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También interesan los que están vivos

Tanmi Tnam

El respeto y agradecimiento por los ancestros es un hecho que se mantiene de distintas maneras según la visión de los pueblos del mundo. Pero es responsabilidad de las instituciones públicas especializadas el fortalecimiento de las estrategias y acciones que implica llevar comida, salud, educación y alegría a las familias que viven en la ciudad y el campo.

En Guatemala está muy lejos el reconocimiento de los aportes de las culturas originarias en distintos campos del conocimiento. Se les niega el pasado, se invisibiliza de manera intencional a las generaciones presentes y se evita por todos los medios propiciar el mejoramiento de las condiciones de vida actual y futura de dichos pueblos. El liderazgo politiquero tradicional conserva la riqueza y el poder con mantener a gran parte de la población sumida en la ignorancia, en la desigualdad y en la injusticia. 

Ahora que descabezaron la estatua de cierto personaje en una de las avenidas de la ciudad capital, algunos funcionarios públicos pegaron el grito al cielo, demandan castigo a quienes se supone tuvieron la osadía de cometer tal hecho. Pero no tienen la misma actitud ni la misma demanda para castigar a quienes maltratan a la mujer, a quienes persiguen y matan a aquellos que defienden el pedazo de tierra que trabajan, no piden castigo a quienes desvían los ríos ni a aquellos que desalojan a los pobres de manera violenta por atender intereses poderosos. Con los medios al alcance, también hay población interesada en observar cómo las autoridades solucionan los problemas de quienes padecen hambre, enfermedades, analfabetismo y falta de oportunidades para el desarrollo.

Hay que tener apertura para reconocer que las culturas han tenido y tienen distintos aportes que se deben apreciar de manera pública y con orgullo. En el caso de Guatemala, los símbolos y personajes, deben tener los espacios que corresponden, qué o quién es, sus aportes o el significado, el impacto de sus contribuciones a la construcción de la democracia, la justicia y el desarrollo. Pierde sentido cuando la estatua o la institución representa a racistas, discriminadores, dictadores y genocidas en un país con distintas culturas.

Hay que dedicar espacios a elementos culturales y personajes de los pueblos de Guatemala, pero también hay que permitir que cada pueblo diga su palabra, su pensamiento y sus aspiraciones. Es necesario permitir que los pueblos continúen con las formas de conservación de la naturaleza y formas de economía que tratan de comprender las relaciones de respeto por la vida. Importa conocer en estos tiempos cómo debemos garantizar la vida para las generaciones que vienen. En la medida que se tengan las oportunidades para conocer los personajes de ayer y de hoy es posible que construyamos el país con cimientos sobre la justicia y la democracia.  

En Guatemala existen varios pueblos, hay culturas vivas que merecen ser estudiadas para mejorar la comprensión de la multiculturalidad actual y que con esta complejidad se construya el Estado incluyente con ventajas políticas y económicas para todos. Nuestro problema es que con o sin estatuas, en la actualidad, los pueblos originarios siguen sufriendo las consecuencias de la injusticia que anida en las estructuras del Estado excluyente.

A estas alturas del tiempo, es necesario el debate, el diálogo por la búsqueda de respuestas que apuesten por la comprensión, la justicia y la democracia que den paso al reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios que por el momento no asoman en las políticas públicas del Estado de Guatemala.

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