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Guatemala: Anárquica y Anómica

Evolución

Esta semana fueron noticia varios sucesos que desnudan nuestra realidad.

Por un lado, un vendedor de huevos que estacionó su vehículo momentáneamente en un lugar en el que no lo está permitido, agredió de una forma intensamente violenta a un agente de la policía municipal de tránsito luego que éste le colocara un cepo por la infracción. Esta no es la primera vez que se conoce de altercaciones físicas entre ciudadanos y esos agentes impíos que ante la más mínima contravención aplican despiadadamente su reglamento para provocar el cobro de una multa que es virtualmente imposible contestar, que es lo que en el fondo les interesa. En múltiples ocasiones se ha visto que tanto ciudadanos descontentos como agentes que abusan de su investidura se comportan de forma salvaje, recurriendo a la violencia como forma de imponer su verdad. Pero para el caso específico de esas “autoridades”, es una absoluta vergüenza que lleguen a esos extremos.

Pero el ejemplo de la gravedad de nuestra descomposición y disfuncionalidad social más reciente lo dieron los veteranos militares que bajo el pretexto de presionar al congreso para que apruebe una iniciativa que les otorgaría una compensación económica, incursionaron violentamente en el congreso, provocaron daños, incendiaron vehículos y agredieron a reporteros que cubrían la noticia, incluso despojándolos de sus cámaras y destruyéndolas con la intención irracional de eliminar esa evidencia. Y, repito, tampoco es el primer incidente donde “manifestantes” recurren a actos vandálicos, destructivos y barbáricos para impulsar sus agendas. No hace mucho veíamos también que la irracionalidad de moda de destruir monumentos públicos como expresión de ideologías aberrantes ha sido importada a nuestro país; lo que se viene a sumar a una cadena de abusos y crímenes perpetrados por mal llamadas organizaciones que comparten esas ideologías y desean imponer su agenda destructiva en el país.

Pero esos son sólo los síntomas de problemas más profundos en Guatemala. Por ejemplo, no hay chapín que no esté convencido de tener la explicación perfecta para justificar porqué, en su caso particular, la ley no se le debe aplicar. Todos tienen la excusa perfecta, “es que sólo fue un momento”, “es que es por una emergencia”, “es que no tomé mucho”, “es que fíjese que …”.  En su realidad, son siempre la excepción válida a la aplicación de la ley; y el PMT y PNC son siempre los malos, incomprensibles, antipáticos. Y esos malos de la película tampoco se quedan atrás, extorsionan a su discreción para agenciarse de multas o mordidas. En cuanto al otro caso reciente, nada justifica la violencia y los crímenes perpetrados. Pero se debe comprender que esta gente ha visto cómo los políticos han repartido miles de millones de quetzales de nuestro dinero a organizaciones y grupos que reclaman ese tipo de prebendas bajo cualquier pretexto; como también han notado que todas esas organizaciones delincuenciales que bloquean carreteras, provocan pérdidas cuantiosas y destruyen propiedad privada, lo hacen con total y absoluta impunidad. 

Guatemala no sólo vive una situación de anarquía, de falta de gobernanza, en parte provocada por el modelo predominante donde se ve al estado como el que reparte el botín a favor de quienes tienen el poder, la influencia o hacen la suficiente presión, por el medio que fuere, para ser favorecidos. Guatemala vive una auténtica situación de anomia, es decir una ausencia total de normas. Y ello obedece a un sentimiento profundamente enraizado en la población y en nuestra cultura, un desprecio ampliamente esparcido a la idea que hay normas de convivencia social, política y de civilidad que se deben respetar. Y ese es un problema mucho más grave.

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