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Dato mata opinión…

Liderazgo

¿Alguna vez ha sido afectado por una decisión o un criterio emitidos por alguien a priori y sin sustento sólido? El impacto de este proceder podría afectar la cultura organizacional de forma irreversible. ¿Por qué incurrimos en imprecisiones y cómo podemos evitarlo?

El ego inflado vuelve al banquillo de los acusados. La falsa creencia de que se tiene un poder «casi ilimitado» para juzgar a otros de manera indistinta y acrítica es propio de personas centradas en sí mismas. La mirada indiferente hacia el maltrato del otro refleja la ausencia de valores básicos.

Los gerentes realmente líderes son contundentes. Modelan el manejo responsable de la información: demandan que los juicios y aseveraciones se sustenten con datos. La triste realidad es que a veces son ellos los que incurren en estas malas prácticas. Si su ego se lo permite, lo adecuado sería indagar ―con datos― las eventuales percepciones, incluso de manera anónima.

Una segunda razón es la costumbre de escuchar «rumores» o «historias» de personas cercanas y creer que, porque lo son, es innecesario verificarlos; peor aún, actuar por impulso para quedar bien con «la amistad de confianza». ¿Se ha topado con el poder de «alguien íntimo de aquél…»?

Eso no es común en un ambiente profesional, moderno y sustentado en valores compartidos. Las personas serias tienen una regla: filtran palabras con hechos, con datos veraces. Esta reduce el riesgo de caer en la imprudencia y aumenta la posibilidad del trato respetuoso, digno, equitativo.

La ausencia de procedimientos formales y creíbles para evaluar el desempeño es otra causa de la riesgosa prioridad en las opiniones. Esto puede generar soluciones rápidas basadas en lealtades personales, manipulación y hasta condicionamientos perversos. Las áreas de recursos humanos pueden aportar a la causa actualizando sistemas efectivos de seguimiento y evaluación.

Agréguese a las fuentes de subjetividad la proyección de frustraciones individuales motivadas por carencias propias: «Los colaboradores no me estiman, a usted sí: ¡arremeto!». Hay complejos laberintos del pasado que afloran en la mente de alguien y atentan contra los derechos ajenos.

En el intrincado mundo de las organizaciones, nadie puede arrogarse «la verdad», sino «una verdad». Decidir sin escuchar otras versiones ―o sin que los involucrados puedan defenderse― es lo mismo que atribuirse el monopolio de la verdad, no es de extrañar el efecto boomerang.

En sistemas formados por personas, si la opinión viene acompañada de datos interpretados con responsabilidad no solo es bienvenida, sino que también necesaria. Incluso, a veces es sabio ir más allá de estos con tal de constatar su solidez. Estrechamente ligado a la ética, el pensamiento crítico da como resultado un clima de confianza en los que toman decisiones trascendentes.

La opinión sustentada en datos y en perspectivas de los actores involucrados es altamente empoderante. Nutre el ambiente laboral de respeto mutuo, de espíritu innovador y de proactividad. ¿Qué datos le pueden ayudar a usted a tomar decisiones más justas y efectivas?

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Libre expresión de pensamiento.

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