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El indigenismo y el nuevo comunismo según Diaz Ayuso

Barataria

La semana recién pasada la Presidenta de la Comunidad de Madrid por el partido Popular, Isabel Díaz Ayuso, en Estados Unidos se refirió a los movimientos reivindicativos que se han estado gestando en Latinoamérica y lo que ella llamó “el nuevo comunismo”.  El cuestionamiento de los movimientos de los pueblos originarios de estas tierras es legítimo, pero es intolerable que de entrada se les tilde de “comunistas”.  A mediados del siglo pasado se dio inicio en Latinoamérica una serie de corrientes que buscaron “ladinizar” a los pueblos indígenas so pretexto de que esto haría naciones mucho más “incluyentes” y que, con estos modelos de desarrollo social, se podría evitar la probable extinción de los pueblos originarios.

Estos movimientos “ladinizadores” dieron lugar a que se perdiera gran parte de tradiciones, costumbres y formas de organización social de los pueblos indígenas, algunos de éstos en Guatemala provocaron que en muchos lugares dejaran de hablar los idiomas propios, optando por imponer el idioma español y con esto la casi perdida de la riqueza cultural.  Pueda, que en la mentalidad de quienes impulsaron estos movimientos se encuentre una perversa idea de que estaban “ayudando” a los pueblos indígenas con dirigir un desarrollo, sin embargo, la idea de un desarrollo social con base en la marginación y explotación en realidad no provee el desarrollo.  Desde tiempos coloniales se buscó una manera de someter a los pueblos indígenas con base en instituciones que esclavizaban literalmente como La Encomienda y El Repartimiento, esos sistemas pervivieron ya en la época postcolonial o que algunos llaman malamente “independiente”, pero disfrazados de un régimen legal injusto.

Durante años, los pueblos indígenas marginados han esperado con ansias un nuevo despertar que los lleve a la reivindicación de sus demandas.  Porque nadie puede negar que los pueblos indígenas han sufrido años de marginación, sin embargo el aprovechamiento que muchos políticos hacen de la marginación y falta de oportunidades que tienen los pueblos indígenas, sumados a discursos populistas que arrastran masas necesitadas, ha frustrado los proyectos de muchos, de una verdadera refundación de los Estados.  Prueba de ello fueron aquellos movimientos guerrilleros que surgieron entre los sesentas a los ochentas, estos movimientos en Guatemala, florecieron en las áreas marginadas de mucha pobreza y en muchos lugares en dónde se asentaban los pueblos originarios, sin embargo al momento de “negociar la paz”, fueron los comandantes guerrilleros y cuadros medios y altos que traicionaron las aspiraciones para una Guatemala mejor, ya que los únicos que salieron bien librados, con muchos recursos y para no continuar trabajando en sus vidas fueron ellos, porque dejaron de lado una verdadera negociación fundada en justicia social y reivindicación de los pueblos indígenas abandonándolos a su suerte, de tal manera que a más de veinte años de la firma de aquellos acuerdos, persisten las causas que supuestamente motivaron la guerra de guerrillas y los pueblos indígenas siguen siendo utilizados políticamente para los intereses de aquellos que quieren hacerse con el poder.

Lo dicho por Díaz Ayuso, sobre el agradecimiento que los pueblos originarios deberían tener en España, es comprensible pero no excusable, dado que debería de ubicarse en el contexto de la conquista y de los hechos que se dieron en la América Colonial, sin contar las enfermedades que mermaron a gran población indígena, más que las mismas guerras de conquista.  Sin embargo, resulta contraproducente que el mismo presidente Giammattei, argumentara aspectos similares en su discurso con motivo de los 200 años de la firma del acta de 1821.  El señor Giammattei expresó: “Cuando España llega a Guatemala en 1524, no existía una convivencia armoniosa, pacífica y afable entre los pueblos originarios. No éramos precisamente un pueblo en paz…”  En otras palabras, replica el pensamiento de que sin la llegada de España, estos pueblos hubiesen desaparecido; esta forma de pensar ha hecho que en Guatemala exista la exigencia de una especie de “agradecimiento” a los ladinos por la existencia de los pueblos indígenas, porque sin ellos los indígenas estarían perdidos, nada más lejos de la verdad.

Lo cierto es que confundir las exigencias de los pueblos indígenas en una especie de comunismo, socialismo es una forma burda de evitar la discusión, el análisis y las resoluciones que se deben de tomar en ese aspecto.  Cierto es que hay actores sociales radicales que, bajo una falsa identificación con los pueblos indígenas, pretenden no un nuevo orden social, sino un desorden social, para burdamente volver a este país en una especie de Ruanda.  Ese naturalmente no es el camino, pero sí la discusión seria sobre la forma en que llegaremos a ser un Estado incluyente y respetuoso de los pueblos originarios, así como abrir las oportunidades y el desarrollo social sin el menoscabo de la riqueza cultural de los indígenas esto por supuesto es necesario.  En Guatemala no se necesita una “ladinización” de los pueblos indígenas, no se necesita ver a los pueblos indígenas como necesitados de una salvación del Estado para que puedan sobrevivir.  Lo que se necesita es considerar las exigencias de estos pueblos que por derecho de tierra deben ser reivindicados y que el respeto a sus formar culturales debería ser lo esencial para considerar a Guatemala única, no las dos Guatemalas que se han mantenido desde la época colonial.

Considerar la exigencias de los pueblos indígenas como un nuevo comunismo, es simplemente una forma de mirar hacia otro lado y evitar una discusión que se ha postergado en Guatemala por 200 años y que no puede esperar más.

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