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Según percibes la (Trans) verdad, o el mundo kafkiano

Idéalos Mundi

Es verano. Es una habitación grande, soleada, aireada, las paredes son de color blanco tiza y nunca pensé que se tratara de un manicomio… Entran personas, asustadas, tensas y afirmando que estaban preocupadas porque las paredes se han vuelto negras (¡!¿?). Miro alrededor y veo, sin decir palabra, que las paredes, como es lógico, no han cambiado desde que nada ocurrió naturalmente para que cambiaran.

Vuelvo a mirar a estas personas entre sorprendido y con prudencia, sin hablar, hasta poder dilucidar qué es lo que estaba pasando. Obviamente, los “expertos” y las “autoridades sanitarias” -políticas- les han infundido un formidable pánico trasmitido masivamente por los medios que, al final siempre son oficialistas, siempre repiten como cierto aquello que pontifican “las autoridades” o “los especialistas”. Y les han dicho que las paredes se están volviendo negras. Terrorífico.

A pesar de todo, intento decirles con prudencia y calma que no existe motivo para asustarse y que, de hecho, las paredes siguen siendo blancas. Insólitamente se desata la ira, son negras me gritan y me acusan de no ver “la realidad” -que les trasmiten los medios- y me muestran mínimos puntos negros dentro del inmenso el blanco asegurando que eso es lo que importa. Los improperios que recibo son impensables en condiciones normales, es que el pánico, la incapacidad de razonar, lo absurdo y la violencia siempre van juntas e inseparables. Primer corolario: jamás debe actuarse bajo influjo del pánico.

Estamos a fines del 2019 y principios del 2020. Las “autoridades” sanitarias comienzan a hablar de un “coronavirus”. Para cualquiera que no entra en pánico, resulta de sentido común el que la naturaleza no puede cambiar de manera tan radical y amenazar al ser humano de esa manera. Un análisis racional y desapasionado de los estudios y estadísticas muestran que se trata de otra cepa de la gripe.

Si los muertos superan en algo lo normal, de una temporada gripal, se debe a que los contabilizan exageradamente y a los protocolos y tratamientos como, por ejemplo, la intubación que es altamente riesgosa y, con un tratamiento adecuado, puede y debe evitarse. Mi médico personal atendió más de 300 casos de coronavirus y, hasta donde sé, ninguno falleció.

Ya venía escribiendo que el pánico era el arma que utilizan los totalitarios para dominar, porque por miedo las personas aceptan que sus libertades personales sean conculcadas, como cuando a punta de pistola un ladrón consigue que se le entregue el botín. A lo que hay que sumarle el no poco importante FOMO (en el mercado financiero: fear of missing out, el miedo de quedarse afuera).

De hecho, muchos me dijeron, como argumento para que aceptara el “drama del coronavirus” que si no lo hacía me quedaría solo y, en gran parte se cumplió, muchos medios importantes dejaron de publicar mis columnas, independientemente de que ahora casi no escribo, y en una de mis últimas columnas (Coronavirus: después puede venir lo peor) los improperios fueron masivos .

Por supuesto que hoy todos saben que las cuarentenas draconianas solo sirvieron para destruir. Los mismos que insultaban ya hoy seguramente no lo harían, y los medios que de manera insistente hasta el hartazgo publicaban el “quédate en casa” hoy saben que eso fue contraproducente. Pero no lo reconocerán, jamás esperes un mea culpa. Por cierto, cuenta Egon von Greyerz que ha “pasado parte del verano -agosto 2021- en Suecia y ha sido reconfortante ver a la gente llevar sus vidas con normalidad. Casi nunca ves a alguien con una máscara en ningún lado”.

Pero aun cuando ya muy pocos piensan en cuarentenas draconianas, todavía siguen insistiendo en que existe un grave peligro y que hay que vacunarse. Entre los muchos casos, me encontré con una persona que me dijo que ella, su hermana, su hija y su marido habían sufrido importantes efectos colaterales -alta fiebre, dolores de cabeza y musculares- luego de la segunda dosis.

Lógicamente, esperaba que concluyera que no debíamos vacunarnos, sobre todo teniendo en cuenta de que estas reacciones colaterales son el idioma del cuerpo para avisar que ha sido intoxicado y nadie sabe, solo Dios, cuál será el efecto de esa intoxicación con el tiempo. Increíblemente, como producto del pánico que no la deja razonar, dio vuelta la lógica y concluyó, repitió, lo que le dicen los medios masivos: que debíamos todos vacunarnos para “terminar de una vez con esta pesadilla que nos trajo el covid 19”.

Aunque todavía hay muchos gobiernos que cometen actos criminales como el de Australia que prohíbe Ivermectin para inducir la vacunación ante la falta de alternativas, en general las “autoridades” se alejan cada vez más de la vacunación obligatoria. El de Inglaterra ha anunciado que deja de lado los “pasaportes nazitarios” como los llama un amigo mío, mientras que Biden enfrenta una resistencia feroz y el Estado de Michigan anuncia que “los trabajadores con inmunidad natural no necesitan vacunarse”.

Obviamente las autoridades, instituciones y, sobre todo, los medios masivos nunca reconocerán haberse equivocado y mentido de tal forma. De modo que jamás aceptarán que solo fue una cepa más de la gripe normal. Pero como llegará el tiempo en que ya no podrán disimular que la pared es blanca, y que no ha cambiado el color, crearán la “transverdad”: dirán que, quizás, la pared es blanca pero que “las autoridades, los expertos” y ellos la perciben negra y eso es lo que vale.

Por cierto, como no estoy dispuesto a aceptar la transverdad, probablemente no vuelvan a publicar mis columnas aquellos que han dejado de hacerlo.

En cualquier caso, habremos vuelto a la normalidad, a la de siempre dado que a la tontería de la “nueva normalidad” ya nadie la propone. El problema es que, si no se reconoce el error, si no se sinceran y dicen la verdad, lo más probable es que volvamos a caer en otra mentira con graves consecuencias. Como la “guerra contra el terrorismo” que aconsejaron los “expertos” -los Fauci- de entonces que llevó a EE.UU. a invadir Afganistán para “terminar con los talibanes” y hoy, después de miles de muertos, masiva destrucción y miles de millones de dólares gastados el ejército de EE.UU. se ofrece a colaborar con los mismos talibanes para enfrentar al Isis.

Por suerte, no han aceptado la colaboración, de otro modo esto terminaría en una derrota frente al Isis pretendiendo colaborar con ellos para otra guerra.

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