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Conociendo a Pancho Izquierdo

Cultura

Viajé al Perú, no sólo para cambiar de ambiente y desarrollarme como escritora. También quise conocer todo aquello que los libros no cuentan. La misma historia los tiene en el silencio. Uno de los personajes que están en este estado es el pintor Pancho Izquierdo. Un referente de este, fue sobre conocer de uno de sus más grandes amigos, un pintor que es mucho mayor que él, nos referimos a Víctor Humareda. Pero quien nos interesa ahorita es nuestro personaje.

Así como conocemos a Sócrates gracias a los escritos de Platón, de igual manera conoceremos a este icónico personaje, que nos trae en sus trabajos un mensaje oculto. La mayoría, son un alarido hecho colores sobre la realidad que vive tanto el Perú como otros países de América Latina.

Hace poco, hablaba con sus familiares y amigos pintores, comentan que han recobrado más de 300 trabajos del pintor Pancho Izquierdo, mencionaban que en sus trabajos se manifestaba su amor por la tierra y su grito de denuncia, su grito de batalla marcado en sus cuadros.

De acuerdo a datos obtenidos en diversas fuentes y parte de su biografía: él era hijo del escritor Francisco Izquierdo Ríos, nació en Jumbilla, en el departamento de Amazonas, en 1938, estudió derecho en esta casa superior de estudios, la Universidad Mayor de San Marcos, carrera que dejó de lado por su amor al arte, donde destacó nítidamente como pintor de campesinos, obreros, parroquianos, bohemios y ciudadanos comunes, reanudando la tradición peruanista y realista fundada por José Sabogal. 

Pintó la bohemia limeña de los años 60 y 70 y campesinos andinos. Como artista, frecuentó a escritores y poetas de la época en míticos lugares de Lima, tan bohemios como él mismo. El Palermo y Chino – chino. En esos lugares pintó al poeta Javier Heraud. 

Su manera de exponer la realidad, no era un pintor alejado de esta. Nunca pintaba “desde los balcones”. Como dicen sus biógrafos. Era considerado un artista de a pie, y lo que pintaba, buscaba que se pareciera lo más que se pueda a la realidad. 

Cuentan algunos cronistas sobre su vida que “su pincel estaba lleno de color de vida, de movimiento y también de vivo reclamo. Trazos fuertes que denotan energía. Rojos violentos, claroscuros que anuncian tempestades. Solía decir que los campesinos “eran las gentes más bellas del mundo”. Siempre los pintaba en multitud comunitaria. Les escribió un poemario, De pena y candela (1999).” Por ser un pintor en extremo realista, cita unas palabras de su gran amigo Víctor Humareda: “¡Ay, del pintor que se salga de la realidad!”

En mi visión muy personal, para el ojo poco entrenado, o que tenga un criterio muy limitado, las pinturas de Pancho Izquierdo serían un golpe a la psique. Pero, al prestarle atención a los detalles, el pintor trata de mandar un mensaje en sus pinturas. Al describir la bohemia, usa colores y tonos cálidos, a la vez, hace el complemento con otros colores para hacer las sombras, por ejemplo, en un cuadro donde pinta a Javier Heraud y a Vincent Van Gogh. El ingenio del pintor no tiene límites, al dibujar un retrato del poeta Hearud en un café en París, veinticinco años después de la desaparición física de este. En uno de sus cuadros se observa el amor profundo cuando pintaba a su esposa o a su hija como modelos en diferentes escenarios que evoca la realidad.

Cito sus palabras para cerrar esta nota en una entrevista que le hicieron: “Yo creo en un arte afirmativo. Creo en un arte de esperanza y posibilidades de la gente. No creo en un arte que solo sea arte. Si nosotros partimos de nuestra realidad, descubriremos que la nuestra es muy dolorosa. Por eso yo creo en un arte que, sin olvidar los sueños, tampoco olvide el dolor”.

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