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Arévalo: El Presidente Educador

Antropos

La pregunta que hoy nos hacemos en el marco de lo que vive nuestro país, particularmente referido al estado de la educación, es, porqué estudiar a Juan José Arévalo.

Una de las razones de fondo, es el hecho que Arévalo fue un presidente que se identificó con el “pueblo que sufre, apoyó a los humildes, a los trabajadores, se negó a pactar con los corruptores de la función pública”.  Además, fue una figura de “alto nivel intelectual, con sensibilidad, preparación filosófica y elevada voluntad ética y de servicio”, afirma Carlos González Orellana.

Habrá que recordar, que el estado de la educación cuando asumió la presidencia era paupérrimo. Con la revolución del 44, surge un nuevo empuje, bajo la conducción de Arévalo desde la presidencia. De ahí que valoremos las ideas, aportes y sobre todo el ejemplo de un hombre que asumió el sentido de la democracia, como una vivencia personal que pudo trasladar con sus actos, en tanto ejerció la Presidencia de la República. Fue parte de una corriente de pensamiento social democrático que recorrió Latinoamérica, entre los que destacan figuras como el estadista costarricense José Figueres, Juan Bosch líder de la República Dominicana, Raúl Haya de la Torre en Perú, Víctor Paz Estensoro en Bolivia. 

Juan José Arévalo, tuvo una esmerada vida académica, que transcurrió en las universidades de Argentina, en donde se graduó como Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación con su tesis Pedagogía de la Personalidad. De previo, llevó en sus alforjas los conocimientos que forjaron su alma de maestro, en la Escuela Normal Central para Varones. De esta experiencia maravillosa e inundada de ideales y sueños, emergió el libro La inquietud normalistaen donde describe y analiza su paso por este centro de estudios.

En esta línea autobiográfica, también publicó Memorias de Aldeaque recuerda su infancia en Taxisco, pueblo de donde fue originario. Y en el marco de reminiscencias, está su obra La Argentina que yo vivíEn uno de sus libros se plasma la niñez, en el otro la adolescencia, juventud y la docencia universitaria. Nos legó además como obra póstuma Despacho Presidencialen el cual relata su vida pública, las contradicciones, los rumores de palacio, las traiciones y los afectos. Es un texto que deja plasmado un camino, un ideal de estadista y ciudadano.

Arévalo se nutrió de las ideas de los clásicos de la pedagogía y del pensamiento filosófico, como Comenio, Rousseau, John Dewey: Democracia y Educación, que lo lleva a decir que “los niños y los jóvenes son personalidades en Desarrollo que merecen de los padres, maestros, iglesia, Estado un respeto permanente y esto solo se logra en democracia”. Así como de las ideas de Husserl, Nietzsche, Henry Bergson, Max Scheler, Heidegger, Ortega y Gaset. Toda una trayectoria académica cincelada por el estudio y le reflexión sistemática.

Tuvo el privilegio de estudiar autores que marcaron los cambios educativos del siglo veinte en Europa, como Kerschenteiner que propuso la “Escuela del Trabajo” en el sentido de respetar los intereses de los educandos; María Montessori quien formula su teoría de la autoeducación; Ovidio Decroly que analiza el sincretismo de la mente infantil y propone los Centros de Interés, como una Metodología globalizadora de la enseñanza.

Esta enorme formación que tuvo el Doctor Arévalo, le permitió escribir obras como  La adolescencia como evasión y retorno, La filosofía de los valores, Escritos filosóficos y pedagógicos, El candidato blanco y el huracán, Viajar es Vivir, Guatemala, la democracia y el imperio, Fábula del tiburón y la sardina, Discursos en la Presidencia y a su vez, se convirtió en docente en algunas universidades argentinas, hasta que es llamado por el movimiento revolucionario de octubre de 1944, para que participara como candidato a la presidencia. 

Juan José Arévalo se decidió a promover los cambios necesarios en la educación, por la debilidad del sistema educativo y de la cultura en general. “Difícil tarea, señala Heliodoro Valle, que tiene ante sí el verdadero educador en Centroamérica”. Y en efecto, señala González Orellana, el programa educativo de la década de la revolución de 1944-1954, fue Amplio, pero hubo iniciativas que fueron directamente propuestos por el presidente educador.

Por ejemplo, indica este autor, se construyeron las Escuelas Normales tipo federación, bajo un concepto pedagógico innovador. Se creo la Biblioteca Nacional, el Conservatorio de música, el Archivo General de Centro América. Se incrementó la inversión en la educación rural y se creó la Escuela Normal Rural Pedro Molina. Se fortaleció la educación de adultos con el surgimiento de escuelas primarias nocturnas, así como la renovación de la Universidad Popular que había sido clausurada por el dictador Ubico y se promovió de manera masiva, la alfabetización, En la Educación Secundaria, indica González Orellana, además de impulsarse su crecimiento, se creó el Ciclo Básico, común al bachillerato y al Magisterio. Además, se introdujo el espíritu democrático, al crearse los Consejos de Profesores y las Asociaciones Estudiantiles, que en coordinación con los padres de familia formulaban proyectos y programas integrales. La interculturalidad y la investigación de las riquezas étnicas y culturales de Guatemala se atendieron en el Instituto Indigenista Nacional y el Instituto de Antropología e Historia.  

En otros ámbitos educativos, se le dio impulso a la educación técnica y a la Escuela de Agricultura, la reforma universitaria, con la creación de la Facultad de Humanidades, También la Dirección General de Bellas Artes, la Editorial del Ministerio de Educación Pública que publico en cinco años, cientos de libros y se fundaron muchas bibliotecas, lo cual dejó una profunda huella cultural en la vida nacional. Se le dio autonomía al deporte y se fortaleció la Educación Física Escolar. Uno de los temas a destacar, es la importancia que se le dio a la protección de la niñez. Se fundó el Comité Nacional Pro Ciegos y Sordomudos y se creó la Escuela para este sector vulnerable de la sociedad. Y como guinda de todo este hermoso pedazo de la historia del país, se formuló y aprobó la Ley de Escalafón, orientado a la dignificación de los maestros, porque Arévalo concebía la figura del maestro, como un ideal de ciudadano, noble y entregado a la formación de la niñez y la juventud. 

Reafirma que, a partir de sus estudios y práctica política, sobre todo durante los años de su gobierno impactado por la revolución del 20 de octubre, con una juventud ansiosa de Libertad, lo consolidó en el camino de promover la reivindicación social, frente a los destrozos que causó la dictadura ubiquista, 

Resulta necesario destacar una pieza de su discurso pronunciado el 17 de septiembre de 1945, al inaugurar en el Paraninfo Universitario, la creación de la Facultad de Humanidades: “Las universidades se justifican por los maestros que en ellas enseñan y si en ellas no hay maestros, lo mejor es cerrarlas porque degeneran en negocio y en simulación”. 

Finalmente, para entender mejor la transformación de la educación en la década del cuarenta y cuatro, señala el novelista Mario Monteforte Toledo, que “la reforma educativa se centró en despertar la conciencia de la nacionalidad, el sentido de la dignidad y la libertad, y el aprovechamiento vocacional de las capacidades del individuo. Se edificaron más escuelas que en los últimos cincuenta años, y se instituyeron las enseñanzas técnicas y la práctica para las zonas rurales. Fue muy intensa la campaña de alfabetización de menores y de adultos”.  Lo cual define a este autor, como “el cambio cultural”.

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