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¿Encuentro de culturas o conquista?

Antropos

“Recordemos, afirma Severo Martínez Peláez, que la conquista de América fue el triunfo de unos cuantos grupos de aventureros, desarrapados y alejados de su ambiente, sobre vigorosas organizaciones indígenas que vivían a lo largo de inmensos territorios”. 

El 12 de Octubre de 1492, se dio el encuentro de dos culturas totalmente diferentes. Generó asombro, desconfianza, acercamientos. Para los habitantes de estas tierras, fue desafortunado y para los conquistadores, acumulación de inmensas fortunas sobre la base de la crueldad y destrucción de antiguos modos de vida. 

La obra de Bartolomé de las Casas, nos ofrece desde la colonia, a través de sus discursos y la defensa ante Ginés de Sepúlveda, defensor de la corona, un conjunto de relatos de las barbaridades que cometieron los españoles en América. Este vasto proyecto de expansión, floreció, sobre el pillaje y formas que utilizaron como el repartimiento y la encomienda para apropiarse de grandes extensiones de tierra, así como de los indígenas que en ellas habitaban convirtiéndolos en siervos.

Este mundo que se abrió a los españoles, estaba poblado por civilizaciones que lograron un complejo grado cultural y social. Fueron creadores de altos niveles de abstracción matemática, construcción de grandes observatorios astronómicos, desarrollo de la producción agrícola, arquitectura, arte, escritura, como clara manifestación de sociedades magníficamente organizadas. En el encuentro militar triunfaron los ibéricos con “la espada en una mano y la biblia en la otra” afirma Eduardo Galeano.  

Recordemos que España cometió un crimen natural, dijo José Martí, en el que “el tallo esbelto debió dejarse erguido, para que pudiera verse luego en toda su hermosura la obra entera y florecida de la naturaleza ¡robaron los conquistadores una página al Universo!”. Hermosas palabras que deben  florecer en la conciencia de “Nuestra América”.

La historia de América no empieza con los españoles. No es el capítulo inicial, sino el momento en el cual se corta el desenvolvimiento histórico de civilizaciones complejas como Aztecas, Maya e Inca. La conquista fue la irrupción sobre culturas que no fueron respetadas e impusieron aparentemente, la cosmovisión del vencedor. 

Obviamente habrá que reconocer los avances civilizatorios de Europa, pero sobre la base de una mirada diferente, tales como el encuentro de culturas. Razón tenía Martí al afirmar que “la historia de América, de los Incas, ha de enseñarse al dedillo. Aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria”.

El conquistador actuó a partir de considerarse poseedor de la conciencia de ser el sujeto dominante y centra su acción en función de su proyecto de expansión. Para el conquistado, en cambio se convierte en la víctima subsumido a un mundo extraño.   

En medio de esta batalla cultural, los colonizadores no lograron que el indígena a pesar de esa fuerza controladora, sucumbiera a sus propios valores. Antes bien, éstos asumieron su rebeldía y en el ámbito de la espiritualidad, ocultaron sus dioses, tras los altares e imágenes cristianas a quienes obligaron a adorar. Sometieron una parte de él, pero no doblegaron su espíritu y el sentido de identidad cultural. 

Ciertamente los indígenas no lograron vencer en aquel momento a los invasores, porque estos se impusieron, creando instituciones dominantes en la que se repartieron tierras y siervos bajo el control de un aparato jurídico de herencia romana y musulmana que aún está vigente en todo el sistema de justicia. Modificaron las formas históricas de organización social de los pueblos originarios, creando estructuras administrativas con autoridades impuestas por la corona española a través de capitanías generales o virreinatos, acompañado por templos católicos. Todo un enjambre de imposición colonizador de carácter militar, político, educativo, cultural y religioso. 

Ante esto, los pueblos originarios se propusieron alcanzar con sabiduría e inteligencia diferentes formas de organización comunitaria, a fin de lograr la pervivencia de sus valores para administrar justicia, mantener la armonía con su entorno natural, su espiritualidad y cosmovisión, la transmisión de sus tradiciones y costumbres culturales, el fortalecimiento de la familia, la espiritualidad y mitos que arropan su visión de mundo. Esencialmente, los pueblos indígenas, caminan tras una profunda aspiración que abra las puertas para concretar en la vida cotidiana, el respeto a su dignidad en todas las dimensiones.

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