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Subdistritos y voto uninominal, no listados desbloqueados

Evolución

Por: Alejandro Baldizón

Tienen la idea correcta: que los ciudadanos puedan votar por sus representantes por nombre y apellido; pero siguen cometiendo los mismos errores: continuar con la partidocracia imperante, un sistema impráctico, disfuncional y que no empodera al votante. 

Esta semana trascendió que la Comisión de Asuntos Electorales del Congreso analizó las propuestas de reforma a al Ley Electoral y de Partidos Políticos, dentro de las cuales se incluye que la elección de diputados se haga de forma directa por cada diputado, independientemente del lugar que ocupa en el listado establecido por el partido político por el cual se postula. La propuesta que se discute actualmente plantea sustituir la anterior propuesta formulada por el Tribunal Supremo Electoral. En resumen, la reforma al artículo 203, que es el que establece el mecanismo de votación mediante listados, plantea que la votación para diputados, tanto por lista nacional como distritales, se haga con los listados desbloqueados, en el sentido que se permitirá a cada ciudadano votar por un solo candidato. Si bien en menor grado en comparación a otras anteriores, la propuesta sigue siendo absurda y tampoco resuelve el problema de fondo.

Tomemos el departamento de Guatemala como ejemplo. En dicho distrito se eligen 19 diputados. Si suponemos que participan 15 partidos, eso da un total de 285 candidatos. Para empezar, imagínese una papeleta con 285 nombres y fotos. La propuesta simple de listados “desbloqueados”, a diferencia del nefasto sistema actual, implicaría que el elector debería marcar sus 19 preferencias dentro de ese universo de 285. Vaya usted a saber cuánto tiempo tardaría cada votante en emitir su voto, no se diga el TSE en contarlos y obtener el resultado de los 19 que tengan mayoría de votos. Pero el problema va más allá de estos aspectos imprácticos e ilógicos. La nueva propuesta implica escoger dentro del mismo universo de 285 candidatos, con la diferencia que el votante únicamente podrá seleccionar a uno. Pero esto en nada resuelve el problema de la falta de representatividad del sistema. 

Ahora hablemos de la solución, la que he venido proponiendo por décadas, al menos para los diputados distritales, puesto que el listado nacional representa un pseudobicameralismo inútil, como lo he expuesto en otras ocasiones, por lo que los aspectos a resolver van más allá del método de elección. La fórmula es sencilla y la explico con el siguiente ejemplo. Supongamos que la población del país es de 16 millones de habitantes. Tomemos el número actual de 128 diputados distritales. La idea es tomar el total de la población y dividirlo dentro del número de diputados distritales a elegir, para determinar cuál debería ser la concentración de población que debería tener cada subdistrito. El cociente sería 125 mil habitantes. En ese sentido, el TSE, cuya integración deberá reformarse para gozar de verdadera autonomía política, deberá delimitar periódicamente cada subdistrito, en el sentido que contenga una concentración de habitantes de poco más o menos la dimensión del cociente. Basta con ver a los Estados Unidos para entender que este sistema, auténticamente uninominal, les da a los votantes mucho más poder de influencia y fiscalización sobre sus representantes, a diferencia de lo que sucede en Guatemala donde los diputados se deben al partido que los premia con una buena posición en el listado a cambio de su subordinación. Y reitero que, a mi criterio, el cual muchos que eran escépticos ya han aceptado, no hay incompatibilidad de la propuesta con el artículo 157 constitucional. Este establece que cada departamento constituye un distrito electoral y que el municipio de Guatemala constituye el distrito central. Asimismo, establece que por cada distrito debe haber al menos un diputado, lo cual evidentemente se respetaría con la propuesta. Pero lo más importante lo establece el cuarto punto del párrafo segundo del artículo, en cuanto dice que “la ley establece el número de diputados que correspondan a cada distrito en proporción a la población.” Evidentemente la propia Constitución deja que sea la Ley Electoral y de Partidos Políticos donde se desarrolle lo relativo al número de diputados y su forma de elección, tomando en cuenta el criterio de proporcionalidad. Por lo tanto, la propuesta es perfectamente congruente con la Constitución en el sentido que, primero, en la ley electoral se fija el número total de diputados distritales; segundo, en la ley electoral se fija el número de diputados por distrito y su forma de elección; y, tercero, se debe hacer tomando en cuenta un criterio de proporcionalidad, pero lógicamente con miras a mejorar la representatividad. Acá es donde se puede apreciar el valor de la propuesta, y lo hago basado en los mismos números del ejemplo. El departamento de Guatemala tiene 19 de 128 diputados distritales. Eso implica que tiene el 14.84% de la población, lo cual equivale a alrededor de 2,375,000 habitantes. Para que vea lo insensato de la ley actual y de las propuestas que se discuten en el congreso. Hoy, así como con la nueva propuesta, cada ciudadano emite un voto en un universo de 2,375,000 habitantes. Con la idea que propongo, la relación sería de un voto entre 125,000 habitantes. Por simple lógica se puede notar que la proporcionalidad se mejora sustancialmente; y no se diga la representatividad, gracias a una verdadera votación uninominal, a diferencia de seguir emitiendo uno voto dentro de listados incomprensibles de candidatos, hechos a conveniencia de los partidos. Si tan solo hubiera buenos diputados que lo entendieran.

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