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A 200 años que nos robaron la independencia y la república (Parte II)

Barataria

A 200 años que nos robaron la independencia y la república (Parte II)

El domingo pasado, escribí algunas consideraciones sobre la celebración del Bicentenario de la firma de la separación política de la región centroamericana del Reino de España.  Hay temas que no son muy populares y sin duda, criticar la “independencia nacional” lógicamente hiere las fibras más profundas de un supuesto nacionalismo chapín.  Ese nacionalismo guatemalteco que resulta ser una suerte de sentimientos profundos que se hacen aflorar cuando les conviene a ciertos sectores que promueven y exaltan a Guatemala y sus habitantes como un país modelo que no lo es.  Se explota el ser guatemalteco, la identidad nacional haciéndonos creer que somos un país “libre y soberano” cuyos destinos los trazamos todos los guatemaltecos, con una democracia casi perfecta y que se gobierna bajo el imperio de la ley, con una institucionalidad fuerte, en donde no hay dos Guatemalas, ni privilegios sino la igualdad ante la ley.  Así, cada 15 de septiembre desde que tengo memoria, ha resultado el exaltar un nacionalismo conveniente y olvidarnos de los reales y verdaderos problemas del país que se presenta de una manera, pero la realidad es otra.

El pasado 15 de septiembre de 2021, hubiera transcurrido como una gran celebración, antorchas por doquier, actos oficiales y recepciones, desfiles de bandas y cada municipalidad, colegio y escuela celebrando actos cívicos con el objeto de exaltar aquella “gesta” lograda por un grupo de personajes que aparecen en el reverso del billete de veinte quetzales en un grabado “discutiendo y exigiendo” la independencia de Centroamérica.  Pero la pandemia del COVID 19 y los últimos acontecimientos políticos que han surgido a partir de 2016 en Guatemala, nos han dado la ocasión casi perfecta para cuestionar la historia, una oportunidad única en este tiempo.

La historia, amable lector, no se cuestiona en Guatemala.  Guatemala no tiene memoria, no porque sea un caballero, sino porque las elites y los grupos que quieren manejar el país así lo han determinado.  La historia que se enseña en las escuelas y colegios e incluso universidades dista mucho de la realidad.  Es una historia en la que se agradece la conquista española porque las tribus guatemaltecas se encontraban en constante guerra y tenderían a desaparecer, así la conquista vino a poner fin supuestamente a esas rencillas.  Es una historia en dónde se menosprecia a los pueblos originarios haciéndoseles ver como ignorantes, como culturas retrasadas e incivilizadas y que los españoles con el mestizaje crearon estas naciones, nada más alejado de la realidad. En fin, la historia debe ser cuestionada, porque en realidad no es lo que sucedió y esto nos obliga a replantear la historia, porque ningún país puede construir un nacionalismo sobre la base de una historia ficticia llena de datos sin corroborar y exaltando a unos, desechando a otros y creyendo que de esta manera se puede mantener incólume el nacionalismo que profesaríamos a Guatemala.

El cuestionamiento de los hechos acontecidos aquel 15 de septiembre de 1821 y todo lo que rodearon aquellos acontecimientos antes y después, son lo que ha creado este país con una historia de apropiación del poder casi desde sus inicios.  Esto es legítimo, debemos cuestionarnos si aquella declaración de la separación de España y las acciones para conservar los privilegios obtenidos, como la anexión a México y luego al cabo de un año la desanexión que trajo consigo serios conflictos que culminaron con la separación de las naciones centroamericanas.  Todo esto, claro que es legitimo cuestionar y decidir si queremos continuar siendo un país en el cual la desigualdad de la época colonial, los privilegios y la discriminación continúen siendo un resabio de aquella época que, 200 años adelante continua.  No somos una nación que ha evolucionado en este tiempo, estos 200 años han estado colmados de sinsabores, de una serie de dictadores que se erigieron con apoyo de los grupos económicos fuertes como hasta hoy y que se sostuvieron haciendo fraudes, comprando voluntades y cooptando instituciones como hoy día continuamos en Guatemala, bajo los mismos parámetros de antes y arrastrando un lastre de colonialismo que algunos aún lo quieren hacer valer.

Claro que cuando hablamos de nacionalismos, fluyen muchos que no quieren que se cuestione las condiciones actuales, ni quieren que se establezca la historia porque allí aparecerán muchas cosas vergonzosas que se han hecho “en nombre de la patria” y que en realidad era para mantener un estatus.  Pero en realidad, si queremos ser guatemaltecos y exaltar nuestro nacionalismo es momento de cuestionarnos qué país tenemos y qué país queremos ser.  Cierto es que estamos a 200 años de que nos robaron la independencia, nos dieron un país que no es lo que esperábamos y nos robaron la república.  Al día de hoy, continúan las mismas condiciones que hace 200 años: Las elites económicas en maridaje con el poder político y protegiendo sus intereses, ahora bien, proteger los intereses en realidad es comprar voluntades, comprar el poder político y pagar para que se mantengan sus privilegios; seguimos manteniendo una política de discriminación hacia los pueblos indígenas, restándole oportunidades, limitando su desarrollo y evitando a toda costa las reivindicaciones; continuamos también limitando las oportunidades para los jóvenes que no provienen del estatus  y con ello si estos llegan a superarse serán víctimas de las elites, para que sean tontos  útiles o bien para que no pasen más allá.  

Es momento de cuestionarnos el país que tenemos y cómo surgió, para que podamos enderezar el rumbo y refundar un país sin los lastres del colonialismo que aún imperan.

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