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Las libertades que nos faltan

Evolución

Ayer se conmemoraron 200 años desde que las hoy naciones centroamericanas declararon su independencia del reino de España. En ese sentido, lo que eventualmente se logró fue la autonomía política, la soberanía y el derecho a la autodeterminación de cada uno de esos nuevos estados conformados. Y desde luego que durante ese tiempo hemos venido forjando un sentimiento patrio y una identidad nacional, por lo cual hoy lo celebramos como un hito significativo en nuestra historia. Pero la independencia política de un “Estado” con relación a otro es realmente irrelevante si se contrasta con la Libertad que verdaderamente importa, es decir la de los ciudadanos dentro de cualquier tipo de organización social o política, sea o no un estado independiente. Hong Kong, por ejemplo, fue colonia británica durante un siglo y a la vez se convirtió en una región entre las más prósperas del planeta; y todo debido a un amplio sistema de libertades individuales, que en lo económico podemos definir como capitalismo. Hoy que ese territorio ha regresado al control de la China comunista, muchas de esas libertades, particularmente las políticas, se ven seriamente amenazadas.

En el caso de Guatemala, durante el tiempo que hemos sido un Estado-Nación, hemos logrado avances importantes en cuanto a la libertad de los ciudadanos se refiere. Hemos soportado y superado dictaduras de déspotas cuyo poder ha llegado al extremo de decidir sobre vidas humanas. Como también hemos sufrido, y en menor grado resistido, los embates de ideologías destructivas que pretenden absolutizar la vida humana desde el “Estado”, lo que más bien implica desde la voluntad de quienes se erigen victoriosos en su “lucha”. Así, sus “conquistas” nos condujeron a la consolidación de un aparato monstruoso, cual leviatán, que a la fecha controla muchos aspectos de nuestras vidas, bajo el pretexto que es desde el “Estado” y su ilusoria magnanimidad y benevolencia que se debe controlar nuestras vidas y satisfacer nuestras necesidades, presuntamente en nuestro propio beneficio, y ante el cual debemos sacrificarnos y comportarnos como súbditos. Y hoy, más que nunca, esa quimera de un estado “benefactor” es la que ha servido de subterfugio para que muchos hayan decidido sacrificar nuestras libertades y dotar de poder a quienes lo aprovechen para sus fines y beneficios corruptos. Y aún frente a la evidencia y contra la lógica y la razón siguen exaltando el estatismo y se aferran a su mentalidad de súbditos, en lugar de ciudadanos, y de gobernados, en lugar de individuos libres, sujetos de derecho. 

A pesar de ello, hemos logrado alcanzar libertades políticas fundamentales. Hoy podemos decir que en el campo político todos los guatemaltecos prácticamente somos tratados de forma igual ante la ley. Y si bien este ideal no se ha alcanzado plenamente en un sentido más amplio, la tarea pendiente consiste primordialmente en eliminar privilegios que se han establecido legalmente para favorecer a grupos específicos. También podemos, por ejemplo, expresar abiertamente nuestras opiniones y denunciar públicamente los abusos en la administración pública. Pero si bien hoy gozamos de libertades políticas que no siempre tuvimos, tampoco las hemos sabido aprovechar para consolidar nuestras libertades en otros ámbitos. Como por ejemplo, para emprender, producir, intercambiar o comerciar. Y esa es la tarea que tenemos pendientes como ciudadanos. Entender, primero, y consolidar, segundo, que los derechos radican en cada uno de nosotros, como individuos, y que por lo tanto, actuamos e interactuamos por derecho, y no por permiso. Y ello implica una reforma profunda a un sistema restrictivo de nuestras libertades en esos aspectos y que es el que nos impide superarnos como individuos y progresar como nación.

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