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200 años sin encontrar el camino

Sueños…

Mientras los humanos de Guatemala seguimos queriendo construir un Estado moderno y real, el homo sapiens hace rato resolvió este problema. Yuval Noah Harari, un extraordinario historiador, nos dice que el ser humano logro elevarse por encima de la creación, dominarla, servirse de élla y ponerla en vías de extinción, gracias a su capacidad de crear imágenes, leyendas, mitos, dioses y religiones que son una creación de nuestra mente, son imágenes de algo que no existe, pero que nos confieren la potente atracción social que nos permite vivir, compartir y luchar con millones de personas simultáneamente, personas que no conocemos ni nos interesan.

Después la revolución agrícola el humano aprende a dominar la producción, y al generar excedentes ya no se confronta con las otras tribus, sino que se inicia el intercambio de productos excedentes. Los otros monos y el sapiens podían comunicar, ya viene un león cuidado. Según Harari, el sapiens, adquirió una capacidad nueva, aprendió a decir «El león es el espíritu guardián de nuestra tribu». Crear y creer en ficciones colectivas es una de las fuentes del poder de los humanos.

Harari reflexiona, que el creer en ficciones puede ser engañoso. No es verdad que “…podría parecer que la gente que va al bosque en busca de hadas y unicornios tendría menos probabilidades de supervivencia que la que va en busca de setas y ciervos.” Por qué esa capacidad de creer en mitos y leyendas nos da poder. No será, se pregunta Yuval Noah, que “…si uno se pasa horas rezando a espíritus guardianes inexistentes, ¿no está perdiendo un tiempo precioso, un tiempo que invertiría mejor buscando comida, luchando o fornicando?”

Allí está el detalle. El crear mitos, ficciones y leyendas colectivas nos ha permitido vivir en comunidades grandes, compartir con comunidades lejanas a la nuestra, y comunicarnos con todo el mundo. El crear mitos comunes como libros “sagrados”, religiones, mercados y Estados modernos.

Y aquí surge la duda. Si somos sapiens, por qué no hemos creado Estados modernos en la región de América al sur del río Bravo. Ya sabemos que entre 1790 y 1808 Napoleón Bonaparte decidió destruir el imperio español. Culminando su tarea con la captura de los reyes españoles y la proclamación de José Bonaparte I, como rey de España entre 1808 y 1814. Napoleón, basado en los principios de la revolución francesa destruyó el reino español, dejando a las provincias de España, realmente colonias, en el aire, sin reino, sin dios y sin futuro. Napoleón traicionó los ideales de la revolución francesa, y en lugar de proclamar una república española, la convirtió en un reino francés. La paradia aún no termina.

Pues, la élite de terratenientes, militares e iglesia, dominantes en varias regiones de este continente, se vieron súbitamente sin un poder, ni un mito al que aferrarse para construir un Estado. En Europa y Estados Unidos, la era moderna se había impuesto. El sistema capitalista dominaba la economía y construía Estados basados en la libertad de los individuos, la creación de empresas competitivas y la formación de instituciones de Estado democráticas. Las élites de la capitanía del reino de Guatemala, no tenía ni idea de qué era la modernidad. Así que el territorio de lo que pudo ser una nación que abarcara desde Chiapas, Tabasco, Soconusco, Yucatán hasta Bocas del Toro, se les escurrió de las manos.

Una hipótesis de por qué sucedió esa desintegración y la construcción de Estados fallidos en permanente crisis y atraso en indicadores económicos, políticos y sociales, muy lejanos a los avances de otras regiones la dan los economistas Daron Acemoglu y James Robinson de las universidades MIT y Harvard. En una entrevista de Cristina Orgas, de BBC News Mundo, afirman que América latina es desigual y atrasada por la historia de donde surgieron estos países. Fueron creadas estas repúblicas por pequeños grupos de élites coloniales, que en lugar de sustituir el fallecido poder español con repúblicas democráticas modernas, decidieron continuar el sistema feudal de explotación violenta de indígenas, afroamericanos y mestizos pobres, con sistemas de dominio político de ejércitos, curas y terratenientes basados en la esclavitud y el servilismo.

La élite de la capitanía quiso mantener una capitania sin reino, una sociedad sin fundamento. Ante el avance de las fuerzas del emperador mexicano Iturbide, ya que México no era, tampoco una república independiente, los “próceres” guatemaltecos, en lugar de luchar por construir una república independiente, incluso cambiándole de nombre para incluir a todas las provincias decidieron unirse a la parodia de imperio de México, iniciando con esto la desintegración de una posible república Mayapán que abarcara desde Yucatán y Chiapas hasta Bocas del toro. La desinformación, la inexistencia de un mito y leyendas que le dieran unidad, el “reino” se desintegró en cerca de nueve regiones, que lentamente se fueron convirtiendo en repúblicas capitalistas feudales. Con la excepción impresionante de Costa Rica, que a partir de 1838 avanzó en ser la primer república capitalista democrática de la región.

En síntesis, los primeros 200 años de independencia nos dejan una hermosa tarea, construir en el resto de la región repúblicas democráticas, inclusivas, solidarias y modernas. Si los ciudadanos pueden culminar esta tarea, los pueblos vivirán felices y unidos.

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