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La mujer del Siglo XXI

Políticamente Incorrecta

Al igual que con la política y la religión, los extremos son dramáticos entre las mujeres en el Siglo XXI.  De todas hay en la viña del Señor.

La mujer en este siglo hace todo tipo de trabajo. Desde manejar montacargas en los puertos, a trabajar en el fondo de una mina. Desde soldados o policías a corredoras de autos. Participan en todos los deportes, profesiones, hay políticos prominentes, Presidentes o Primer Ministro, hasta bombero.  Margaret Thatcher, Golda Meir, Indira Ghandi, Nikki Haley, Marsha Blackburn, Marjorie Taylor Greene, la Madre Teresa de Calcuta, la Reina de Jordania, y muchas otras son políticos y mujeres admirables. No todas son desquiciadas como Alexandra Ocasio-Cortéz y su squad, criminales como Marjorie Chacón, o ladronas como Roxana Baldetti.

Y todas esas profesiones son dignas de respeto, y no implican que la mujer deje de sentirse mujer.

El ser femeninas no se basa en tener las uñas largas o usar la ropa trincada y tacones ultra altos. El ser femeninas se basa en la forma de hablar, de comportarse. Una mujer puede tener garras por uñas y ser una persona vulgar y grosera, que contradice la feminidad. Puede ser sumisa y ser una marimacha, que también contradice la feminidad.

La mujer, especialmente las jóvenes, son bombardeadas con que todo lo que tradicionalmente era de mujer es denigrante, ofensivo, discriminatorio o abusivo. No se dan cuenta que hay hombres hoy día que se dedican a la profesión de chef, estilista de belleza, son maestros de escuela, o padres que le hacen de madre, sin dejar de ser hombres varoniles. No por hacer todo eso dejan su virilidad como no por empuñar un arma una mujer deja de ser femenina. No se confundan.

El otro día un hombre en un chat decía que las mujeres no debían participar en política, y basaba su opinión en los ejemplos de mujeres guatemaltecas en política:  Evelyn Morataya, Patricia Sandoval, Lucrecia Hernández Mack, Helen Mack, Sandra Torres, Rosalina Tuyuc, Yasmin Barrios, Erika Aifán, Thelma Aldana, y tantas otras que han llegado a sus puestos sin duda en parte por su astucia y en parte por usar sus dotes físicos para el efecto.  Unas utilizan su físico para comprar patrocinios y las otras, por intimidantes. 

Pero ese hombre y todos los que opinan como él olvidan que también hay mujeres como la Dra. María Consuelo Porras, la Licda. Marta Altolaguirre, la ex Canciller Sandra Jovel, la Licda. Karen Fischer, la Licda. Carolina Castellanos, la Magistrada Donia Ochoa, las Juez Ana Isabel Guerra, Karol Vásquez, Patricia Flores, Leticia Peña, Sara Reyes, Blanca Sitavi, la Magistrada Benicia Contreras, que son ejemplos de profesionalismo, dignidad, ética, y a su vez, mujeres orgullosas de ser mujeres.

Femeninas cada una en su estilo, pero jamás vulgares o dando pie a pensar que están donde están por sus “dotes físicos”. Han llegado donde han llegado a punta de demostrar que tienen materia gris para regalar, dignamente. Profesionales que espero sigan teniendo la valentía para aplicar la ley y hacer justicia sin ideología, como lo exige la ética.

El 40% de los jueces del país son mujeres, de los 1088 que tiene el Organismo Judicial. El Ejército tiene apenas un 7.8%, aunque considerando la visión tradicional en contra de la mujer en esa profesión, hemos avanzado. En la PNC de 40,675 efectivos, 6,633 son mujeres incluyendo en el equipo de fuerzas especiales conocido como Los Lobos. Sólo los Bomberos Voluntarios tienen más de 5 mil mujeres.

La mujer es tan valiosa en la sociedad, que es la primera en inculcar principios y valores a sus hijos. Muchas agregan a estos la Fe. Enseñan ética y responsabilidad a su prole. Y en mucho predican con el ejemplo.

La mujer no necesita renegar de sus aptitudes como madre, de su feminidad que nada tiene que ver con la vulgaridad, de su fortaleza como creadora y portadora de vida humana, y no por ser fuerte y tener buena puntería debe dejar de ser tierna o dulce. Ojalá las futuras generaciones entren en todas las profesiones, realicen sus sueños, y abracen su calidad de mujer con dignidad y fuerza.

La mujer chapina merece respeto, pero no sólo de los hombres. También entre nosotras las mujeres.

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