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Independencia con desarrollo o subdesarrollo

Sueños…

Desde el inicio de la colonización, realizada a sangre y fuego, por los invasores europeos, inicialmente españoles y portugueses, la visión de estos invasores, llamados por la historia oficial española “conquistadores”, era someter a los seres encontrados en esos lugares al saqueo y la esclavitud. Fueran humanos, animales o recursos naturales.

Luego del derrumbe del imperio español, incapaz de comprender la revolución burguesa, inepto para construir estados capitalistas democráticos, el sur de Europa se convirtió en el reducto de resistencia del feudalismo contra el avance del capitalismo engendrado por la revolución industrial inglesa, la revolución francesa y el avance de las ideas progresistas. Su mejor herencia hacia el futuro fue la sagrada inquisición engendro ideológico y militar que eliminó cualquier idea de liberalismo en España, Portugal y otras regiones del viejo continente.

Aquella herencia feudal fue la simiente para la contrucción de los Estados latinoamericanos en su mayoría. Con hermosos ejemplos de Chile, Cuba hasta 1949, Costa Rica y Uruguay, con sus correspondientes momentos de dictaduras militares. Con excepción de Costa Rica. Ha llegado la hora de reconstruir los Estados de la región con una visión de liberalismo democrático. Es decir, libertad individual, protección de la naturaleza y generación de gobiernos democráticos defensores del bienestar de la mayoría de la población y protección del resto de especies.

¿Cómo salir del subdesarrollo? En América tenemos dos países desarrollados, USA y Canadá. Cuatro con potencial, ya mencionados. Queremos que el resto de centroamérica tome esa senda con el fin de enfrentar las catástrofes que nos amenazan durante las siguientes tres décadas. La tarea comienza con la construcción de instituciones democráticas, un gobierno que sea responsable ante el pueblo de sus acciones, que los poderes del Estado rindan cuentas a toda la población. Es decir que se midan por indicadores de bienestar social, protección de la biodiversidad, respeto a los derechos humanos y promoción de la educación generalizada.

Como Acemoglu y Robinson indican en “El pasillo estrecho“, es una preocupación importan de la actualidad determinar por qué algunos países logran conquistar la libertad y la democracia, mientras otros viven o retroceden hacia tiranías o autocracias. La discusión se vuelve esencial en las primeras décadas del siglo XXI. En todo el mundo la gente muestra una fuerte pérdida de confianza en las democracias. ¿Será necesario el Estado, o el gobierno, su representante oficial, o podríamos vivir sin gobierno?

Parece claro, que en el momento actual, es decir gracias al grado de desarrollo alcanzado por los humanos, la existencia del Estado, y el gobierno como evidencia real de su existencia, es necesaria. Primero, ya que sin un gobierno que regule nuestras relaciones podríamos caer en una confrontación tan violenta que nos exterminaríamos mutuamente; segundo, sin una separación clara de fronteras estatales, caeríamos en guerras interminables de conquista y esclavitud (aún con Estados vivimos esa clara realidad). Nos guste o no, las condiciones reales de producción, consumo, convivencia y cultura creadas por los humanos nos obliga a vivir rodeados de millones de congéneres, que cada día somos más, ahora mismo 7,900 millones en todo el mundo. Para convivir necesitamos el Estado y su eje institucional el gobierno. Y por supuesto, la existencia y convivencia de la sociedad civil con el gobierno es compleja y frágil.

Existe la paradoja, los ciudadanos necesitamos un gobierno fuerte, ya que mientras más regulaciones, más funcionarios y más poder tengan, podrían garantizarnos una relativa seguridad de la existencia y el consumo de bienes y servicios públicos. Pero, viéndolo del otro lado, un gobierno fuerte es una amenaza para el conjunto de ciudadanos, los privilegios, el poder, el exceso de regulaciones nos convierte en esclavos modernos de funcionarios públicos que por medio de privilegios, corrupción y despotismo someten a las mayorías y generan una alta brecha entre los ingresos de los poderosos funcionarios y el ciudadano común y corriente (la gradería le llaman).

Por otro lado, un gobierno débil, tampoco nos satisface. Un gobierno débil no puede generar la seguridad y la integración social necesaria para convivir colectivamente. Y con la satisfacción de seguridad, consumo y tranquilidad para tantos humanos. Dicen Acemoglu y Robinson que “El estado es una parte muy importante en la resolución de conflictos, en proporcionar servicios públicos o ayudar a los desfavorecidos. Pero luego tenemos que mantener al Estado y sus élites de control.”

El héroe gringo de la independencia murió, disfrutando de su pensión, en su granja esclavista, contento de que la primera etapa de la democracia, la democracia para los blancos de nuevas generaciones se consolidara, rechazando la reelección al cargo de presidente. En cambio el héroe de América del sur del río Bravo, Bolívar, moría en la decepción y abandono. Su formación política era diferente, aunque educado y testigo de los cambios revolucionarios burgueses de Europa, en donde se educó, era simplemente un personaje de la élite colonial, un heredero de propiedades finqueras, acostumbrado a vivir del trabajo forzado de mestizos e indígenas, su proyecto era mantener el poder de las elites, con independencia de la corona española para no tributarle y generar feudalismo independiente, que se quedara con el 100% de los ingresos.

Bolívar y otros luchadores de sistemas nacionales americanos del sur, no llegaron a descolonizarse de la visión española de construcción de naciones feudales con poderes religiosos y militares, y eso vivimos aún. No llegaron, los libertadores y próceres a crear una visión liberal de las nuevas sociedades y menos considerar construir Estados democráticos e inclusivos.

Ha llegado la hora de abandonar esa cultura de propiedades inmensas feudales, explotadoras de mano de obra barata con muchedumbres sin educación, alimentación ni salud. Ha llegado la hora de construir la nueva república, con democracia, libertades individuales, economías libres y responsables con la naturaleza y la sociedad, la destrucción de minorías privilegiadas, y que los funcionarios del gobierno sean empleados de la sociedad en su conjunto.

Por la nueva república, progresista, solidaria, respetuosa de la naturaleza.

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