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La Peregrina

Editado Para La Historia

Las leyendas sobre las perlas varían según el país donde se cuentan. Los griegos decían que eran las lágrimas de Afrodita, los chinos decían que eran gotas de rocío que, por alguna razón, se habían solidificado, otros decían que son las lágrimas de los dioses. Lo cierto es que, desde que el hombre es hombre, las perlas han sido objeto de admiración. Dicen que Cleopatra, para demostrar su riqueza, disolvió una perla en un vaso con vinagre y después se la bebió. Esto es muy poco probable. Se han hecho algunas pocas experiencias (porque no todo mundo quiere ver desaparecer su perla en un vaso de vinagre) y, si bien sí se disuelve la perla, se necesitan bastantes horas para lograrlo.

Hoy les quiero contar la historia de una perla excepcional. Excepcional desde el comienzo mismo de su descubrimiento y excepcional hasta el día de hoy por su historia, por las personas que la han poseído, por sus dimensiones y pureza y por los múltiples viajes que ha realizado, mismos que le han dado el nombre de Perla Peregrina. Fue descubierta en la isla Santa Margarita, que en aquel momento no formaba parte de Venezuela sino de Panamá. La leyenda cuenta que fue descubierta en 1513 por un negro esclavo que, al entregarla, obtuvo con ello su libertad. Esto parece no ser cierto porque para esa fecha aún no había negros esclavos en Panamá. Lo cierto es que el administrador de la corona en Panamá, Don Pedro Temez, se la regaló a Felipe, príncipe de Asturias, hijo de Carlos I de España y V de Alemania y de Isabel de Portugal y que la historia lo recordaría como Felipe II de España. Felipe tuvo cuatro matrimonios, siendo uno de ellos con su prima de segundo grado María Tudor (recordada por el sobrenombre de Bloody Mary), hija de Enrique VIII y de Catalina de Aragón que fue repudiada por no haberle dado un hijo varón al rey y porque Enrique VIII quería declarar reina a Ana Bolena, que a la larga terminó con la cabeza fuera de los hombros.

Aquel matrimonio entre Felipe y María poco duro. En primer lugar, Felipe era 11 años menor que su esposa y María era bastante más fea que lo que le mostraban los retratos. Pronto hubo divorcio. A la muerte de María Tudor sube al trono su hermanastra, Isabel I. Esta reina poco respetó los deseos del testamento de María, pero algo sí hizo: devolvió la gran perla a España. Y cuando digo grande es que la Peregrina tiene dimensiones absolutamente descomunales: originalmente pesaba más de 11 gramos y medía 17.9 mm x 25.5 mm, aunque en un proceso de pulido y de realización de un orificio para poderla mejor sujetar a un collar, perdió un poco de peso. La Perla Peregrina estuvo en manos de la corona española por más de 250 años hasta que en el año 1800 Napoleón invadió España y sentó en el trono de ese país a su hermano José Bonaparte. Los cinco años que duró este reinado fueron sangrientos para el pueblo español que le hizo una violenta resistencia al usurpador francés. Esto no impidió que la esposa de José Bonaparte, Julia Clery, luciera con frecuencia la hermosa perla. Cuando huyo José Bonaparte de España se llevó consigo robadas varias joyas, formando parte del hurto la Perla Peregrina. Con posterioridad se la regaló a su sobrino, que gobernaría Francia bajo el nombre de Napoleón III en el periodo que recoge la historia como Segundo Imperio. 

Después de la derrota de Napoleón III en su guerra contra Prusia tuvo que huir al exilio a Inglaterra al lado de su esposa, la emperatriz María Eugenia de Montijo. En Inglaterra vendió la perla a James Hamilton, Duque de Abercorn. En dos ocasiones la hermosa Duquesa de Abercorn perdió la perla que, debido a su peso, se caía del collar. Fue por esta razón que se le hizo la perforación de la que hablo con antelación. Finalmente, en 1969 los Hamilton deciden vender la perla poniéndola en pública subasta en la filial londinense de Sotheby’s.

Richard Burton la compró por 37 mil dólares como regalo de San Valentín para su esposa Elizabeth Taylor, que cumpliría años días más tarde del 14 de febrero. Los Burton tenían una verdadera obsesión por las joyas, las grandes y vistosas y, al final de su vida, la Taylor había reunido una excelente colección de joyas. 

Un incidente muy simpático fue una noche, en la habitación que tenían los esposos Burton Taylor en el hotel Caesars Palace de las Vegas. Ella llevaba la Peregrina consigo. En un momento determinado la quiso tocar y se dio cuenta que ya no la traía consigo. Miró a su marido que no la estaba viendo. Ella fue al dormitorio. Se quitó los zapatos y en cuatro patas empezó a gatear por toda la habitación buscando la perla aterrorizada a la idea de haberla perdido y a la reacción de su marido. Finalmente vio que uno de sus perritos masticaba algo blanco, como un hueso y, al ir a buscar en la boca del animalito, vio la perla. Afortunadamente sin ningún rasguño. Este incidente, más las dos otras veces que ya se había perdido cuando pertenecía a la Duquesa de Abercorn, hizo que Elizabeth Taylor contactara con Cartier para engastar la Peregrina de una forma mucho más segura y formando parte de un hermoso collar de brillantes, otras perlas de menor quilate y rubíes. La Taylor participó activamente en el diseño del collar. A la muerte de la actriz en 2011, y por decisión testamental, fue nuevamente puesta en pública subasta en Christie’s, donde fue adquirida por un comprador anónimo por la bagatela de más de 11 millones de dólares. Recientemente se ha visto a la reina Doña Letizia llevando una gran perla como pieza principal de un hermoso broche y no son pocos los que dicen que es la Peregrina que ha vuelto a España. 

La recaudación de la venta de la hermosa colección de joyas de Elizabeth Taylor en su integralidad fue abonada a su Fundación Elisabeth Taylor contra el sida ya que, debido a su gran amistad con Rock Hudson, ella contribuyó mucho monetariamente en la búsqueda de un tratamiento para tan horrible enfermedad.

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