocráticas del liderazgo que rayan en la demagogia y la manipulación, irrespetando los verdaderos intereses del conjunto del tejido social. 

Para la formación de liderazgos auténticos, se deben generar ambientes favorables para que a través del dialogo y el debate de ideas y concepciones del mundo, de manera particular, de la plurinacionalidad guatemalteca, de las diferentes interpretaciones acerca de la realidad se puedan alcanzar acuerdos compartidos. Si todo esto se hace, se creará un consenso en el que todo mundo está trabajando conjuntamente, con planteamientos y acciones en la construcción de una vida en comunidad. 

Si el verdadero líder, encarna los sentimientos, ideales y sueños del grupo social, logra la atención de las personas y alcanza en esencia, que los sujetos representados por él perciban la solución de los problemas. A su vez, el líder debe tomar en cuenta que las personas son “de carne y hueso” como lo indicaba el filósofo español, don Miguel de Unamuno. Cada uno tiene su propia historia y su propio derrotero, el cual se debe respetar. Así, sus acciones se tienen que perfilar sobre la base del compromiso, sensibilidad y una clara decisión de trabajar con la verdad. 

En términos generales, como dictan algunos autores, en la formación de líderes, se deben de tomar en cuenta el manejo de las relaciones humanas interpersonales y grupales, generadoras de ideales de futuro y promotores de desarrollo, además de una buena salud psíquica con un alto coeficiente emocional, siempre lleno de alegría, afectividad y con los pies en esta tierra que nos vio nacer. Dios nos libre, dice un pensador, de la presencia de un llamado líder enfermo de poder y en el poder.

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