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Presupuesto, Congreso y Pseudobicameralismo

Evolución

A principios de este mes el Ministerio de Finanzas remitió al Congreso de la República la propuesta de presupuesto para el año 2022 por Q103,992,500,000. Lo dejo en números para que aprecie la voracidad de éste, como de cualquier otro gobierno, para esquilmar a la población productiva, como siempre, lo más que puedan y sin mayor reparo, para disponer a manos rebosantes de nuestros recursos a su sabor y antojo. Y sin la más mínima consideración a lo que la prudencia aconseja en cuanto a los daños económicos que se pueden provocar con un presupuesto sobredimensionado y deficitario, no se diga las oportunidades de corrupción que implica una cifra tan exorbitante.

Como siempre, la aprobación de esta monstruosidad inflacionaria dependerá de la habilidad que tengan las bancadas afines al gobierno para persuadir, que más bien es comprar, los votos necesarios para lograr el “consenso” “mayoritario” necesario. En fin, la democracia no es otra cosa que coaliciones de minorías, temporales y a conveniencia, para sumar las “mayorías” necesarias para imponer los fines específicos de dichas minorías. En ese juego, resulta valioso el ascenso de los diputados distritales que comprenden el ochenta por ciento de la totalidad del congreso. Su aquiescencia se compra, básicamente, con la inclusión de partidas presupuestarias para proyectos específicos en sus respectivos distritos, conocido comúnmente como el listado geográfico de obras. Con este mecanismo los diputados particularmente distritales logran obtener asignaciones, que individualmente consideradas resultan cuantiosas, que aprovechan para “llevar obra” a sus distritos y, más comúnmente, beneficiarse de ejecutar proyectos por medio de empresas, constructoras u oenegés, por ejemplo, a las cuales están vinculados.

Por mucho tiempo he venido proponiendo y resaltando la importancia de reformar la ley electoral en el sentido de crear subdistritos electorales de manera que se divida la totalidad de la población entre el número de diputados distritales a elegir y que cada subdistrito tenga una concentración de población menor, lo cual realmente aumenta la proporcionalidad, de manera que se elija a un solo diputado, por nombre y apellido, en cada subdistrito, lo cual mejora la representatividad y la rendición de cuentas. Pero, considerando el problema del intercambio de votos ejemplificado con el tema del presupuesto, claro está que la votación uninominal, si bien es indispensable, es solo un componente de una reforma que debe ser integral. Por lo que, a raíz de ello, hoy quiero abordar otro aspecto de la propuesta.

El invento pseudobicameralista que nos legaron los constituyentes, es decir, conformar un congreso con diputados distritales y por lista nacional, en la forma en que se implementó es un perfecto sinsentido. De nada sirve tener dos criterios para elegir diputados si todos se eligen en el mismo momento, para el mismo período, con la misma fórmula y sus nocivos efectos, a conveniencia de los mismos partidos que conforman los listados y, sobre todo, para el mismo congreso y cuyos votos sirven y son indistintos para las mismas decisiones. Para aprobar un presupuesto, por ejemplo, se requiere el voto de un número mayoritario de diputados y es totalmente irrelevante si son distritales o nacionales. En esencia, lo que trato de decir es que en Guatemala la distinción entre diputados distritales y nacionales para nada sirve como un contrapeso de unos hacia otros, a diferencia del contrapeso genuinamente republicano y efectivo que se observa en un sistema bicameral. La voracidad presupuestaria no es exclusiva de los gobiernos tropicales, es más, estos son aprendices de los expertos socialistas-demócratas más sofisticados de los países desarrollados que han olvidado la clave de su prosperidad. En Estados Unidos, por ejemplo, un Senado más prudente, aún así sea controlado por los demócratas, es lo que mantiene la posibilidad de evitar el aberrante programa de gasto de 3.5 billones de dólares que quiere impulsar la extrema izquierda hoy predominante en ese país. En resumen, lo primordial es darle a la población la oportunidad de desconcentrar y dispersar el poder para consolidar contrapesos políticos, evitar abusos y reducir la posibilidad de negociaciones espurias que resultan en coaliciones “mayoritarias”. Eso se logra, por ejemplo, con un congreso con una división real en dos cámaras, requiriendo la aprobación de ambas, y cuyos miembros sean electos bajo criterios diferentes, para períodos diferenciados, en etapas distintas y con diferentes mecanismos de elección. Y para concluir con el tema del presupuesto, existe una miríada de programas que tienen asignaciones presupuestarias incrustadas en la legislación que les dio origen y que a la vez comprometen fracciones específicas de la recaudación de determinados impuestos. Y mientras esos programas innecesarios no se deroguen y no se establezca como principio que la distribución del gasto deberá priorizarse dentro de los límites de la recaudaciónel problema de presupuestos y déficits que incrementan año con año solo seguirá agravándose. Pero para ello se requiere un congreso con diputados más responsables y a quienes se les pueda exigir, lo cual, nuevamente, reafirma la necesidad imperiosa de la reforma que planteo.

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