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Recuerdos de los pueblos en el Bicentenario

Tanmi Tnam

Es un deber sagrado tener permanentemente en nuestra memoria la vida, la identidad, los conocimientos, los valores, las artes, las aspiraciones y el sufrimiento de nuestros antepasados que ante sus ojos y con inmenso dolor vivieron el saqueo, las exigencias del cristianismo, la imposición del idioma y de la cultura que llegó con la invasión. Para algunos sectores puede que sea recordar pasajes de éxitos.

Como pueblos marginados tenemos presente el sufrimiento y dolor de nuestras abuelas que vivieron la persecución, la violación y la muerte de sus hijas e hijos bien sea por hambre, por la esclavitud, por las enfermedades o por la tristeza provocada por la llegada de la invasión.

Es nuestra obligación recordar siempre a nuestros ancestros que defendieron con su vida el territorio, la Madre Tierra y los medios de vida que practicaban y que nos heredaron. La muerte sigue 500 años después ya que continúa la criminalización de las acciones de nuestros líderes que defienden los recursos naturales en estos tiempos. Nosotros no concebimos que hacer patria y desarrollo sean atentar contra la vida. Estar de fiesta porque existen miles de muertos por desnutrición, ausencia de servicios de salud, extrema pobreza es un hecho en contra de lo aceptable.

Duelen los recuerdos que quedan de las hijas e hijos de los pueblos originarios que perdieron su lengua materna como impacto de los años de formación escolar monolingüe y monocultural que opera inspirada por la imposición, la supuesta igualdad de derechos, el falso patriotismo y una historia llena de mentiras. Es la educación que forma la ciudadanía solamente con desfiles y antorchas.

Nuestros antepasados, fueron obligados a trabajar de manera gratuita, vivieron la invasión, sobrevivieron la colonia, han resistido la época republicana y las generaciones presentes seguimos en la exclusión.

Es posible que nunca conozcamos el pensamiento de las personas que conservan su riqueza con base a la explotación, el sufrimiento y la muerte de personas empobrecidas y de pueblos originarios. Les heredaron como prácticas el saqueo, la corrupción, el menor esfuerzo y así han conservado el poder tras los gobiernos títeres que han estado a su servicio.  

El bicentenario una oportunidad para revisar una, dos, tres veces, las veces que sean posibles que el Estado actual de Guatemala tiene como cimientos el saqueo, la esclavitud, la muerte, el odio, la injusticia, la corrupción y el cinismo. En el Congreso hay un buen grupo de diputados que deben ser llamados sinvergüenzas, corruptos, zánganos, aprovechados. ¿Cuántos años llevan algunos sin generar una ley para la democracia, la justicia, la paz y el desarrollo?  En el Ejecutivo, se generan las políticas llenas de racismo y discriminación por lo que no reconocen la vida y presencia de los pueblos originarios de Guatemala. En la administración de justicia, hay una cantidad considerable de jueces y magistrados para proteger corruptos, ladrones y otros delincuentes.

Que sirva la Conmemoración del Bicentenario para autoinvitarnos los sectores, pueblos, especialistas del conocimiento plural, sabios, líderes religiosos, jóvenes, artistas, agricultores, mujeres, notables y los políticos de manera que entre todos se haga la refundación del Estado. Los pueblos de Guatemala contamos cada quien, con cosmovisión, principios, valores, instituciones, que generalmente tienen ciertas particularidades pero que son complementarios para un proyecto político de Estado Incluyente. El diálogo, el espacio y el tiempo están allí para la participación de todos.

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